
El rugby argentino nunca deja de sorprender por su capacidad de boicotearse a sí mismo. Las nuevas disposiciones de cambios de formato para el Torneo del Interior 2025 y el Torneo de la URBA 2026 son una muestra más de esta triste afirmación. Los dos certámenes más importantes del país a nivel local, demarcación que incluye también al Super Rugby Americas, sufrirán modificaciones en el corto plazo. En ambos casos, los mayores perjudicados son los jugadores. Por añadidura, los clubes.
Se podrá argumentar que son los propios clubes los que votaron la medida, cosa que es cierta. Es el mismo argumento que utiliza Chiqui Tapia para anular descensos. En realidad, son medidas que vienen de cúpulas dirigenciales que viven una realidad alejada de las canchas.
El Torneo del Interior, el único certamen de clubes de carácter nacional que queda en la Argentina, pasará a jugarse a lo largo de todo el año, de manera intercalada con los certámenes regionales. Esta circunstancia obliga a los clubes a jugar al máximo de sus posibilidades de principio a fin. Antes, con los regionales al inicio y el Interior en la segunda parte del año, los clubes tenían la posibilidad de dosificar esfuerzos y concentrar energías en las instancias decisivas. Al elevarse el nivel de exigencia de entrada, obliga a los clubes a poner lo mejor que tiene durante toda la temporada, forzando un desgaste mayor y, al mismo tiempo, socavando la posibilidad de desarrollar jugadores jóvenes.
Esto sin contar que hay clubes que tienen a sus principales figuras afectadas al creciente Super Rugby Americas, de los que sólo pueden disponer en la segunda mitad de año.
La ampliación del Torneo de la URBA de 12 a 14 equipos merecía un debate más amplio que una simple sesión de presidentes y managers. La votación de 8 a 6 favorable a la ampliación, por otro lado, es insuficiente para conceder un cambio tan significativo. Esta clase de alteraciones merecen ser tratadas en Asamblea Extraordinaria, cuanto menos, con el debido análisis y debate previos y con un ratio de dos tercios de los votantes. Llama la atención, de paso, que los votantes hayan sido 14, es decir, se incluyó a los clubes que ya habían ascendido una semana antes y también a los que habían descendido. Es decir, clubes directamente interesados en que se ampliara el cupo.
Cuando en 2017 se modificó el formato y se creó el Top 12, con partidos de ida y vuelta, la mayoría aplaudió la medida, ya que reducía las fechas de un certamen elefantiásico, que no estaba en sintonía con las exigencias para jugadores que deben estudiar, trabajar (en algunos casos en paralelo) y entrenarse cuatro veces por semana, además de jugar el sábado. Hasta 2016, recuérdese, no era un Top 14 con partidos de ida y vuelta, sino que había una Reclasificación en la primera mitad, en la que los clubes podían dosificar fuerzas, y luego un todos contra todos a una vuelta, más playoffs. El nuevo formato incluirá 26 partidos de exigencia máxima más dos de playoffs para los que lleguen a la final. Eso sin contar los amistosos y las giras de pretemporada. Un verdadero despropósito.
Los que adoptaron esta medida son los mismos que después dicen que no hay espacio para jugar un Nacional de Clubes o un Campeonato Argentino. No hacía falta, pero ahora queda más claro: lo que falta es voluntad. Este Top 14 es un clavo más al cajón del Nacional de Clubes, certamen que por más que siga arrojando un campeón nominal todos los años, dejó de existir en 2019.
El argumento de que los jugadores piden más partidos porque en octubre se termina la temporada es falaz. Un reclamo así se solucionaría fácilmente con la realización de un certamen de carácter recreativo, por ejemplo. Cualquier cosa que no agregue desgaste competitivo estaría bien. Por qué no, por ejemplo, hacerle un espacio al seven.
Las razones de esta medida son vidriosas. Difícilmente haya intereses económicos subyacentes o un mayor aporte de la televisión, como sí ocurrió en ocasiones anteriores. En realidad, la cadena que maneja las transmisiones está pensando en una reducción de costos que implican transmitir seis partidos por sábado, que desde 2026 serán siete. Pero sí el año próximo habrá una merma en el despliegue de las transmisiones que van sólo por streaming: menos cámaras, menos comentaristas, menos costos.
La dirigencia tuvo la decencia de implementar esta modificación con más de un año de antelación. Esta vez marcaron allí distancia con el manejo de la AFA, que cambia los certámenes en pleno desarrollo. En otros aspectos, se parece cada vez más.
Alejo Miranda/aplenorugby.com.ar
MG Radio 24 Villa Pueyrredón