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Torrente Presidente, de Santiago Segura, la nueva aparicición del policía más derechista del cine español

Torrente Presidente, de Santiago Segura, la nueva aparicición del policía más derechista del cine español

Ceremonia de los Premios Goya de 1999. Con poco más de treinta años, Santiago Segura sube al escenario para agradecer el premio a Mejor Dirección Novel obtenido por la muy exitosa Torrente, el brazo tonto de la ley. Allí había encarnado al policía del título, una suerte de conglomerado de lo peor de la idiosincrasia española, el que probablemente sea el personaje más xenófobo, sucio, misógino, homofóbico y recalcitrantemente derechista del cine ibérico. Ante el micrófono, el joven Segura pide a los niños, medio en broma, pero también medio en serio, que por favor no se parezcan a su criatura ficcional. Casi tres décadas después, está claro que no le han hecho mucho caso.

“No me escucharon. Parece que prediqué en el desierto y los Torrentitos han crecido para ser grandes Torrentes”, dice ahora Segura, que como antídoto propone lo que mejor sabe hacer: “Es muy triste, pero es lo que hay, así que sigamos riéndonos de ellos, por lo menos en la pantalla del cine”. Con esa idea en la cabeza es que el madrileño volvió al ruedo para despacharse con la recientemente estrenada Torrente presidente, sexta entrega de una saga más viva que nunca y en la que le imagina al otrora reputado policía devenido en lumpen una meteórica carrera rumbo al máximo cargo ejecutivo de su país. Un recorrido del que se desprenderá una descarnada visión de una política contemporánea donde lo circense se ha vuelto norma, tal como dirá Segura líneas abajo.

Más que deformar la realidad, lo suyo es capturarla y empujarla un poco más allá, hasta una zona donde la parodia podría pasar por registro de lo real. De allí, entonces, que defina a la película que lo tiene como protagonista, guionista y director como “un documental tibio, porque intenta que no te deprimas demasiado y que te rías de una cosa tan triste como el mundo de la política”.

No es muy difícil adivinar en quién se inspiró para crear personajes como Jacobo Carrascal, del partido Nox, o Idoia Mantero, del PSAE, figuras que funcionan como reflejos apenas caricaturizados de una escena política cada vez más inclinada al espectáculo. Son miembros del primero los que, mientras están en un bar, se cruzan con Torrente hablando ante la fauna de descastados que tiene por amigos. Es, piensan, un “hombre común” que materializa la españolidad promedio y tiene buena oratoria, por lo que le ofrecen participar de un acto.

A partir de ahí, la película traza un ascenso absurdo -pero no por eso inverosímil- en el que Torrente se irá valiendo de su lengua filosa para subir peldaño a peldaño en la carrera presidencial. Mientras tanto, despertará temores en los políticos tradicionales, incapaces de competir con su brutal falta de filtros y su eficacia para conectar con un electorado harto de casi todo.

“Soy un reincidente, una persona que vuelve al lugar del crimen”, cuenta Segura sobre las razones del regreso de su personaje doce años después de la película anterior, Torrente 5: Operación Eurovegas, y sigue: “Yo creo que fue también la insistencia del público, porque los fans de Torrente me preguntaban si no va a haber otra. Y también, claro, mi corazoncito cinéfilo. Cuando me enteré de que Peter Sellers murió mientras estaba escribiendo con Blake Edwards El romance de la Pantera Rosa, yo sufrí porque nos quedamos sin esa película. A veces nos cuesta que desaparezca un personaje de ficción. Y luego estaba esta cosa que me decían sobre que Torrente no se podría hacer en el mundo de hoy. Y yo pensaba: “Pero si es ficción, ¿por qué no se va a poder hacer?” Todo eso hizo que me preguntara por qué no hacer Torrente Presidente”.

-¿Qué te interesaba del mundo de la política?

-Me parecía un marco muy adecuado para una persona vil y despreciable como Torrente. Quería reflexionar hasta qué punto alguien abyecto podía escalar puestos dentro del organigrama de un partido hasta llegar a algún puesto de relevancia. Era lucubrar y fantasear sobre si sería posible y hacer comedia con eso.

-La película es igual de incisiva con la izquierda y con la derecha y va mucho más allá de un nombre propio….

-La idea era esa, no sé si lo he conseguido o no. No quería que nadie del público se sintiera mal nadie por su ideología, sino que viera que era una especie de rapapolvo a la política en general. Creo que la política ha conseguido deshumanizar a la gente, algo que me parece ridículo porque tendría que ser al revés y ayudar a humanizar. Enemistarnos, polarizarnos, enquistar la rivalidad….me parece pésimo, no creo que sea positivo para la sociedad.

-Hay políticos que podrían ser personajes de un programa cómico, ¿no?

-Creo que, en la política, como en todo el mundo, hoy hay un rollo más circense, más de show, por el que todo se trata de mostrar. Las redes sociales deberían estar al margen de la política, pero las han abrazado y aceptado con toda naturalidad. La política debería ser un ejemplo y no un reflejo de lo peor de la sociedad.

-La película tiene un cameo de un Javier Milei ficticio. ¿Creés que es un personaje que, por sus características, resulta fácil de satirizar?

-No sé si es fácil, pero sí que es satirizable. Milei es un personaje excesivo, todo es grande en él, es un tipo muy vehemente, así que creo que da para la caricatura.

-Tanto él como otros políticos de ese estilo suelen utilizan el humor, a veces de forma muy agresiva o irrespetuosa, como recurso. ¿De alguna forma corren los límites del humor?

-Nunca he estado muy de acuerdo con que haya límites en la ficción, pero en la realidad sí creo que deberíamos intentar humanizar las relaciones. Si sé que te voy a ofender por unas risas, pues intento no hacerlo. Creo que la sociedad ha ido mejorando poco a poco en ese aspecto: intentamos no herir al de lado, somos más susceptibles de cuidar a las minorías y no hacerlas sentir excluidas, la búsqueda de igualdad… todo eso hace que la sociedad mejore. Pero en la ficción no debería aplicarse. Pongo un ejemplo: la Dirección General de Tráfico prohíbe que en las películas te subas a una moto sin casco o a un coche sin cinturón. Entonces, claro, si un atracador sale de un banco, agarra un coche y no se pone cinturón, te pueden hacer un expediente. Eso no tiene sentido, o sea, en la vida sí, pero acá no. ¿Por qué en las películas tenemos que aplicar leyes restrictivas, si lo que estamos haciendo es una ficción?

-Parece una cuestión de sentido común pensar que las películas son ficciones…

-Tú haces una película de un asesino en serie y ya te miran raro. O sea, quiero decir que esto no es nuevo, pasa desde el principio del cine y la televisión. Al actor Larry Hagman, que hacía de J.R. en la serie Dallas, le pegaron unas señoras en un supermercado porque decían que había tratado muy mal a un personaje en el episodio de la semana anterior. Y creo que con la inteligencia artificial será peor, porque me pregunto cómo la gente va a saber distinguir la realidad de la ficción cuando ya le cuesta distinguirlas. Incluso a mí me cuesta distinguir fotos mías hechas con inteligencia artificial. Eso lo satirizo en Torrente Presidente cuando le dicen que están boicoteando la campaña con una foto hecha con IA de él con dos prostitutas y una travesti.

¿Usás inteligencia artificial? ¿La ves como una herramienta creativa?

-Para cosas informativas la uso, pero para creatividad…el año pasado me invitaron con un amigo al cumpleaños del presidente de un club de fútbol, y me dije que como regalo le iba a escribir una poesía. Mi amigo me sugirió usar ChatGPT, así que hicimos una especie de competición. Lo que puedo decir es que en humor y poesía el ChatGPT es bastante ineficiente de momento.

-Cuando se estrenó la última Torrente, en 2014, recién comenzaban las redes sociales, donde suele haber un humor más fragmentado y mucho más volcado al gag que a las situaciones o los desarrollos extensos. ¿Cambió tu forma de pensar el humor con los nuevos formatos? ¿Te permean de alguna manera estas estructuras cómicas que explotaron con las redes?

-Por desgracia, creo que me permea porque no puedo evitar pensar siempre en el público y en cómo va a recibir las cosas. Es muy sorprendente ver a los niños y los adultos scrolleando durante horas sin darse cuenta, pero es simplemente porque son estímulos muy cortitos, dopamina para el cerebro. Desde la escritura pienso que la cosa tiene que ser muy vertiginosa, en el sentido de que la cadencia no puede ser atropellada, pero tampoco perder tiempo. A veces en montaje veo un plano muy bonito y le digo al montador: “Sí, es precioso, ¿pero a quién le interesa?” Entonces lo cortamos y de repente la cosa va como más rápida. Es un poco triste, porque a mí el cine digamos “contemplativo” me encanta. Un director como Yasujiro Ozu o el propio Éric Rohmer….Creo que eso ahora no tendría éxito en cines porque todo va a más velocidad, parece como que tenemos prisa.

Hay que saber adaptarse a los cambios, más allá de que la mirada del personaje se mantenga…

-Sí, no quiero que haya una escena que dure más de dos minutos si no es estrictamente necesario. Y que si hay algo que te puede empezar a desconectar, enseguida haya otra cosa que te traiga de vuelta o, en una comedia, te haga reír. Creo que es muy importante, pero también difícil.

Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos

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