
Roberto Fonseca es pianista y cubano. Es decir, viene de una tradición importante, que entre el criollismo salonero de Ernesto Lecuona y el filin de Bebo Valdés, se despliegan los nombres de Peruchín, Lilí Martínez y Chucho Valdés por ejemplo. O del legendario Rubén González, a quien Fonseca reemplazó en Buena Vista Social Club. Fonseca, habanero clase 1975, va a tocar en Buenos Aires. El viernes 16 a las 21 se presentará en La Trastienda (Balcarce 460), en un formato íntimo junto al percusionista Andrés Coayo, un compañero histórico de ruta con quien el pianista comparte un territorio ligado al universo de Buena Vista Social Club y en la banda de la cantante Omara Portuondo. Un dúo que promete momentos de tumbao e improvisación, en una noche que en el comienzo contará con la participación especial del quenista argentino radicado en Cuba Rodrigo Sosa, junto a su proyecto La Quenística.
Fonseca es uno de los pianistas más interesantes de la música afrocubana contemporánea. Portador de los arcanos de la era dorada del Buena Vista Social Club, el músico no se atrincheró en la nostalgia, sino que tomó ese legado clásico como plataforma para proyectarse hacia el jazz moderno, el funk y las texturas electrónicas. En sus manos, el piano funciona como un motor de percusión, una extensión del tambor que conjuga una técnica superior con una sensibilidad profunda, para trazar un paisaje en el que la “cubanía” dialoga con la memoria ritual y el trajín urbano.
En su discografía, desde Zamazu (2007) o Yo (2012) hasta Yesun (2019) o La gran diversión (2023), se refleja ese diálogo entre la tradición más pura y una vanguardia sin prejuicios. “Ese diálogo se construye desde el deseo de crear un ambiente sonoro con mucha presencia de cubanía, pero al mismo tiempo con una búsqueda de sonoridades internacionales que nos hacen viajar a una galaxia a la que solo la música nos puede llevar”, dice Fonseca en el inicio de la charla con Página/12. “Tradición y modernidad, ahí está el punto sensible, la combinación sonora perfecta. Ritmos tradicionales llenos de mucha síncopa y melodías directas al corazón son los ingredientes más importantes en mi creación musical”, continua el pianista cubano, varias veces nominado a los Grammy.
Ante esa tendencia de catalogar la música afrocubana desde la nostalgia o ubicarla entre el patrimonio del pasado, Fonseca reacciona con vehemencia. “La herencia ritual y folklórica de Cuba sigue siendo un lenguaje vivo. Esa sonoridad es parte de mi estilo. Siempre me he preocupado e interesado en que todo el que me escuche sienta a través de la música mis raíces, de dónde vengo, y también la necesidad de seguir incorporando elementos sonoros internacionales que aporten modernidad a los temas y al concierto”, sigue el pianista.
“En este sentido fue muy importante para mí la experiencia del Buena Vista Social Club. La primera lección que me dio fue esa: no importa cuán famoso o popular seas, nunca olvides de dónde vienes. Otra cosa muy importante que me reafirmó fue que, por simples que parezcan, hay temas que mientras menos notas tengan más difíciles son de tocar, por su carga emocional”, agrega Fonseca, que a la hora de mensurar las proporciones entre razón e instinto en su música no se preocupa demasiado: “Las matemáticas no son mi especialidad. La arquitectura formal es la estructura del tema, una parte de razón, digamos; el resto tiene que ver con dónde me lleve la espiritualidad”, dice.
-Has colaborado con artistas de horizontes muy diversos, desde Fatoumata Diawara hasta figuras del hip-hop y el jazz internacional ¿Qué buscás en un interlocutor musical cuando decidís cruzar fronteras estilísticas?
–La música es un idioma universal. Hay códigos rítmicos diferentes y melodías diversas. Mientras más información y variedad de ambientes sonoros domines, más libertad tendrás a la hora de expresarte mediante la música. Por eso siempre estaré interesado en hacer colaboraciones; para mí, la música no tiene límites ni barreras.
-¿Cómo ves el panorama actual de la música hecha por la nueva generación de músicos cubanos? ¿Sentís que hay una nueva dirección artística consolidándose?
–Hay jóvenes que aún creen en lo auténtico y en lo original. Eso me da un poco de tranquilidad en este mundo donde la IA está quitando terreno a los compositores e intérpretes reales. Siempre habrá tendencias nuevas y sonoridades nuevas; es la magia de la música.
–¿Notás diferencias entre la música cubana que se hace en la isla y la que se produce en la diáspora?
–Siempre habrá una pequeña diferencia. No son las mismas vivencias las de un músico dentro de Cuba que fuera de la isla. Y eso hace que la música suene en algún sentido de otra manera.
Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón