
“Elige tu propia aventura”. Ese podría ser el lema del Festival Cosquín Rock, que este sábado dio inicio a su edición 2026 frente a miles de personas en el Aeródromo de Santa María de Punilla, en Córdoba. En un extenso predio rodeado de sierras y con un clima por momentos amenazante -aunque la lluvia dio tregua la primera jornada-, el festival ofrece un sinfín de actividades recreativas más allá de la música que se despliega en siete escenarios, como juegos de kermesse, feria de diseños, autos ecológicos, sillas voladoras y hasta una instalación artística circular con diferentes especies originarias de las sierras, como el espinillo y el piquillín. Pero lo central, claro, sigue siendo la música: Durante doce horas de recitales, el line-up entregó algunas escenas para el recuerdo: Abel Pintos -en su debut en el festival- desató el pogo cantando una versión de “Jijiji”, de Los Redondos, junto a Ale Kurz en el escenario Sorpresa; Lali arremetió con una poderosa versión de “Los viejos vinagres”, de Sumo; Ciro Martínez se cruzó en el escenario con Ricardo Mollo en “Morella” y The Chemical Brothers convirtió el predio en una fiesta electrónica en el ocaso de la velada.
No hubo, al menos de manera pronunciada y extendida, expresiones de tono explícitamente político o coyuntural en los escenarios. Pero sí gestos o canciones alusivas. Antes de cerrar su set a todo cuarteto con “La bolsa”, Cóndor Sbarbati y Dani Suárez apuntaron contra el gobierno: “Vamos a necesitar esta energía para pelear contra este gobierno tan facho”.
En la apertura del festival, en el escenario Norte, Lula Bertoldi de Eruca Sativa invitó a cantar a Abel Pintos y celebró la diversidad de estéticas y alentó a la unión en la sociedad. “Esta es una de las canciones más importantes, ¿Van a saltar?”, lanzó Lali en el tramo final de su show antes de interpretar “Fanático”, que desató uno de los pogos más intensos del primer día.
Lo de Lali siempre es cosa seria y nada en su propuesta performática está librada al azar. Como toda artista pop, el escenario es su campo de batalla y su lugar predilecto. Allí se desenvuelve con soltura, naturalidad y eficacia. Y también gracia. En uno de los momentos centrales de la jornada, Lali subió al escenario con un vestido peculiar y simbólico: sobre la tela se leían cientos de comentarios… ¡De sus haters de redes sociales!. Con una banda potente y rockera, la estrella pop hizo uso de su magnetismo escénico y sus dotes de bailarina y actriz -junto a su cuerpo de baile- para interpretar “Pendeja”, “Sexy”, “Tu novia II”, “Mejor que vos”, “Fanático”, “Plástico” y su clásico “No me importa”, celebrado por sus fans, que coparon el Cosquín Rock. Además, sorprendió con una versión pop de “Los viejos vinagres”, de Sumo, para cerrar su set.
Hubo otra estrella, pero del pop-rock: Marilina Bertoldi. La cantante y compositora que hace tiempo viene en ascenso en la música argentina hizo uso de su ironía y desparpajo a la hora subirse al escenario. Sin miedo al éxito, como se suele decir, ingresó vestida como una suerte de Miss Universo rockera. Desde abajo, flameaban banderas de la comunidad LGBTQ+. “Van a despertar al gordo/ Y no sé, no sé qué van a hacer con eso”, cantó con vigor en “El gordo”, una canción de su último disco Para quien trabajas vol. I (2025), que desde el plano poético ofrece una crítica a la industria musical. Luego de “La casa de A” y “¿O no?” Bertoldi coronó su presentación, justamente, con una corona de reina.
Más tarde, en ese mismo escenario, el Montaña, la banda escocesa Franz Ferdinand regaló un show sólido a fuerza de su indie pop y post punk con guitarras filosas y melodías adhesivas y juguetonas. Para entonces, el festival era una verdadera fiesta. La banda liderada por Alex Kapranos hizo saltar, agacharse y mover las manos al público con una seguidlla de hits como “Take me out”, “Wal Away”, “Right action”, “Sexy boy” y “This fire”.
Una de las perlitas de la primera jornada fue la participación de los suizo-ecuatorianos Hermanos Gutiérrez, una propuesta original que combina música western, folk, psicodelia y sonidos andinos a base de dos guitarras y lap steel. “Somos fans de Diego Maradona y de Boca”, dijo Estevan Gutiérrez antes de tocar piezas de su último disco, Sonido cósmico (2024), un trabajo que pone eje en la “música del desierto”. Frente a un buen marco de público, en el escenario alternativo Boomerang en el que también se presentaron 1915, Indios, Coti, Un Muerto Más y Abel Pintos, el dúo generó un momento de trance musical y estado de sosiego. “Nos pone muy orgullosos de representar a Ecuador y Suiza”, agradeció Alejandro, el otro de los Gutiérrez.
Mientras en el escenario Sur Ciro y Los Persas ofrecían una fórmula imbatible de hits propios -como “Vas a bailar” y clásicos de Los Piojos -como “Tan solo”, “Genius”, “El Farolito” y “Morella” junto a Mollo-, en el escenario Norte el irreverente cantante, rapero y performer Dillom entregó una dosis de su inclasificable, pero siempre atractiva música. El artista irrumpió en escena vestido con un sombrero, camisa y corbata, y terminó con el torso desnudo agitando el cuerpo y la guitarra de manera frenética. Dillom puede pasar de la canción de amor “220” o la pop y pegadiza “Cirugía” al trap furioso “Side”, la rockera y provocadora “Mick Jagger”, la combativa y anticana “1312”, la punk “Ola de suicidios” o incluso sorprender con “I Wanna Live” de Los Ramones. “Feliz día estoy enamorado de todos ustedes”, dijo Dillom después de regalar rosas a varias pibas del público. “Para el que no nos conoce nosotros somos Ciro y Los Persas”, bromeó luego, fiel a su estilo, y cerró a puro pogo con “Buenos tiempos”.
Si hay algo para destacar de Cosquín Rock es que es un punto de encuentro entre públicos y artistas de todo el país. Así como Cosquín Folklore cada enero reúne a artistas de todas las regiones de Argentina, el festival ideado por José Palazzo es una cita obligada para la cultura rockera y musical. Así como para el público significa una propuesta más que tentadora para venir a disfrutar con amigos y familia -la camaradería, el entusiasmo y el ambiente cordial que se respira en el predio es digna de celebrar-, para los músicos es una oportunidad de reencontrarse, conocerse y generar colaboraciones en vivo.
En el escenario Norte, el dúo de pop El Zar comandado por Pablo Giménez y Facundo Castaño invitaron en “Bahia” al cantante Goyo Degano y al guitarrista Iñaki Colombo, de Bandalos Chinos.
En esta sintonía, en el Montaña, El Kuelgue protagonizó uno de los momentos más emotivos de la primera fecha, además de entregar un show bien festivalero, colorido y contundente. En la mitad del set, la banda liderada por Julián Kartún invitó a un histórico del rock argentino, Litto Nebbia, para tocar una versión de “Solo se trata de vivir”, lo que significó una especie de reconocimiento para “el maestro”. El rosarino se quedó también para acompañar a la banda en “Peluquita” y dejó bendecido el escenario.
Si bien se trata de un festival que tiene réplicas en otros países de Latinoamérica -como Uruguay, Brasil, Paraguay, México, Chile, Perú y Colombia- e incluye en la programación local a artistas internacionales, el espíritu de Cosquín Rock se caracteriza por su identidad argentina. El rock argentino es la estrella principal del evento. Por ejemplo, como ya lo había hecho en la edición 2025, Ciro Martínez hizo una versión de “Me matan, Limón!”, de Los Redondos; Ale Kurz de El Bordo se despachó con “Un ángel para tu soledad” y “Jijiji” -con Abel Pintos en voz- y “Flaca” de Calamaro; y junto a Wayra Iglesias, hija del Tete, hicieron una versión de “Veneno”, de La Renga, en el escenario Sorpresa. “Tenemos el mejor festival de Sudamérica en el medio de la montaña”, celebró Adrián Dárgelos en la mitad del show de Babasónicos. La banda de pop no anduvo con vueltas y entregó un set bien festivalero, con canciones que desbordan elegancia, sensualidad, ingenio y picardía: “Puesto”, “Los calientes”, “Putita”, “Irresponsables”, “La pregunta” y “El colmo”, entre otras.
Sergio Sánchez/Página 12-Espectáculos desde Santa María de Punilla
MG Radio 24 Villa Pueyrredón