Se estrena Algo Ha Cambiado: Un Viaje Quijotesco al Pappo´s Blues

Se estrena Algo Ha Cambiado: Un Viaje Quijotesco al Pappo´s Blues

“Que sea una forma de acompañar a la gente que perdió a un ídolo, y mostrar su espíritu vivo”. Sergio “Chapete” Bonacci Lapalma espera así los efectos de Algo ha cambiado: Un viaje quijotesco al Pappo’s Blues, documental creado y dirigido por él, bajo el manto de un tópico singular: versar sobre el vínculo de Norberto Napolitano con Estados Unidos y sus bluseros.

Tras la pasada en el último BAFICI, donde asistieron la mujer de Deacon Jones, Pamela Stovall‑Hill, y Tony Coleman, histórico baterista de B.B.King –dos partícipes necesarios del filme- el estreno comercial será este jueves, dos días después del día del guitarrista en honor al nacimiento de Pappo, en el EMAX de Esperanza, Santa Fe, donde “Chapete” pasó su infancia. Al otro día, se podrá ver en el Cinema de Río Grande, Tierra del Fuego, y el jueves 19 de marzo, en el Lorca porteño. “Espero que la gente pueda dejar el teléfono y levantar una guitarra”, se entusiasma el realizador.

Motivos hay. Durante más de dos horas, la road movie realizada por el director chicano, radicado en Argentina desde los seis años, también tiene como fines rastrear los orígenes del blues en castellano a la vez que homenajear a Deacon Jones, tecladista y hermano musical de Pappo. Establecer un puente cultural entre el blues de allá y el de acá, en consecuencia.

Un nexo que se explica mejor desde la canción que eligió Lapalma para nombrar el documental. “‘Algo ha cambiado’ es una de las pocas versiones de Pappo cantadas en español por una banda estadounidense: Clutch. Escucharla me hizo dar vueltas la cabeza”, explica él, acerca del impulso que lo inclinó ante la canción que abre el inolvidable Pappo`s Blues II. Otro proviene de la alocución que el cineasta escuchó de Pappo hablando sobre los músicos argentinos que intentan exportar música al resto del mundo. “Pappo dice que, si lo hacemos bien, tendremos la merecida devolución. Sentí una energía espiritual, como una señal del más allá que me indicaba el camino de la película: paciencia, fidelidad al sentimiento de los personajes”.

En rigor, además de fuentes bibliográficas, material de archivo audiovisual y fotográfico, son personajes clave los que cuentan la historia. Además de Coleman, Jones y su mujer Pamela -en calidad de productora- testimonian Carmine Appice, Fabián Jolivet –hermano del “Conejo”-, Garrett Morris, Gaspar Benegas, Gilby Clarke, Jorge Pistocchi, Larry McCray, Miguel Vilanova, “Napo” Samovar, Zakiya Hooker y Rolando Castello, entre otros. “El film termina teniendo un color antropológico entre el blues americano y el blues local, y Pappo era ese hilo, era el pegamento de los personajes que lo recuerdan”, sostiene el director.

“Lo que más costó conseguir tiene que ver con los testimonios de Deacon Jones, Peter Deantoni y Fernando Ortiz, amigo de Pappo y productor de Caso Cerrado. Los tres fallecieron, y sin nuestra intervención, esas historias nunca se habrían contado”.

Más de dos horas le demandaron al también montajista nacido en Pasadena pero criado y formado en la Argentina contar la doble historia. El binario devenir de admiración recíproca entre el “Carpo” y la elite blusera de Chicago –la “Blues Mafia”- que, en diez años, termina siendo uno. “Siempre quise que la película fuese sobre el blues local, dado el hito histórico que tenemos por haber sido la cuna del blues en español. Eso era un buen gancho para que la película fuese una herramienta destinada a transmitir los orígenes del blues a gente que no sabe nada del género, ni de figuras como el “Carpo” quien, en ese sentido, funciona casi como un personaje omnipresente. Como el responsable de haber sido una especie de puente entre el blues local y el extranjero”, sostiene el igualmente hacedor de BJ: La vida y los tiempos de Bosco y Jojo.

-¿Por eso lo de “quijotesco” que elegiste para subtitular el documental?

-En principio, Algo ha cambiado se me hacía muy corto y necesitaba un subtítulo que ayudara a transmitir el mensaje de la película. La palabra “quijotesco” apareció por primera vez de boca de Peter Deantoni cuando lo grabamos allá por mediados de los 2010. Él nos decía que este proyecto era “quijotesco”. Y eso en aquel momento me pareció gracioso, pero después, cuanto más pensaba, más elementos encontraba que conectaban con la novela de Miguel de Cervantes.

-Loca la asociación entre Pappo y Cervantes. ¿En qué aspectos la viste manifiesta?

-Para empezar, en el molino. En la película aparece un molino. No sé cómo, pero está ahí. Lo más loco es que el título se puso después, no fue planeado. Luego está la misión imposible de rescatar historias, de defender un legado con un fin purista de amor a la historia y al cine nacional. Dejarlo todo por los ideales, por amor al arte y a la memoria. Esto es bien quijotesco.

-¿Qué razones te llevaron entonces a narrar al Pappo variante“for export”?

-Cuando me puse a leer sobre él, me parecía curiosa toda la vida que había tenido en los Estados Unidos. Leía escenas, historias sobre el bar de blues en el lugar más peligroso del sur de la ciudad de Los Ángeles, donde conoció a Deacon Jones, el famoso Babe`s & Ricky’s Inn. Eran escenografías bastante accesibles para mí, porque nací y tengo familiares ahí. Después, cuando empecé a considerar mudarme de Argentina a Los Ángeles y me enteré de que Deacon vivía ahí, se volvió bastante práctico desarrollar la película.

-¿Por qué en el relato importa menos la cronología que la intensidad?

-Creo que esto es el núcleo del film. Su estética. Mi gran reto como director fue transmitir el sentimiento del blues en un proyecto audiovisual. Hasta creo que su producción fue al estilo de un productor creando un disco musical pero con corazón. Muy orgánico y con feeling a la vieja escuela.

-El recurso de filmar en blanco y negro anuda con lo que acabás de decir, se intuye…

-Es que yo escuchaba blues y siempre lo veía en blanco y negro. Sentía que, para traer esos recuerdos, había que usarlo como un recurso fijo en todo el film. Estaba harto de las series documentales comerciales que todo el tiempo te explican quiénes son los personajes, sus puntos geográficos, etc. Es demasiada información para transmitir una sensación. No me gustaba ese formato institucional de contar un documental. Yo quería contar otra cosa. Entonces recurrí a un montaje que te lleva de California a Avellaneda sin aviso. El blanco y negro muy contrastado como esas películas viejas de blues, como si la tapa de Pappo’s Blues Vol. 1 tomara vida propia. Esto crea un espacio homogéneo en todo el film, donde el pasado, el presente y el futuro se conservan y se fusionan.

Cristian Vitale/Página 12-Espectáculos

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