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Sophia Loren la rompe en La Vida ante Sí y podría ser candidata al Oscar

La viva romana en uno de los pasajes del film dirigido por Edoardo Ponti, su hijo.

A los 86 años, y después de once de ausencia, Sophia Loren volvió al cine. Es la protagonista de La vida ante sí, dirigida por su hijo, Edoardo Ponti, que se acaba de estrenar en Netflix y es un éxito de público.

Ella es Madame Rosa, una sobreviviente de Auschwitz que cuando abandonó la prostitución se encargó de cuidar en su departamento a los hijos de las prostitutas que no pueden tenerlos consigo. Y decide hacerse cargo de un niño senegalés de 12 años.

Pese a su edad, la Loren muestra una fuerza increíble en el papel. El poder de una diva inmortal que, sin embargo, no la tuvo fácil al principio de su carrera: “Pensar que en mis comienzos decían que era imperfecta para el cine. Boca grande, nariz larga”, recordó alguna vez.

Le decían “escarbadientes”, que era “demasiado delgada, demasiado alta, demasiado todo para dar con el porte justo, con el canon hegemónico”. Tanto le dijeron que aprendió a lograr que las palabras rebotaran y volvieran a quienes sentenciaban con maldad.

Hija de la actriz Romilda Villani (19141991), Sofia Villani Scicolone nació en Roma, pero creció en Pozzuoli, cerca de Nápoles, en la casa de su abuela. Su padre había decidido seguir su vida lejos de ellas, por lo que se crió en una taberna familiar en la que su madre tocaba el piano ante una clientela de soldados, en plena Segunda Guerra Mundial.

El primer trabajo artístico fue en fotonovelas. A los 15, se enamoró de Carlo Ponti, a quien consideraría años después “el padre que no tenía”. Loren se había presentado como candidata a Miss Roma, certamen del que Ponti, productor, era jurado. Más de veinte años de diferencia. El flechazo terminó en un matrimonio y dos hijos. Ponti estaba casado cuando quedó hipnotizado por Loren, menor de edad. “Italia de la posguerra, atravesada por la conservadora moral católica. Hubo mucho revuelo. ‘Si no podés casarte, ¡estás condenada a ser una amante de por vida!’, decía mi madre”. Finalmente se casaron en México.

“Tiene caderas hermosas, pero no va a poder tener hijos”, le anticipó un brutal médico una vez. La sentencia fue un error. La actriz de Matrimonio a la italiana (1964, de Vittorio de Sica), y Un día muy particular (1977, de Ettore Scola) fue más que madre: “Madraza, loba sobreprotectora dos veces”. No hablaba inglés, pero el día de 1951 que se presentó a una prueba para el filme estadounidense Quo vadis? dijo a todo “yes”. Así consiguió su primer papel en Hollywood.

La muerte la rozó en 1955. Estaba por asistir a un evento de promoción en Bruselas, pero canceló a último momento. Los organizadores decidieron que viajara en su lugar la actriz Marcella Mariani (Miss Italia 1953). El avión de regreso, un DC-6 de una compañía belga, se estrelló en el Monte Terminillo. Murió Marcella.

Ningún otro par de ojos lo logró: que un diseñador de autos se inspirara en ellos para dibujar los faros de la máquina. Pocos saben que el emblemático Peugeot 504, con sus faros trapezoidales, lleva el sello de la Loren. A lo largo de su carrera acumuló miles de anécdotas. De las buenas y de las otras. Por ejemplo, en La condesa de Hong Kong, filme británico que terminó en pesadilla. El director era Charles Chaplin. Los protagonistas, Marlon Brando y Sophia. Mediados de la década del ‘60: el #MeToo no existía ni en sueños. Sophia se fue a su casa, guardó el secreto y lo confesó medio siglo después: “Marlon, mano larga, se quiso sobrepasar. Yo lo miré tranquila, muy tranquila. Lo pulvericé con mis ojos, y le advertí: ‘No te atrevas, no sabés de lo que soy capaz. Deberías tenerme miedo’”.

Ninguna de sus más de cincuenta películas tuvo tantos vericuetos como su biografía real. En 1982, por ejemplo, la diosa conoció la soledad y la precariedad de la cárcel. Temas s impositivos, declaraciones no hechas y una condena a un mes de prisión.

Cumplió su pena en Caserta, a 200 kilómetros de Roma. A su aterrizaje en el aeropuerto de esa ciudad (proveniente de Ginebra) la esperaba un agente para esposarla. Puro glamour, sus tacos sonaron como martillazos en los pasillos del penal.

Soportó esos días sin chistar, hasta que en 2013 se hizo justicia tarde: la Corte Suprema Italiana determinó que la actriz no debía haber terminado en la cárcel por evasión fiscal. “A buena hora se acuerdan de limpiar mi imagen”, ironizaba “el monumento” italiano.

Loren ganó su primer Oscar en 1961 por su trabajo en Dos mujeres, de Vittorio De Sica, en el que fue el primer premio que la Academia de Hollywood concedió a una actuación en una película no hablada en inglés. Tres décadas más tarde le dieron un segundo Oscar, esta vez honorario, por “una carrera rica, con actuaciones memorables que le agregaron lustre permanente a nuestro arte”.

La vida ante sí también podría poner a Sophia Loren ante la posibilidad de llevarse su tercer Oscar. La crítica especializada no duda en ponderar su papel. Medios como The Hollywood Reporter, The Wrap y Variety ya destacaron “un relato realmente emocionante”, dejando en claro que Loren tiene “grandes posibilidades de ser nominada a los Oscar como Mejor Actriz”

Una nominación marcaría un récord: el de ser la primera actriz de habla no inglesa en ser candidata por tercera vez. Además de por Dos mujeres, volvió a ser candidata en 1966 por Matrimonio a la italiana, también de Vittorio De Sica. Además, rompería el récord de la mujer más veterana en competir por la preciado premio, superando a Emenuelle Riva, que a los 85 rivalizó porAmour (2012). Si lo ganara, superaría a Jessica Tandy, hasta ahora la mayor en obtenerlo, con 80 años, por Conduciendo a Miss Daisy, en 1989.

Loren escribió sus memorias hace cinco años y en ellas explicó su relación platónica con Marcelo Mastroianni, con quien compartió doce películas. Nos encontramos por primera vez en un set y nos enamoramos de inmediato. Cinematográficamente hablando, se entiende. La sintonía fue inmediata y continuó hasta el final. Nada pudo estropear la relación”. Durante más de tres décadas se cansó de responder preguntas sexistas en cada conferencia de prensa o en entrevistas personales. Muchos hacían foco en su belleza antes que en su actuación. “¿Qué come Sophia para estar tan linda?”. “¿Cómo es su dieta?”. “¿En base a qué logra ese cutis y esa figura?”.

Dos respiraciones profundas y elegancia italiana para la respuesta. Hasta hoy sigue revelando con una sonrisa la fórmula: “Todo se lo debo a los spaguetti”.

Clarín/Espectáculos

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