
Boca, por ahora y hasta que juegue Tigre este lunes ante Newell’s, es el líder de la zona A del Apertura. Le ganó con justicia a Barracas Central pero sin jugar bien. Otra vez quedó en deuda con el funcionamiento colectivo. La visita hizo poco, cedió por completo el balón y jugó muy retrasado. El equipo de Gago tuvo la pelota, trabajó bien desde los laterales con Blondel y Blanco, pero careció de ideas para profundizar la superioridad.
Cada encuentro es una prueba de fuego para Boca, para los jugadores y para su entrenador. La eliminación ante Alianza Lima es una Espada de Damocles que llevará por un buen tiempo. Más después de cada derrota o de alguna mala actuación. La semana pasada perdió en Rosario con Newell’s y tuvo un bajón futbolístico notorio. Por eso en este duelo con Barracas las miradas sobre el juego y el resultado se multiplicaron.
Es notoria la diferencia de peso en la historia del fútbol argentino de ambos equipos. Boca fue noticia toda la semana por los 120 años de su fundación, con un homenaje en Genoa que jugó con la camiseta Xeneize e incluso la remera de este domingo tuvo un diseño especial para la ocasión. No hay dudas que Boca es uno de los dos “súper grandes” de la Argentina, el que acapara la popularidad junto con River. El triunfo no deja de ser un regalo de cumpleaños.
Sin embargo, Barracas Central es casi un año mayor que Boca y también buscaba festejar a días de su cumpleaños 121 (se fundó el 5 de abril de 1904, en otro barrio populoso pegado a La Boca). De las 10 veces que jugaron, apenas pudo sacar un punto, el año pasado en Boca. Los anteriores 8 encuentros fueron triunfos xeneizes. El peso de la historia entre uno, Boca, y el otro, Barracas, que desde 2017 vive un presente con más poderío.
El desafío de Boca era cómo penetrar ese catenaccio armado por el Gallego Insua, con una clara línea de cinco en retroceso y otra de cuatro compacta. Ni Zeballos ni Palacios fueron desequilibrantes. Por eso fueron más importantes las incursiones de los laterales, en especial de Blanco por izquierda. Sí, a los 11 minutos, hubo un centro del Zeballos pasado que Blondel, con una aparición fantasmal por el otro lado, remató desviado.
El más claro en la recuperación y en los pases era Rodrigo Battaglia, siempre en la búsqueda de un compañero sin marca. A los 18 minutos, abrió para Blanco, quien sacó un centro de primera que no llegó a conectar Cavani. Dos minutos después, la visita llegó por única vez con un tiro libre de Tapia, que Jappert conectó de cabeza mal y el balón se fue desviado.
La polémica se instaló a los 34 minutos cuando Fernando Echenique le anuló un gol a Edinson Cavani por una supuesta carga al arquero Ledesma. En la interpretación, el árbitro hizo gestos sobre el reglamento y una posición rígida del delantero de Boca. En primera instancia y en las repeticiones, el arquero se choca con Cavani y no pareció falta. La cancha explotó insultando al árbitro.
Todo se calmó cuatro minutos después, cuando después de otro centro de Blanco desde la izquierda apareció habilitado Battaglia para hacer un toque un poco pifiado pero con la fortuna para que el balón se metiera al lado del palo izquierdo de Ledesma.
La parte final fue muy pobre, muy cortado. El ingreso de Zenón le dio algo de claridad a Boca, que no logró aumentar la diferencia.
Oscar Barnade/Clarín-Deportes

Le había dado un mensaje a todo el continente el jueves en Brasil, donde nunca había perdido Fortaleza. Como cantan los hinchas, un estribillo que se repitió anoche en el Cilindro, “fuimos campeones, ahora vamos por la Libertadores”. Y sí, el objetivo es la Copa que solo ganó una vez, en el lejano 1967.
Sin embargo, Racing debía una respuesta en el ámbito local. Y en noventa minutos, dejó claro que dará pelea para entrar al grupo de los ocho en el Torneo Apertura. Se pareció mucho más a aquel equipo vigoroso y contundente de la arena internacional que ganó dos títulos en cuatro meses.
Con una actuación brillante y un goleador al que le queda justo su apodo de Maravilla, aplastó a Banfield y quedó a tiro de los octavos de final gracias a las derrotas de Barracas Central y Defensa y Justicia.
Los partidos se definen por detalles. No es casual, entonces, que Racing haya hecho tantos goles gracias a sus alcanzapelotas (ver página 7). No son apenas un puñado de pibes ilusionados con llegar a la Primera en su adultez. Asisten rápido. Se trata del auténtico jugador número doce. Gracias a uno de esos chicos, la Academia logró destrabar un duelo que pintaba difícil por la disposición táctica de su rival y por su falta de sorpresa.
Hubo tres futbolistas clave en el gol. Primero, Martín Barrios -reemplazante del lesionado Juan Nardoni-, quien en lugar de reventarla apretado en el área, jugó corto en la salida. Después, Agustín Almendra, que no suele tener un gran despliegue físico pero avanzó de su propia área hasta la mitad de la cancha. Luego, Gastón Martirena, quien recibió del alcanzapelotas y sacó el lateral rápido para Adrián Martínez. Maravilla hizo lo que mejor sabe, definir. Desarticuló a Martín Río y resolvió de zurda frente a Facundo Sanguinetti.
Por una viveza, Racing se puso en ventaja en el desenlace de un primer tiempo que costó horrores. Es cierto que dominó de punta a punta. Sin embargo, tuvo dificultades para terminar las jugadas. Con sus laterales bien lanzados, especialmente Gabriel Rojas, fue profundo. Sin embargo, los centros desde los costados no encontraron receptores. La salida larga con los cambios de frente cruzados de Nazareno Colombo y Agustín García Basso tampoco funcionaron.
Banfield se plantó con un 4-4-1-1 en el que las dos líneas de cuatro buscaron embarullar el medio y dejaron a Ramiro Di Luciano y Mathias De Ritis contenidos para intentar bloquear las proyecciones de sus colegas de celeste y blanco. La idea de Ariel Broggi era contragolpear. No obstante, recuperó poco la pelota. Y cuando sus volantes lo lograron, juntaron pases lejos del dominio de Facundo Cambeses. En cuarenta y cinco minutos, solo inquietaron con algún balón detenido y un par de tiros de media distancia muy desviados. Y casi siempre perdieron los duelos individuales con Colombo, Santiago Sosa y García Basso, que se mostró sin fisuras tras dos meses inactivo.
Racing, muy a pesar de su movilidad, empezó a ser repetitivo. Con Luciano Vietto y Maxi Salas muy imprecisos, dependió de los desbordes de Rojas. Así y todo, la mejor situación fue producto de la inspiración de Maravilla, que buscó desde 35 metros, pero su zurdazo se encontró con una notable tapada de Sanguinetti. Suele arreglárselas solo el delantero. Fue un aviso de la espectacular noche que se venía.
En el segundo tiempo, le bastaron diez minutos a la Academia para liquidar el pleito con Banfield, que le facilitó la tarea. Río quiso salir jugando de abajo y cuando se vio apretado, metió un viandazo que rebotó en la espalda de Gonzalo Ríos. Rojas recuperó, Salas asistió y Maravilla no perdonó.
Y un ratito después, los laterales volvieron a ser protagonistas. Cambió de frente Rojas, la metió adentro Martirena y Maravilla firmó su hat-trick con algo de suspenso por el chequeo del VAR. La gran figura estaba en la misma línea que el último hombre de Banfield.
Con la goleada consumada, quedó tiempo para los cambios de coyuntura. Broggi no encontró respuestas ni dentro ni fuera de la cancha. Costas movió el banco para cuidar a sus figuras. Lo perdió Adrián Balboa apenas ingresó. Pero Santiago Solari le respondió con un gol de cabeza, tras otro centro de Martirena, de gran segundo tiempo. El uruguayo metió tres asistencias, nada menos.
El golazo de Agustín Alaniz fue un espasmo de vergüenza para Banfield que anuncia el fin de ciclo de su entrenador y mira con preocupación el descenso. Racing está en otra historia, claro. Soñando con la Copa, pero entero en el certamen doméstico, justo lo que reclamaban su gente.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes
OTROS RESULTADOS
Lanús 1 – Independiente 1
Argentinos 4 – Defensa y Justicia 1
Unión 1 – Central Córdoba 0
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