
«Ustedes están locos”.
La frase, aquella frase que ya tiene casi ocho años, puede marcarse como el inicio de todo. Sin embargo, esta historia tiene varios inicios y hoy, quizás, tenga su inevitable final. Porque esta noche, en el Monumental, no sólo se retira de la Selección un Lionel. También, de alguna forma, se se va una parte del otro. Se separan el capitán y el DT. Esa sociedad silenciosa e inmaculada que, sin dudas, será por siempre una de las más trascendentes del fútbol argentino todo. Messi dice adiós. Y Scaloni también será parte de esa despedida. “Ustedes están locos”.
Sí, la historia entre Scaloni y Messi empezó mucho antes de que uno se convirtiera en el entrenador que llevó al otro, el crack de todos los tiempos, a levantar la Copa del Mundo que el fútbol le debía. Empezó mucho antes de la Copa América 2021 que rompió la pared de Leo, de Fideo y de toda una generación golpeada. Empezó antes de la Finalissima, del bicampeonato de América en 2024 y de este subcampeonato del mundo en 2026 que nos emocionó a todos. Empezó antes de que la Scaloneta fuera la Scaloneta. Y antes de que ellos se conviertan en los Lioneles más preponderantes de la historia. De nuestra historia.
El primer capítulo puede localizarse en el 17 de agosto de 2005. Budapest. Hungría-argentina. El debut de la máxima joya argentina después de Maradona en la Selección Mayor. El Lionel de 18 años venía de ser campeón mundial en la Sub 20, en Países Bajos. El Lionel de 27 también lo había sido, en Malasia 97. Y el destino los encontró, ahí. En el inicio de la Era Messi. Fueron apenas unos segundos en cancha antes de aquella insólita expulsión del gigante chiquito de 1,70 que ya asombraba al mundo de la pelota, pero ese tiempo alcanzó para que las dos primeras pelotas que tocó Leo llegaran desde los pies de Scaloni. Incluso, el hoy DT fue uno de los que más protestó su roja inesperada. Ya había empezado a defenderlo.
Por entonces ya había conexión. Quizás Newell’s. Tal vez Rosario. O simplemente el destino mismo. Pero Scaloni entendió rápidamente que aquel crack timidón necesitaba sentirse parte. Y le dio charla. “Me quedaba hablando con ellos hasta tarde”, recordó años después el actual entrenador al referirse a las noches compartidas con Messi y Oscar Ustari. Y hasta contó un detalle que parece pequeño pero que empezó a marcar su rol de gestionador: hizo de intermediario con el cuerpo técnico para que Leo pudiera usar la camiseta número 19, que quería, durante aquella Copa del Mundo.
Alemania 2006, de la mano de Pekerman, el DT que también los unió, dejó una de esas imágenes que, con el paso del tiempo, adquirieren otro significado. Después de que Messi marcara ante Serbia y Montenegro su primer gol en un Mundial, mientras el equipo regresaba a los vestuarios, Scaloni apareció por detrás, le dio una patada y terminó abrazándolo. Era el veterano que acompañaba al juvenil, que no sólo lo apoyaba sino que lo descontracturaba. El que trataba como normal a un extraterreste de la pelota. Como luego haría como DT. Sin embargo, todavía nadie podía imaginar que, 12 años más tarde, aquellos dos Lionel volverían a compartir una Selección con una relación superadora, de las más exitosas que se recuerden.
“Ustedes están locos”.
Otro Mundial, Rusia 2018, fue el punto de quiebre. El antes y el después. Messi acababa de atravesar otro golpe con Argentina: eliminación en octavos ante Francia, una nueva ilusión que se escapaba y una sensación de incertidumbre alrededor de su futuro. Ahora sí, era el agujero negro. Ahora sí se despedía gran parte de una generación que lo había intentado todo pero que se había dado una y otra vez la cabeza contra la pared. Esa situación de final de todo también encontró a los dos Lioneles juntos aunque en distintos roles. Scaloni había entrado en el cuerpo técnico de la Selección como ayudante de Sampaoli. Pero desde un rol más secundario. Ese que lo dejó en la AFA a pesar de que el DT principal se fue tras el fracaso ruso.
De hecho, dos meses después, Scaloni recibió la responsabilidad de hacerse cargo del seleccionado de manera interina. Estaba dirigiendo a la Sub 20 en L’alcudia cuando entendió que antes de pensar en los primeros amistosos había una pregunta mucho más importante que esta vez debía resolver: ¿qué iba a pasar con Messi?
“Ahí fue que, desde Valencia, lo llamamos con Pablo (Aimar) para decirle que íbamos a asumir interinamente. Era el capitán de la Selección con Masche (Javier Mascherano). Y tocaba que se enterara por boca nuestra”, le contó Scaloni a Olé. La respuesta de Leo, según relató el propio entrenador, fue entre sorpresa y humor: “Ustedes están locos”, les dijo Leo. Y fue el inicio de todo. De todo lo bueno. “Queremos que disfrutes”
Ya no estaban locos. Estaban a cargo. Cuando Scaloni y su cuerpo técnico fueron confirmados en la Selección, volvieron a llamarlo. Se venía la Copa América 2019 en Brasil, la primera competencia en serio que probaría de qué estaba hecho el Lionel DT, mirado de reojo por su escasa experiencia. Y ahí llegó la propuesta, extraña, diferente. “Vamos a convocar a muchos jugadores nuevos, pero queremos que vos te sumes para que disfrutes”, fue el mensaje que Scaloni le transmitió. La decisión final fue de Messi. Y llegó el sí más esperado.
Ya no eran compañeros. Ni jugador ni asistente técnico. Eran DT y capitán. Pero el entrenador tenía un plan. Entendió que había que recuperar al 10 y, al mismo tiempo, construir una nueva Selección alrededor suyo de una manera diferente. Que el equipo no jugara para Messi, sino que Messi jugara para el equipo. “Queremos que disfrutes”
Ahí apareció otra de las claves de la relación. Scaloni no quiso construir una Selección que girara alrededor del 10 entendido como una excepción permanente. Al contrario. “Siempre hay que tratarlo como al resto de sus compañeros”, fue su máxima.
Y resultó. Con Scaloni, Messi siguió siendo Messi, pero dentro de un equipo. Lionel DT construyó alrededor del 10 un grupo en el que aparecieron nuevos referentes, jóvenes que dejaron de mirar al capitán como una figura inalcanzable (De Paul, Paredes, Lo Celso fueron más compinches que compañeros) y jugadores que terminaron formando parte de una generación campeona. Lo bajaron del póster intocable para convertirlo en uno más. Y el vínculo entre los Lioneles mutó: pasó de la cercanía personal a una de las duplas más exitosas de todos los tiempos. Los resultados, la gloria misma, hicieron el resto.
Del 2005 al 2026 pasaron más que 21 años para ellos. Pasó una película inolvidable, única, quizás irrepetible. No, no estaban locos. Y vaya si disfrutaron…
Sergio Maffei/Edición Impresa de Olé
MG Radio 24 Villa Pueyrredón