Independiente goleó a Unión. San Lorenzo empató y se fue silbado

Independiente goleó a Unión. San Lorenzo empató y se fue silbado

Es difícil conseguir resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Tardó en entenderlo Julio Vaccari, pero a fin de cuentas, en una noche de luna de Avellaneda, se animó a cambiar. El entrenador de Independiente se decidió a romper con su esquema predilecto, el 4-3-3, para sorprender a Unión y lograr así un dominio territorial y de juego como pocas veces en lo que va de su ciclo.

En un semana muy caliente por la apretada de la barra en Domínico, el Rojo volvió al sonreír, ganó bien 3 a 0 y se aseguró permanecer en puesto de Copa Sudamericana pase lo que pase en el resto de la fecha. Unión, que jugó todo el segundo tiempo como uno menos, no pudo acercarse a la punta.

Independiente cambió y acertó. Vaccari se despojó de su manual, que lo tenía en la mesita de luz como su biblia. Pero un día planteó algo distinto. No de nombres, porque utilizó prácticamente a los mismos jugadores que viene haciendo jugar semana tras semana. Al cabo, tampoco tiene un plantel demasiado nutrido. Pero sí movió las fichas de otro modo sobre el perfecto paño verde del Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini.

¿Cómo? Por primera Vez cambió de costado a Santiago Montiel. Desde que llegó al Rojo, el ex Argentinos siempre se desempeñó como extremo derecho, con su perfil cambiado ya que es zurdo. Esta vez apareció por el otro lado, aunque no como delantero neto. El DT del Diablo propuso otro dibujo que no estaba en planes de nadie, al menos en la previa. Jugó al engaño hasta el pitazo inicial. Porque la postura del equipo antes de sacar del medio era la del clásico 4-3-3. Sin embargo, apenas se puso en juego el balón, todo varió.

Adrián Sporle se cerró como un tercer central y Montiel se retrasó como un carrilero para hacer toda la banda izquierda. Iván Marcone y Felipe Loyola se repartieron el círculo central, mientras que Federico Mancuello se movió suelto detrás del doble nueve compuesto por Gabriel Ávalos y Santiago Hidalgo, el elegido para reemplazar a un Nicolás Vallejo de bajo nivel.

Independiente fue un equipo flexible. Porque cuando Montiel escalaba por su costado, Sporle se volvía a abrir para quedar con cuatro en el fondo. Esta lavada de cara le refrescó el semblante al Diablo, que mostró los dientes con una postura mucho más amenazante que la de la semana pasada en Junín. Perfilado con su pierna hábil, Montiel sacó de la galera un centro y le puso la pelota a la cabeza de Ávalos. El paraguayo conectó el pase aéreo sin marca entre los centrales rivales y mandó a guardar el 1 a 0.

El Unión del Kily González quedó desarticulado. Y peor se le presentó el panorama cuando Nicolás Paz, que ya tenía una amarilla, recibió la segunda amonestación y la consecuente tarjeta roja. Decisión correcta del árbitro Pablo Echavarría, por cierto. Noto todo había sido color de rojo en esa primera parte para el local. Es que sufrió la inesperada baja por lesión de uno de sus emblemas, Mancuello. El volante debió salir a los 35 minutos por un fuerte pinchazo en su aductor derecho. Lucas González saltó al campo para reemplazarlo.

Sin grandes luces, el local siempre fue más. En ventaja numérica y en el marcador, manejó bien los tiempos del partido, a pesar de que el Kily intentó hacer fuerza equilibrando con sus cambios. No lo logró. Y el Rojo lo liquidó de penal. Francisco Gerometta llegó tarde y lo pisó a Ávalos. El VAR corrigió el error del juez de no cobrar la clara falta. Y Montiel fulminó a Thiago Cardozo desde los doce pasos. Sobre el final llegó el tercero de Ignacio Maestro Puch, un regalo de la defensa tatengue.

La victoria tranquiliza las aguas revueltas de un Independiente siempre en conflicto interno. Un poco de paz no le viene nada mal a la zona roja de Avellaneda.

Nahuel Lanzillotta/Clarín-Deportes

SAN LORENZO EMPATÓ CON ESTUDIANTES Y ESCUCHÓ A SU PÚBLICO

Fueron generosos con el espectáculo San Lorenzo y Estudiantes y conviene celebrarlo. Suele ser chato el fútbol argentino, con partidos de poco vuelo, repletos de imprecisiones y de desarrollos lentos. Fue de ida y vuelta el duelo en el Nuevo Gasómetro, que presentó un buen marco a pesar de lo ridículo del horario (18:45 un día de semana). Hubo también abuso de la pierna fuerte en el segundo tiempo, pero las emociones se mantuvieron hasta el final.

En la primera etapa, Estudiantes fue levemente superior porque estuvieron finos los mediocampistas para manejar la pelota. Estuvo rodeado Enzo Pérez: a sus costados se movieron Ascacibar y Gabriel Neves y José Sosa fue un falso 9 para dejarles las bandas a Joaquín Tobio Burgos y a Alexis Manyoma.

Además, se acoplaron y pasaron mucho Eric Meza y Gastón Benedetti. Ese afán ofensivo del Pincha provocó que San Lorenzo se repliegue en su campo: quedó parado de contragolpe. En ese lapso estuvieron cerca de convertir Tobio Burgos con un cabezazo y Neves con un disparo lejano.

Pero, como se dijo, el duelo fue de ida y vuelta y el local inquietó cada vez que pudo correr. Ezequiel Cerutti es otro desde que asumió Miguel Ángel Russo. El Pocho, que metió un golazo en la fecha pasada contra Central Córdoba, cortó dos avances peligrosos de la visita y se ganó la ovación de los hinchas. Encima, unos minutos después, desbordó como en sus mejores épocas y le sirvió el gol a Iván Leguizamón, que le ganó en el salto a Luciano Lollo y cabeceó al gol.

Pero le duró poco la ventaja al Ciclón y pagó caro una distracción. Neves metió un pase en modo Juan Román Riquelme al sector donde no estaba Sosa, el falso 9, Manyoma quedó mano a mano con Chila Gómez y nada egoísta tocó al costado para que Tobio Burgos marque al arco vacío. El empate se ajustó mejor a lo que fue el trámite en la primera etapa en Boedo.

En el complemento, se dijo, hubo mucha más imprecisión y desprolijidad. No sorprendió en ese contexto la expulsión del ingresado Elián Irala, imprudente al tirarse en busca de una pelota suelta dentro del área e impactar con la plancha sobre la cabeza de Matías Mansilla, que terminó con un corte en la cabeza.

La sangre que le bajaba desde el cuero cabelludo por el rostro al arquero de Estudiantes obligó a la intervención del VAR, porque inexplicablemente el árbitro Rey Hilfer solo había amonestado al mediocampista de San Lorenzo. Hubo cambio de color en las tarjetas y el local se quedó con 10 jugadores.

El hombre menos obligó a Russo a reestructurar el equipo. No claudicó en la búsqueda del triunfo, pero tampoco quiso exponerse a un contragolpe que lo dejara con las manos vacías. Entraron Bustos, Reali y el Perrito Barrios, para renovar el aire ofensivo en busca de una individualidad.

Fue precisamente Bustos el que tuvo la última chance de peligro: metió un derechazo a distancia con el que quiso emular a Cerutti en Santiago del Estero, pero Mansilla voló por los aires y desarticuló la ilusión del Ciclón.

Los silbidos del final dieron cuenta de que el hincha no perdona la irregularidad en la que sigue inmerso San Lorenzo. El vaso medio lleno dirá que solo perdió uno de los últimos cinco -el 1 a 0 como visitante contra Independiente Rivadavia-, pero la otra mitad no se conforma con seguir lejos de la clasificación a un torneo internacional en la temporada que viene.

La tabla anual lo muestra con 41 puntos, a nueve de la zona prometida a la Sudamericana. A Estudiantes tampoco le sirvió mucho el tercer empate consecutivo con el mismo resultado (1-1), porque más allá que tiene asegurado su boleto a la Libertadores 2025 como campeón de la Copa de la Liga, se alejó demasiado de la lucha por el título.

El sábado próximo, Russo vivirá un momento especial: volverá al Gigante de Arroyito para enfrentar a Rosario Central.

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

OTRO RESULTADO

Gimnasia 0 – Central Córdoba 0

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