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Vélez, en emocionante final, le ganó a Talleres y va con ventaja a Córdoba

Julián Fernández festeja el gol de la victoria velezana sobre el final del cotejo.

No podía fallar. Si dos equipos de Argentina se enfrentan en un mano a mano de Copa Libertadores, se sabe que compiten. Por algo los entrenadores de los equipos locales prefieren evitar estos cruces. Y Vélez y Talleres regalaron un partido memorable que tuvo de todo: muchos goles, emociones cambiantes, calor en las tribunas, también hinchas rivales infiltrados, corridas e incidentes varios. Todo en 90 minutos vibrantes para que Vélez se impusiera 3-2 con un gol agónico de Julián Fernandez.

Tiene otra energía la Copa Libertadores de América. Se juega con los pies y también con la cabeza. Por eso Vélez y Talleres se encuentran en los puestos 25 y 26 en el torneo local de 28 equipos. Los partidos de copa te consumen porque se juegan con fervor y nervios. Eso se percibió en el primer chico entre argentinos: poco brillo y muchísimas ganas.

Y en eso de demostrar ganas, Vélez sacó una pequeña ventaja. Hay una virtud visible en el uruguayo Alexander Medina: sabe tocar la fibra de sus dirigidos. Se notó en la manera en que los futbolistas de Talleres lo fueron a abrazar -con fuerza, risas y sinceridad- antes del inicio y por cómo salió a jugar Vélez en esos instantes iniciales. Lo del local fue una continuidad de lo que hizo contra River

en esta misma cancha: intensidad para presionar y deseos prematuros de visitar el arco de Guido Herrera. De un lateral llegó el Fortín a su gol. Esa secuencia, se sabe, enloquece a los entrenadores que reciben el tanto. Sucede en el fútbol amateur y en el profesional. Sacó rápido un saque de banda Leonardo Jara, fue a buscar la devolución de Pratto y mandó un centro pasado para la entrada de Lucas Janson, que le ganó el salto a Gastón Benavidez y la metió abajo, sobre el palo derecho de Herrara. Apenas iban 4 minutos.

El gol cambió la dinámica del partido y Vélez ya no se pareció al que fue contra River porque resignó la pelota y se replegó. La postura fue más una estrategia del Cacique que un asedio de Talleres, que manejó la pelota pero sin profundidad. Solo inquietó con un par de desbordes de Diego Valoyes -el mejor de la T- que cerró Garayalde por el centro cuando los volantes visitantes se metían con intenciones peligrosas al área.

El Vélez al acecho logró recuperar un par de veces en su campo y se soltó masivamente. Pero ni Luca Orellano ni Pratto estuvieron finos para definir y fallaron en los pases finales o en los remates. Sobre el final Janson cabeceó a las manos de Herrera una pelota bajada en el segundo palo por De los Santos. La ventaja de dos goles hubiese sido exagerada.

El complemento comenzó con los incidentes entre hinchas en la Platea Sur Alta. Los de Vélez corrieron a los de Talleres, mientras que en el campo de juego los cordobeses imponían condiciones. Fue positivo el ingreso de Rodrigo Garro por el lesionado Oliva en el final del primer tiempo. La T se plantó mejor en el campo, con más futbolistas con vocación ofensiva.

Siempre buscó desbordar por derecha, con Valoyes en altísimo nivel. Merodeó mucho el empate la visita, pero no pesó. Tuvo una clara que Lucas Hoyos le sacó a Valoyes.

A Vélez le salió más fácil hacer goles que jugar bien. Cuando peor la pasaba, otra vez apareció la fórmula del gol: centro de Jara y gol de cabeza de Janson. Jaja, habrán reído los simpatizantes de locales por esa dupla que los hizo delirar de emoción. Parecía un gol de KO para Talleres.

Pero los de Córdoba aún tenían cosas por decir. Es cierto que la jugada del descuento de Michael Santos se inició con un error de De los Santos, que estaba haciendo un partido ejemplar. El zaguero intentó parar un saque largo de Herrera y el balón se le fue por debajo del botín derecho. Del lateral vinieron los centros pasados y el descuento de Santos.

Talleres fue un vendaval y Vélez un sinfín de dudas. El local se metió todo atrás y comenzó a patear para arriba sin más. Defender como sea, lo llaman. Pero Matías Catalán se mandó una jugada de lateral brasileño, gambeteó a cuatro rivales, metió un centro y Garro, que capturó el rebote, la clavó en el ángulo derecho.

El empate hubiese sido lo más justo, aunque al duelo le quedaba el jugadón de Julián Fernández: la llevó de derecha a izquierda y definió de zurda el centro de Perrone. Para cerrar con un moño el marcador.

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

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