Paula Pareto, a diez años de ser la primera mujer Oro Olímpico de Argentina

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Era un hermoso día de sol en Leblon el del sábado 30 de julio de 2016. Mate y termo en mano, en chancletas, con la remera de la delegación argentina y el pantalón largo negro apoyado en la arena de la playa, Paula Belén Pareto miraba las olas del Atlántico. Cada tanto los anteojos negros protegían sus ojos claros con una leve conjuntivitis. A su derecha lucía imponente el Penhasco Dois Irmãos. Era el escenario ideal para “el reposo de la guerrera”, como título Clarín aquella charla con este periodista, enviado especial a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

-¿Por qué luchás, Paula?

-Porque me gusta y creo que lo hago bastante bien para sobrevivir, je.

Ese “bastante bien” le había permitido a la judoca ser bronce olímpico en Beijing 2008, quinta en Londres 2012 y vigente campeona mundial. Una semana después de aquellos amargos en tierra carioca, Paula se subió a lo alto del podio en la Arena Carioca 2. Primera campeona olímpica en la historia del deporte nacional. Primera argentina en ganar dos medallas olímpicas en una disciplina individual. Sucedió el sábado 6 de agosto de 2016. Pasaron 10 años y su gesta deportiva merece ser recordada con flashbacks constantes de la protagonista y del testigo de la historia.

Paula había arribado a la Cidade Maravilhosa el lunes 25 de julio junto a Laura Martinel, su entrenadora, y a Oritia González, su sparring. Se alojaron en un hotel cercano al tatami donde se entrenaría. En Leblon contaba sus otros recursos: “En los viajes leo o dibujo. Siempre elijo algo distinto para desconectarme. Ahora me vine con unos mandalas y unos lápices que me compró mi mamá”.

El martes 2 de agosto entró a la Villa Olímpica, a pocos kilómetros del Parque Olímpico levantado en las tierras del mítico circuito de Jacarepaguá. Sabía que no iba a poder desfilar en otra ceremonia inaugural, porque su competencia era el día posterior. Tenía el objetivo claro. “No tengo ninguna presión, porque el judo no es un deporte de marca y puede ganar y perder cualquiera. Me puedo basar en mis resultados y sería genial, pero arranco todas las competencias de cero y me enfoco en lo que hay que hacer”, le decía a este periodista.

Diez años después, la doctora Pareto apenas tiene tiempo entre sus mil y una actividades, pero se prende sobre la chicharra en el pedido de recordar imágenes y anécdotas que no puede olvidar en su camino hacia la medalla de oro.

“En la previa sentía unos nervios extraños. Ansiedad. Quería concentrarme en lo mío, en hacer las cosas bien, sabiendo que los mínimos detalles contaban -rememora ante el pedido de su interlocutor-. El día anterior a competir me levanté con fiebre, lo que habla del nivel de estrés que manejaba de manera inconsciente. Pasó. Y el día de la competencia me levanté con el alma con una paz que me resultó rara”.

Sábado 6 de agosto. Arena Carioca 2. Bien temprano llegaron las judocas de la categoría de hasta 48 kilos. “Antes de la primera lucha, un problema con el judogi desencadenó un estresazo que terminó siendo beneficioso para revolucionar mi parte hormonal y estar más activa. Me dieron más ganas de ganar y todo fue fluyendo lucha a lucha, enfocada en lo mío”, relata.

A la rusa Irina Dolgova le ganó por ippon a 40 segundos del final y a la húngara Eva Csernovickzki, con un waza-ari también conseguido 40 segundos antes del cierre. Era semifinalista y le tocaría nada menos que Ami Kondo -de Japón, la cuna del judo-, quien le había ganado en la final del Mundial 2014. A los 27 segundos, Pareto logró un waza-ari. Y luego la parió, sobre todo cuando una toma de la japonesa la hizo dar vuelta en el aire. Su técnica magistral le permitió girar a tiempo para caer con los pies y no con la espalda. Sonó el gong digital.

Paula Pareto era medallista olímpica y las lágrimas caían sobre la credencial del periodista.

La surcoreana Bokyeong Jeong esperaba en la final. Plata u oro. La Peque fue como una tromba, pero pronto sufrió un corte en el labio.

“Parece increíble, pero el golpe que recibí sin querer a los dos minutos me despertó, porque algo me estaba parando”, admite hoy. Y así fue, porque logró el waza-ari decisivo para la victoria. Habían pasado pocos minutos de las 17 y era la primera argentina campeona olímpica. “Sos leyenda”, le repetía Martinel cuando ella estaba apretándola con un abrazo de koala.

“Superó todos mis sueños poder festejar con mi familia y equipo. Ese aura fue espectacular”, reconoce. Y la mente vuela diez años atrás. Paula en el podio, sin contener el llanto cuando escuchaba el himno. Historia pura.

La recibieron a pleno en el edificio de la delegación argentina: Las Panteras del vóleibol la revolearon por el aire como si fuera su fiesta de 15 y las integrantes de La Garra del handball le dejaron una nota por debajo de la puerta.

“Volvimos a la Villa Olímpica después de haber ido de un lado para el otro por los festejos -cuenta hoy. Nos acostamos muy tarde, pero a las 3 de la mañana no pude dormir más. Tenía los ojos abiertos y pensaba que había dormido un montón. Lo raro es que no me dolía nada. Con Ori fuimos a despertar a Laura… y ya estaba despierta, je. Aprovechamos que el comedor de la Villa abre durante las 24 horas. Estábamos en una nube. Seguíamos en modo sueño eterno. Era una revolución de felicidad”.

Domingo 7 de agosto de 2016. Es media mañana en la Villa Olímpica. La actividad deportiva arde en la segunda jornada a pleno en los Juegos. A la hora señalada, casi sin testigos, Paula Pareto llega a la cita con este periodista. “Cada vez que pienso que soy campeona olímpica, me emociono”, será el título de la entrevista. Y surgirá la pregunta: ¿y ahora qué?.

Ya se había recibido de médica en la Universidad de Buenos Aires, pero le quedaba su especialización. “Este es el momento de la medicina -dijo entonces-. No pienso qué pasará con mi futuro, porque es muy difícil dejar de competir y estar en el deporte”.

Menos mal que entonces no pensó en su futuro, porque en esta década construyó un camino inmenso. Es especialista en Ortopedia y Traumatología. Da charlas en eventos y empresas. Sus rutinas físicas contagian en sus redes sociales. Inauguró su local “Pareto Gluten Free” en San Fernando (@pareto.gf) como emprendedora. Es cabeza visible, pero más aún trabaja en silencio, en infinidad de proyectos solidarios.

La atleta argentina número uno de este siglo dejó de competir después de Tokio 2020. Tuvo el honor de ser uno de los seis portadores de la bandera olímpica en la ceremonia inaugural de París 2024. Es parte activa del Comité Olímpico Argentino: médica en delegaciones, integrante de la Comisión de Atletas y, desde 2025, vicepresidenta. Ah, es uno de los 104 miembros del Comité Olímpico Internacional desde julio de 2024. Obviamente, la primera argentina.

A una década del oro olímpico en Río de Janeiro, cuando parece que ya se emocionó lo suficiente, de repente la memoria le devuelve un recuerdo que comparte con el testigo de su consagración: “¿Te acordás que te dije que dormí poco después del oro? Bueno, lo primero que hice al despertarme fue abrir el cajón de la mesita de luz y ver si estaba la medalla. Y estaba”.

Hernán Sartori/Clarín-Deportes

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