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Vicenta, el film de Darío Doria, una de las revelaciones del 2020

Darío Doria y sus muñecos de plastilina, los protagonistas de la película.

Vicenta Avendaño tiene 54 años, es pobre, analfabeta y trabaja como doméstica por horas. Su marido la dejó sola con dos hijas. La menor de ella, Laura, tiene 19 años pero es como si tuviera ocho: sufre de retraso madurativo. Como si con eso no bastara, su madre acaba de descubrir que Laura tiene varias semanas de embarazo, producto como es obvio de una violación intrafamiliar. Si fuera una ficción podría hablarse de exceso melodramático, de golpes bajos, de política de shock. Pero los títulos iniciales se ocupan de dejar bien claro que no se trata de nada de eso, no sea que el espectador se confunda. “Un documental de Darío Doria”, se lee allí. Cuarto largometraje del realizador de las excelentes Grissinopoli (en codirección con Luis Camardella, 2004), Elsa y su ballet (2011) y Salud rural (2014), Vicenta cuenta un caso sucedido en julio de 2006 en la localidad de Guernica (sí, la misma que La Bonaerense desalojó recientemente con gases y balas de goma). Conmocionante e inhumano, el sexista, retrógrado castigo a la víctima que narra Vicenta representa exactamente lo que el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo apunta a evitar.

Si no se dispone de filmaciones caseras o de noticieros de la época, los documentales en los que se reconstruye un hecho del pasado presentan una dificultad: la falta de imágenes específicas. Salvo los casos de realizadores particularmente audaces, que suplen esa falta con una iconografía evocativa o resignificada, lo que se hace la mayoría de las veces es recurrir a las “cabezas parlantes”, que reemplazan la falta de imagen con el discurso. En ocasiones se las completa con dramatizaciones, como sucede por ejemplo en la rutinaria Carmel: ¿quién mató a María Marta? Son contados con los dedos de una mano los que se lanzan a formas de representación rupturistas, como el realizador Ari Folman en Vals con Bashir (2008), donde narró la invasión israelí al Líbano con técnicas de animación, o el camboyano Rithy Pahn en La imagen faltante (revelador título de 2013), donde reconstruyó los crímenes del Jmer Rojo con muñequitos de plastilina. A esta misma artesanía acude Doria para contar la historia de Laura y su madre.

Como sucede con toda forma de representación radical, lleva unos minutos acostumbrarse a la idea de que esos muñecos puedan encarnar emociones que no sean la risa o la simpatía. Pero basta que el relato empiece a rodar para que el espectador deje atrás el desconcierto inicial y empiece a verse arrastrado por esta historia dividida en tres actos. El primer tercio es puro melodrama social, puesto en escena de forma casi maniática en decorados en miniatura (retener el nombre de la directora de arte, Mariana Ardanaz). El segundo es Kafka en versión argentina, cuyo carácter pesadillesco, reiterado e interminable Doria construye con una acumulativa, exasperante minucia de delegaciones judiciales, expedientes, dependencias oficiales, altos estratos de la Iglesia Católica, médicos, comités científicos y hospitales. Como en las narraciones del angustiado escritor austrohúngaro, todo va de mal en peor. Cuando el caso parece haberse cerrado como tantos otros, con el pleno ejercicio de la injusticia, sobreviene una tercera parte, en la que la lucha y organización de las mujeres por sus derechos entra en acción.

Con recursos técnicos virtuosos -travellings de centímetros de largo, imágenes de noticieros insertadas en marcos de plastilina, hornallas encendidas por animación–, Vicenta no detiene allí su voluntad innovadora. Enteramente muda por parte de sus personajes, la falta de palabra es relevada por la voz en off de Liliana Herrero que, con tonos dramáticos y a la vez campechanos, le habla afectuosamente a la protagonista en una segunda persona a la que el cine acude muy raramente. Audacia formal, técnica depurada, artesanado, proyección temática, emoción. Presentada fuera de competencia en la edición del Festival de Mar del Plata que finalizó el domingo pasado y ganadora del premio Fipresci en el Dok LeipizgVicenta es uno de los hallazgos argentinos del año.

Horacio Bernades/Página 12

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