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Semana Fogwill, en recuerdo del escritor argentino que se fue hace diez años

Fogwill, «el maestro del arte de la elipsis”, como lo definió Borges.

¿Y ahora qué carajo hago, papá? ¿Escribo para que no seas escrito o dejo de escribir?”, se preguntaba Vera Fogwill en un texto que publicó Radar. La primera década sin Fogwill –que murió el 21 de agosto de 2010, a los 69 años— expande el dilema de este interrogante. Como precisó Daniel Link, ¿y ahora qué carajo hago? es una pregunta que tiene que hacerse cualquier persona que quiere escribir después de la muerte del autor de Los pichiciegosEste lunes comienza la “Semana Fogwill” online, organizada por la editorial Alfaguara, con Leila Guerriero, Martín Kohan, Alan Pauls, Gabriela Cabezón Cámara, Patricio Pron y Pola Oloixarac, entre otros, quienes compartirán reflexiones, lecturas, videos, guías y material inédito para recordar la obra de uno de los autores que cambió la literatura argentina de fin de siglo XX. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno compartirá en su página web los archivos audiovisuales de las “Jornadas Fogwill”, que se realizaron en 2013.

Alfaguara publicará en marzo de 2021 una edición en formato facsimilar de Mis muertos punk, Pájaros de la cabeza y Música japonesa, los tres primeros libros de cuentos de Fogwill, ese hombre que fue media docena de autores muy distintos con el mismo nombre de marca, según Elvio Gandolfo. Sociólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires, publicista y experto en marketing, suprimió sus nombres Rodolfo Enrique por su apellido a secas, “como Sócrates, Platón, Aristóteles”, para firmar sus libros. El maestro del arte de la elipsis”, como lo llamó Borges –a quien le leyeron un cuento de Fogwill, pero salteando las partes más fuertes–, siempre recordaba que el autor de El Aleph lo había definido como el hombre que más sabe de cigarrillos y automóviles. “Yo me puse contentísimo… pero tarado –me dijo Enrique Pezzoni–, ‘quiso decir que no sos un escritor’”. La construcción de su imagen incluía este tipo de anécdotas que otros callarían por pudor; era el provocador y polemista lenguaraz que sabía que para estar en el centro tenía que empeñar la palabra y someterse él mismo al arte del injuriador injuriado. Fue docente en la Universidad de Buenos Aires, pero tras el golpe militar de Juan Carlos Onganía en 1966 lo expulsaron por “comunista”. Siempre contaba que para un trotskista lo peor que le podía pasar, en aquella época, era ser confundido con un comunista. De sus escarceos con la Cuarta Internacional pegó el gran salto como “investigador de mercados”. Llegó a tener “la agencia más grande de América latina”. Hizo fortunas, pero lo perdió todo.

Una década después de su muerte los libros y artículos del escritor de ojos desorbitados –la mirada del loco más cuerdo de la literatura argentina, el que pudo ver la cara a la realidad— continúan interpelando y poniendo a lectoras y lectores ante el abismo de la lucidez y de un “cinismo terrorista”, como planteó María Pía López en un homenaje del Filba (Festival Internacional de Literatura). “El núcleo mayor de lucidez crítica de la obra de Fogwill es que dice que no hay salida alguien que se piensa como sobreviviente de todo”, reflexionaba López. “Fogwill escribe como un sobreviviente, como alguien que vive a fondo la experiencia de esas máquinas de destrucción. Pero siempre tiene la reserva más libertaria en su interior: que algo salva. Eso que salva es la posibilidad de narrar, la experiencia poética o la consideración última sobre la lengua que usa. Esa literatura afirma que la redención de la vida es posible”.

Más allá de las controversias que generaba la maquinaria mediática que construyó en torno a su figura como escritor, la poesía de Fogwill quedó eclipsada por novelas como Los pichiciegos, Vivir afuera y En otro orden de cosas. Los poemas de El efecto de la realidad, Las horas de citas, Parte del todo, Lo dado, Últimos movimientos y Canción de paz, entre otros, están incluidos en Poesía completa, que Alfaguara publicó en 2016. La misma editorial lanzó póstumamente La gran ventana de los sueños y La introducción. El sello Blatt & Ríos editó Memoria romana, que incluye once textos inéditos del escritor. “El desencanto es/ música que me acompaña”, se lee en uno de sus primeros poemas. En el prólogo de la Poesía Completa, Arturo Carrera advierte que Fogwill, como los trovadores provenzales, “atiende el canto; busca esa consonancia difícil, de pomposa sonoridad. Siempre el lector de Fogwill es un lector de música”. Si como escribió en un poema dedicado a su hija Vera, “todas las sílabas que se omitieron vuelven”, a diez años de su muerte lo que vuelven son sus poemas (acaso omitidos o desplazados) para encontrar el lugar que merecen en la respiración de su obra.

*La Semana Fogwill, del 17 al 22 de agosto, se puede seguir en la web y redes sociales de @megustaleerarg

Silvina Friera/Página 12

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