
1986 es considerado el año definitorio del rock argentino. No sólo porque fue en el que más discos se publicaron durante los 80, sino también porque legó algunas de las obras cumbre de la música popular contemporánea local. Repartidas entre títulos consagratorios, álbumes debuts y vinilos que obligaron a la renovación estética y estilística de una tradición que parecía infranqueable. Con el post punk haciendo las veces de gran usina rupturista y la modernidad delineando a una generación. Nada volvió a ser igual a partir de aquel momento, al punto de que ese imaginario continúa pululando fuerte en el inconsciente colectivo nacional. A veces, con mirada nostálgica, y, en otras ocasiones, como una fuente de consulta que todavía sigue sorprendiendo.
A lo largo de esos 12 meses, a manera de mostrario, vieron la luz Signos, de Soda Stereo; Oktubre, de los Redondos; VII, de Riff; Contrarreloj, de Los Enanitos Verdes; Llegando los monos, de Sumo, Fuera de sektor, de Los Violadores; y Celeste y la generación, de Celeste Carballo. También se editaron Tango, del tándem conformado por Charly García y Pedro Aznar; La la la, firmado por Luis Alberto Spinetta y Fito Páez; y De Ushuaia a La Quiaca, de León Gieco. Sin embargo, en medio de todo ese caudal, aparecieron discos que gracias al paso del tiempo se volvieron fundamentales. Tal fue el caso de Consumación o consumo, de Fricción; Viaje al más acá, de Metrópoli; Silencio, de Los Encargados; o Sentidos congelados, de La Sobrecarga.
Este último segmento fue homenajeado el pasado fin de semana en el Auditorio Nacional del CCK, a través del espectáculo Rock nacional: El lado velado de los 80. El músico y productor Juanito El Cantor estuvo a cargo de la curaduría musical, que, si bien puso el foco en 1986, igualmente invocó otros éxitos tardíos de esa década. Dueño de una carrera que tiene un pie en el pop y otro en un sonido más de raigambre, el artista de la zona oeste del Gran Buenos Aires asumió asimismo la dirección musical del evento, con él al frente de una de las guitarras. Además, armó una banda base que nunca se salió del libreto, respetando prácticamente los arreglos originales, y convocando a cuatro cantantes que fueron alternando a lo largo de la hora de show.
Si en la función del sábado reinaba la tensa calma, a raíz del partido que protagonizó la Scaloneta más tarde versus Suiza (en el corolario de los cuartos de final de la Copa del Mundo), lo que pasó el domingo funcionó como broncodilatador ante tanta pasión futbolera. De hecho, a pocos minutos de arrancar las presentaciones, un chico, que había ido con su padre el día anterior, le contaba a su amigo, sin ánimo de espoilear, lo entusiasmado que lo dejó la propuesta del evento. No exageró. Al igual que él, buena parte del público que asistió estuvo constituido por una masa joven que la única chance que tenía para disfrutar en vivo de ese periodo era mediante este tipo de activaciones. Y es que estos héroes de ese rock argentino están en extinción, de lo que puede dar fe la reciente muerte de Daniel Melingo.
Luego de que los músicos salieran a escena, se escuchó en medio del silencio ese arpegio salvaje que introduce a una de las canciones emblemas del post punk de habla hispana: “Perdiendo el contacto”. Incluida en Consumación o consumo, primer álbum de Fricción. Aunque la banda estable fue meticulosamente respetuosa, se sintió la ausencia del saxo del Gonzo Palacios. Mientras que el cantante de turno, Florencio Finkel, se tomó la licencia de mechar en el final “La rubia tarada”, de Sumo. Siguió Paula Maffia haciendo uso de su prodigiosa voz para revisitar “Amo lo extraño”, tema clave en la carrera de Fabiana Cantilo. Y de esa oda al pop barroco pasaron a un hit del synth pop patrio, “Orbitando”, de Los Encargados, para el que aportó su voz Mariano Di Césare, paladín del indie pop argentino.
Ese arquetipo de la canción pop perfecta, patentada por el otrora grupo de Daniel Melero, fue grabado con una caja de ritmos, por lo que el baterista Juan Martín Tesone le dio una impronta orgánica. Lo secundó el himno “Héroes anónimos”, de Metrópoli, cuya reunión en octubre último estuvo entre los hitos de 2025. Y vaya que es complejo igualar el rango vocal de Isabel de Sebastián, pero Maca Mona Mu estuvo a la altura de la circunstancia. Volvió Finkel, aunque para hacer esta vez una de Rubén Goldín, “Una fiesta permanente”; y lo escoltó Paula Maffía con uno de los aciertos del repertorio elegido: “El sueño no se terminó”, de Sissi Hansen. Para luego conjurar a otra icono del punk argentino, la mítica Diana Nylon, de la mano de “Disconforme”, que abre El ciudadano, su único disco.
Maca Mona Mu esperó en el tablado a Finkel para cantar a dos voces “Animal de cuevas”, de Clap: banda tan de culto como apreciada. Sobre todo porque fue el antecedente de La Portuaria. Del tornasol de ese post punk pegaron el volantazo hacia la oscuridad pop de “Dicha feliz”, temazo de Virus en el que reincidió el cantante y bajista. Si bajaron un cambio con una adaptación medio blusera de “Se metieron con todo”, de Sandra Mihanovich, que tuvo de vuelta a Maca Mona Mu en escena; la intensidad subió nuevamente con el gótico “Matando sueños”, de los todavía en actividad Euroshima, reivindicados en el micrófono por Paula Maffia. Ella se quedó para hacer el punk “Mundo de hoy”, de Rigidez Cadavérica, y en medio de su ejecución la acompañó Mariano Di Césare.
Al líder de Mi Amigo Invencible le tocó la difícil tarea de interpretar dos clásicos. No sólo de los ochenta, sino de todos los tiempos: “Ella vendrá”, de Don Cornelio y la Zona, y “Barbazul versus el amor letal”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Si bien hoy forman parte de la banda de sonido del argentino, cuando salieron eran cosa del nicho. Por eso se ajustaban al concepto del show. Entre uno y otro, reapareció Finkel para cantar “En la fuente de la unión”, de Los Abuelos de la Nada. Juanito El Cantor había presentado a sus músicos, respetando el protocolo de la despedida. Pero nadie se quería ir. Y tras la insistencia del público, repitieron “Héroes anónimos”, mientras el arte del disco, proyectado en el fondo del lugar, evocaba una época en la que rouge y la oscuridad eran la tendencia.
Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón