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Vélez le ganó a River, pero lo dejó vivo. Talleres-Colón, empate

La montaña humana sepulta a Lucas Janson, después que éste marcara el gol del triunfo velezano.

Un intenso Vélez pasó por arriba a un débil y desconocido River y la lógica apareció: el local se impuso en la ida de los octavos de final. Pero la buena tiene una mala: el Fortín tan solo ganó 1-0 por el gol de penal de Lucas Janson. Y la mala de River tiene una buena: jugó para ser goleado y solo se fue perdiendo por la mínima. Se van a tener que esconder aquellos que señalaron que River la tendría fácil hasta las semifinales. Haber aseverado eso no solo fue una falta de respeto a Vélez, sino que también fue desconocer el gen del futbolista argentino. Es competitivo al máximo el jugador nacido en estas tierras y por eso es buscado en el mundo. Y los locales evidenciaron que la pasión fluye cuando corre la pelota.

Fue un típico juego de Libertadores el que se disputó en el Amalfitani: Vélez se plantó como un local y River se sintió visitante por el fervoroso clima de las tribunas. Lo peleó el Fortín al duelo, fue a todas como si fuese la última y en eso le sacó una amplia ventaja al rival. Chocó y ganó Pratto y todos sus compañeros lo imitaron. Eso fue Vélez en la primera etapa: empuje desde el corazón y no tanto desde el fútbol. Y a River le volvió a costar ponerse el overol.

Apostó por un 4-4-2 el Cacique Medina. Y la orden fue meter y meter. Los jugadores hicieron caso. Presionó cuando pudo el local; en otros, se replegó. A los 6 minutos quedó mal parado y Enzo Fernández por centímetros no metió el primero de la visita. Fue una señal que tomó el entrenador: desde entonces, el Fortín no presionó tan alto. Se insiste: fue empuje Vélez. Pudo agarrar mal parada a River por una recuperación de Jara sobre Barco, Pratto corrió y ganó, y David Martínez se llevó puesto a Janson. Un penal tan grande como inocente. Janson ajustó su definición y anotó el primero a los 15 minutos.

Los instantes que siguieron fueron de desconcierto para River y de pulsión para Vélez, que siguió yendo adelante con más alma que ideas. Esa agresividad provocó las amarillas de Perrone y de Gómez, que estuvo a nada de ser expulsado por una segunda falta a Romero. Así jugó el Fortín: con el cuchillo entre los dientes.

River, esta vez, se paró con un 4-1-32. A Martínez le costó el duelo físico con Pratto, que lo buscó en todo momento. Solo Enzo Fernández se reveló ante la adversidad y demostró que es un futbolista de jerarquía. Fue quien la paró en el desconcierto y quien se animó a filtrar algunos pases. No jugó bien River y en cierto punto es entendible: fueron titulares Paradela y Romero, dos futbolistas que hasta hace un mes estaban últimos en la consideración de Gallardo. Está claro que le anda costando encontrar el equipo al Muñeco.

Así y todo, River llegó con peligro porque tiene jerarquía en varios de sus intérpretes. La más clara arribó luego de un choque entre Gómez y Ortega que aprovechó Paradela para desbordar y asistir a Álvarez, que remató débil a las manos de Hoyos.

Metió mano Gallardo para el complemento: Quintero por Barco. El colombiano se ubicó de enganche y River pasó a jugar 4-3-1-2. Nada cambió porque siguió sin sintonía fina y con Vélez guapeando todas. Y ahora apostando por la contra porque el local se replegó unos metros y salió disparado de contra. Y complicó muchísimo.

Gallardo también luce desorientado como el equipo, hay que decirlo. A los 15 minutos realizó tres modificaciones juntas, algo inusual en él. Y algo más: incorporó a Rodrigo Aliendro, que tan solo tuvo una práctica con el grupo. ¿Ya no confía el DT en Simón, Palavecino o Pochettino? ¿Es lógico que haya puesto a un recién llegado en vez de un futbolista que hace meses trabaja con él?

Vélez perdonó a River y ese podría ser su pecado mortal: dentro de una semana, en Núñez, los dirigidos por Gallardo no pueden jugar tan mal. Abiel Osorio se perdió un gol imposible entrando por el segundo palo y Armani le atajó a Pratto el mismo mano a mano que le tapó a Darío Benedetto en la Bombonera en el 2018. En la última jugada, Osorio se llevó por delante a todos y estrelló su definición en el travesaño.

Cuando Claus pitó el final, la sensación de todos en el Amalfitani fue que Vélez dejó con vida a River. Al River de Gallardo y en la Libertadores. Habrá que esperar una semana para saber de lamentos o alegrías.

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

A COLÓN LE SACARON EL TRIUNFO DEL BUCHE

Con poquito, Talleres y Colón se las arreglaron para dejar la serie abierta hasta el final: empataron 1 a 1 en Córdoba y definirán el pase a cuartos de final en Santa Fe, sin ventajas en el marcador global. El Sabalero terminó con el gusto amargo que deja la igualdad, cuando es el rival quien empareja las cosas.

Lo mejor del partido, fueron los goles. Llegaron tarde, pero fueron vistosos y principalmente festejados: si algo se extraña en el fútbol, es el público. Los partidos con las dos tribunas repletas. Incluso los partidos con pocas situaciones, parecen más atractivos con un entorno como el que tuvo el Kempes por la Libertadores, ante 50 mil personas.

El primer tiempo no fue una excepción de lo que muestra Talleres en el último tiempo: muestra en sus formas algo mejor que su rival, pero no tiene gol. Le falta la puntada final para hacer la diferencia.

Ambos equipos tuvieron sus chances. Primero Colón, con Wanchope Ávila frente al arquero que se quedó con el mano a mano. Talleres tuvo la suya con, pero el travesaño le devolvió el remate a Girotti. Antes de que se terminara el primer tiempo, el que puso la cara por Talleres fue el arquero Guido Herrera que desvió el remate de Pierotti con el rostro.

El segundo tiempo tuvo mayor dinámica. Colón pudo abrir el marcador a los cinco del reinicio, pero Pierotti estaba adelantado antes de definir. Bien anulado. Pero fue tras el ingreso del Pulga Rodríguez que el Sabalero consiguió hacer la diferencia.

No solo porque la llave del gol estuvo sus pies, sino porque mientras estuvo en cancha, Farías hizo poco. El tiro libre fue una asistencia: se la puso a Wanchope en la cabeza para abrir el marcador.

Con el gol, Colón intentó dominar y tener la pelota. Talleres no supo atacar en la adversidad, y cuando al partido le quedaban tres minutos, sólo había estado cerca del arco en una oportunidad. Pero del mismo modo que Colón -un centro un mejor cabezazola T consiguió la igualdad.

Festejó el empate que le permite ir a Santa Fe sin la presiones extras porque para pasar le alcanza con ganar: el gol de Colón en el Kempes no hace mayor daño porque los de visitante ya no inclinan la balanza.

Clarín/Deportes

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