
«Vamo’ a traer la Copa a la Argentina, la Copa que perdieron…». El canto de cierre de la noche en la que Boca goleó 3 a 0 a Unión en la Bombonera por el Torneo Clausura fue con dedicatoria especial y también pensando en la Sudamericana. Aunque justo minutos después de haberle descontado dos puntos a Independiente Rivadavia -para ponerse a tiro de la punta en la tabla anual- y de ubicarse bien lejos de la parte baja de su zona, y todo a días de su clasificación a las semis de la Copa Argentina. La escena -que describe la preferencia internacional de su gente- es también descriptiva del momento del equipo del Vasco Arruabarrena, vivo en todos los frentes y ya a esta altura candidato principal a quedarse con varios lauros antes de fin de año.
La paradoja del anterior partido ante los santafesinos en la Bombonera (también en un viernes por la noche, en julio de 2025 y en un empate agónico que consiguió aquel equipo de Miguel Ángel Russo), es la diferencia entre un punto y otro de la línea de tiempo y el hilo conductor que los une. Y en ambos casos se resume a un solo nombre: Leandro Paredes. Aquella vez el capitán hacía su redebut en el club de sus amores tras 11 años. Y en el puñado de minutos que jugó, elevó un tiro libre agónico para el empate conseguido con un cabezazo del mismo Lautaro Di Lollo que esta vez abrió el marcador de la noche. Oh, casualidad, tras un centro del capitán.
Pero esto no se trata de casualidades, sino de entender parte de la evolución de este Boca que pisa fuerte en serio y que tiene en su mediocampo (y aledaños) la usina generadora de un fútbol que pocos pueden alcanzar en el plano local en estos tiempos. Y el logro tiene que ver con Paredes, sí, pero también con lo que se fue armando a su alrededor, producto de su contagio en ganas y en la cualidad que tiene el conjunto del Vasco de saber progresar jugando a un toque y en todos los sectores de la cancha.
Así de general, la radiografía explica más el momento que la victoria ante el Tatengue, que quedó reducido a esperar el error, con aproximaciones, sí. Porque Boca tampoco es un equipo sin fisuras y permitió que Nacho Malcorra tenga sus oportunidades aunque sin brillo y sin que ni Luna Diale ni Tarragona pudieran preocupar. Aunque esta vez Unión no mostró mucho de las graníticas y utilitarias formaciones habituales de un conjunto de Madelón. En parte, porque -más allá de la ineficacia- Boca pareció encontrar siempre un pase más para entrar y generar peligro.
El partido pudo haberse abierto con un centro de Sebastián Villa que no llegó a conectar Miguel Merentiel, o con el cabezazo defectuoso de Alan Velasco tras otro buen centro desde la derecha, pero en ese caso de Leandro Lozano. Recién a los 22, y con el salto en alto de su primer marcador central, la noche se encaminó.
Y lo hizo sin necesitar demasiado más, porque el sello de este Boca es ser un equipo confiable más allá de si tiene o no la diferencia explícita en el marcador. Lo demostró -aunque con mucho riesgo- en cómo se tomó la desventaja de dos goles el domingo pasado en Rosario. Y lo ratifica con partidos como el que supo administrar en esta vuelta a su cancha después de tres semanas de jugar seguido y siempre como visitante.
A ese 1-0 que se quedaba corto y hasta le ponía suspenso al festejo final se le sumó la frutilla del postre, que fue Leonel Flores, su joven maravilla recién llegado de su explosión con la Selección Argentina y quien pudo festejar (y por duplicado) por primera vez en el Templo. Por su efectividad el partido fue la goleada anunciada. Y entonces ya la cancha se vistió de fiesta. Con la dedicatoria de siempre, en el segundo partido que Boca jugó en fecha FIFA completando su calendario sin pendientes. Y mirando hacia adelante con múltiples opciones de festejo… y con mucha confianza en tener un final feliz. O varios…
Gonzalo Suli/Edición Impresa de Olé/ole.com.ar

Independiente recibió un mazazo. Fue goleado en su propia casa por Instituto, que se confirmó en el liderazgo de su zona y crece en la tabla anual. El equipo cordobés se floreó en Avellaneda y dejó el Libertadores de América-Ricardo Bochini hecho un hervidero porque, aunque el estadio no estuvo colmado, la gente se hizo escuchar: tras el pitazo final de Hernán Mastrángelo, la silbatina fue notable.
De un contragolpe rápido y coreográfico, Instituto consiguió abrir el marcador en su primera llegada al arco de Rodrigo Rey. Atacaba Independiente, pero Leonel Mosevich alcanzó a puntear una pelota para quitarle el dominio al Rojo y Matías Gallardo le puso un pase en profundidad magnífico a Matías Tissera, que desbordó por derecha y sacó el centro atrás para Jeremías Lázaro, que controló y sacó el remate que se desvió en el pie izquierdo de Juan Fedorco y entró.
Con esa simpleza y practicidad para salir del rol defensivo y volverse ofensivo, el equipo de Diego Flores se encumbraba rápido en lo alto de las posiciones. Sin embargo, los de Jadson Viera no tardaron en reaccionar. Apenas unos minutos después, alcanzaron a empatar con un golazo de Maximiliano Meza, que picó al vacío sin pelota para recibir el pase y definir con un remate cruzado soberbio. Pero hubo que esperar para la confirmación.
El tanto fue confirmado por el VAR y el partido se encendió… para mal. Porque se sucedieron los roces inútiles que le dieron lugar a las tarjetas. Meza se ganó la primera por discutir con el arquero Marcos Ledesma. Esa amarilla lo condenó porque antes del cierre de la primera parte barrió de atrás a Tissera y le mostraron la segunda.
El Rojo terminó la primera parte con 10 jugadores y pasó a jugar el complemento con un esquema de emergencia: un 4-4-1 que le permitió al equipo del Traductor imponer las condiciones de juego. Si en el 11 contra 11 La Gloria había tenido algo más de protagonismo, ahora, con más espacio, le resultaba muy fácil quedar mano a mano ante Rey. Así consiguió el desequilibrio a los 5 del reinicio, otra vez, con toques sencillos. Esta vez, por la derecha, Diego Sosa mandó el pase al medio del área, donde Lázaro conectó de primera y, tras un rebote, Hernán De la Fuente entró por la izquierda y sacó un remate contundente que no encontró oposición.
Con el 2 a 1 en su favor, Instituto jugó como si Avellaneda fuese su casa. Independiente hizo lo que pudo, pero fue incapaz de torcer el resultado y puso todo su esmero en intentar que La Gloria no aumentara su ventaja. Y no lo logró porque, en la primera que Matías Gallardo (hijo del Muñeco) se soltó sin marca, sacó un remate desde afuera del área que clavó debajo del ángulo izquierdo.
Independiente estaba malherido y al partido le faltaba mucho. Tanto que, aunque Instituto tuvo un pasaje replegado por el ímpetu de Independiente, volvió a soltarse con un contragolpe para meter el cuarto, el golpe de gracia, que terminó de encender el malhumor de los hinchas porque el tanto fue de un ex: Alex Luna. El delantero recibió un pase de Lázaro y corrió hasta meterse en el área para definir ante la salida de Rey.
Al dueño de casa lo único que le quedaba era aguantar hasta que terminara el partido. No tenía chance de torcer la historia y se concentró en buscar al menos el descuento y procurar que no le metieran otro. Si Instituto no metió el quinto fue porque entendió que estaba liquidado y no arriesgó más. Cuidó la pelota, volvió a llegar ante Rey, pero sin la efectividad del resto del partido.
El Rojo está en la zona de clasificación de su grupo, pero difícilmente se sostenga cuando se complete la fecha. Ante Instituto también tenía la oportunidad de meterse en la zona de clasificación a las copas por la tabla anual, pero se quedó afuera. Viera, que había entusiasmado con los resultados conseguidos, se quedó sin argumentos en un partido clave.
Clarín-Deportes
OTRO RESULTADO
Independiente Rivadavia 1 – Gimnasia (La Plata) 1
MG Radio 24 Villa Pueyrredón