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Segunda edición del Festival Monoblock en el Abasto Social Club

Suyay, de Pilar Ruiz, es uno de los diez monólogos que subirán a tablas.

Una “puesta en valor del monólogo”: así es como define al Festival Monoblock una de sus organizadoras, Liliana Weimer, actriz y coordinadora del Abasto Social Club, sede de la propuesta. La que comienza este martes es la segunda edición, aunque el «Monoblock» tiene una historia previa con el más abreviado formato de ciclo. Durante estos días se presentan diez monólogos, todos incluidos dentro de una antología editada por Libros Drama. Además, habrá talleres gratuitos y mesas debate, entre otras actividades.

El punto de partida de este acontecimiento es una situación que se repetía en la vida de la directora teatral Natalia Casielles, ideóloga del Monoblock. Hace unos años, ella venía abocándose a los documentales y los monólogos, y constantemente recibía el mensaje de que eran formatos «aburridos». «Cuando hace seis años trajo la idea del ciclo a la sala y empezamos a coproducir, vimos que había un potencial maravilloso en estos monólogos. Que permitían un mosaico, la posibilidad de que se pudieran expresar varios”, recuerda Weimer. Las obras seleccionadas se presentan con funciones rotativas y tienen una duración máxima de 20 minutos cada una.

La presidenta de la Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI) aporta su mirada sobre las múltiples posibilidades del monólogo. Ella es actriz y es desde el cuerpo que reflexiona: “Concentra todas las técnicas y teorías que podés haber adquirido. Intervienen una cantidad de factores; es un concentrado de todo. Implica interactuar directamente con el público. Y no hay otro apoyo en la escena. Hay 20 mil pensamientos paralelos que te atacan al momento de actuar». Weimer comparte el «equipo Monoblock» junto a Natalia y Valeria Casielles, quien también administra la sala porteña.

Un jurado integrado por Natalia Casielles, Juan Ignacio Fernández y Martín Flores Cárdenas seleccionó 10 monólogos de entre los 125 que respondieron a una convocatoria abierta. Los títulos son Arde Notre Dame, de Ana Clara Schauffele; Selektion, de Juan Pablo Barrios; El valle de la lágrima, de Julieta Desmarás; Poros, de Laura Sbdar; Los pies mojados, de Gabo Baigorria; Serena Williams, de Lucas Sánchez; Zelda, de Jorge Luis Drechsler; Suyay, de Pilar Ruiz; No duerme, de Verónica Mc Loughlin y Juliana Muras; y ¿De qué vamos a hablar cuando ya no hablemos de la muerte?, de Jimena Aguilar. Están divididos en dos grupos. Uno se presenta el viernes a las 21 y el sábado a las 20; el otro, el sábado a las 23 y el domingo a las 20, siempre en el Abasto Social Club (Yatay 666). Por otra parte, las clases abiertas y gratuitas (de actuación, puesta en escena, dramaturgia y escritura) están a cargo de Laura Paredes, Valeria Correa, Cristian Drut, Eugenia Pérez Tomas y Sol Pavéz.

Desde sus comienzos, Monoblock recupera parte de la «esencia» del teatro independiente. “Nos gusta mucho el carácter de experimentación que tiene el festival. Si bien todo se prepara y presenta de manera híper profesional, no queremos que se pierda ese espíritu: el de probar y tomar un riesgo”, subraya Weimer. Un dato es que varias de las obras que se dan a conocer en este marco luego toman vuelo y se convierten en espectáculos de larga duración. A fines de marzo, por ejemplo, estrena en Abasto Social Club Con el peso del mundo, de Jimena Aguilar, que tuvo su primera versión dentro de la edición pasada. Otros ejemplos son El amor es una mierda, de Cecilia Meijide; Asambleas permanentes: plantas de interior, de Bela Carabajal y otro estreno próximo, La belleza de lo imperceptible, de Ananda Brédice.

El grueso del material que respondió a la convocatoria llegó de parte de dramaturgos y dramaturgas jóvenes, de entre 25 y 40 años. «Y la mayoría de las que fueron seleccionadas son autoras, que convocaron a directoras y actrices. No se hizo preferencia ni fue un tema de cupo», aclara Weimer. Como sucedió el año pasado, el festival se hace eco del clima de época y el feminismo queda ubicado en primer plano. «Transita por temáticas como la maternidad, los mandatos sociales, el amor, la soledad… mucho tema feminista. También aparece lo vincular y el mundo interior que se despliega a partir de distintos vínculos», enumera la actriz al referirse a los tópicos que arman el «mosaico». Monoblock, que en su primera edición convocó ante todo a un público también joven, cuenta con apoyo de Mecenazgo Proteatro. Los horarios de las clases se pueden consultar en www.abastosocialclub.com.

María Daniela Yaccar/Página 12

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