
Brenda en su trabajo hace de todo: atiende el teléfono, busca el café, resuelve lo que nadie quiere resolver. Y casi nadie recuerda su nombre. También hace esas tareas invisibles que sostienen las tareas de los demás. ¿Pero cuánto hay que soportar para ganarse un lugar? Derecho de piso, el musical con dramaturgia y dirección de Ian Shifres y Ana Schimelman, vuelve a esa pregunta dos años después de su estreno. Ganadora de siete Premios Hugo 2025 (entre ellos Mejor Musical Off), se reestrena este jueves 19 en la Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037) en un contexto laboral todavía más precarizado que cuando nació.
Producida por la Compañía Teatro Futuro, la obra cuenta con las actuaciones de Victoria Baldomir, Gerardo Chendo, Vero Gerez, Nicolás Martin y Guadalupe Otheguy y no busca reivindicar el sacrificio como camino. Al contrario, cuestiona esa idea instalada de que el sufrimiento es el precio inevitable del éxito. “Creo que la obra dialoga del mismo modo pero más drásticamente”, dice Schimelman. En estos dos años, señala, “las condiciones de trabajo en el rubro artístico y cultural (y en tantos otros también, como educación, salud y ciencia) empeoraron muchísimo. Y las condiciones materiales afectan también las relaciones de trabajo, que es uno de los temas de los que habla la obra”.
El planteo, sin embargo, no queda encerrado en el mundo del teatro. Para Shifres, aunque Derecho de piso transcurre en un ámbito artístico, las dinámicas que muestra pueden reconocerse en muchos otros trabajos. “En general todos fuimos ‘Brenda’ de alguien en diversas situaciones laborales”, expresa.
Desde el humor, la exageración y el lenguaje del musical, la obra vuelve entonces sobre una pregunta bastante concreta: qué significa trabajar, crecer y construir un lugar sin aceptar que el maltrato, la invisibilidad o la precarización sean el precio inevitable de llegar.
-La obra habla de un trabajo invisibilizado, pero también de una lógica donde muchas veces se espera que los más jóvenes hagan de todo para ganarse un lugar. ¿Qué les interesaba discutir de esa dinámica?
Ana Schimelman: -Que no es necesario. Que no hay que padecer para después disfrutar. Por supuesto que hay que formarse, trabajar, ser responsables, respetuosos y aprender de quienes llevan más tiempo en el asunto. Pero la idea de sufrir para luego brillar me resulta antigua y bastante injusta. Porque una vez que una “crece” laboral o en edad y ya no tiene que pagar ese costo, automáticamente viene otra. Y me parece que la gracia está en hacer el trabajo de subir todes la vara, darnos más lugar, abrir nuestro registro, preguntar más. No ser la Brenda de nadie y no hacer de nadie nuestra Brenda. Esto no quiere decir que pueda haber roles y jerarquías en el trabajo; el tema es ser conscientes y responsables de ellas.
-La obra elige el humor y el musical en lugar de la denuncia. ¿Por qué les interesó ese camino?
Ian Shifres: -Siempre nos interesa primero, como autores, trabajar desde la ficción y desde contar una historia. Pensar la propuesta estética y ficcional por encima de una potencial bajada de línea o posicionamiento político. Luego, obviamente, esos posicionamientos siempre están y son el trasfondo de lo que uno hace, pero nunca la intención es ponerlos por encima, en desmedro de la historia que queremos contar.
-En el teatro independiente muchas veces el trabajo se sostiene por compromiso, vocación o militancia cultural. ¿Cómo evitar que esa pasión termine justificando formas de precarización?
I. S.: -Generando cooperativas donde todos nos involucramos y nos respetamos tiempos y esfuerzos de la misma manera. No es necesario que toda experiencia artística sea laboral en términos de remuneración económica, pero sí es necesario que entonces todas las personas involucradas nos podamos sentir parte de la misma manera del proyecto, tanto en términos de remuneración económica como de pertenencia. En cuanto uno empieza a sentir que utilizan tus ganas de pertenecer, tu pasión o tu energía para que los laureles se los lleven otros, ahí es donde se vuelve un trabajo precarizado más del montón.
-¿Cómo dialoga la obra con un contexto donde cada vez es más difícil vivir del trabajo artístico?
A. S.: -Creo que en tiempos donde las condiciones materiales del trabajo se vuelven más precarias, hay que tener aún más cuidado en que eso no se cuele en las relaciones laborales. Porque vivir del trabajo artístico está asociado a lo económico, claramente, pero quienes hacemos teatro también necesitamos que otros elementos circulen más allá del dinero para mantenernos con vida. Una cosa no suplanta la otra y todo es necesario e importante, pero el sentido de pertenencia en relación a un proyecto, la unidad de un grupo, el sostén entre los compañeros pesa tanto o más que la recaudación.
- Derecho de piso puede verse todos los jueves a las 21 en la Sala Caras y Caretas, Sarmiento 2037 (CABA). Entradas disponibles en Alternativa Teatral.
Josefina Frega/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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