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Se cumplieron 50 años de Bonavena-Alí en el Madison Square Garden

El argentino sorprendió a Alí en las declaraciones previas y en el noveno round.

El boxeo argentino venía dulce en aquel final de año de 1970. Un mes antes en Roma, Calos Monzón había sorprendido a muchos noqueando a Nino Benvenuti y ganándole la corona mundial de los medianos. Quizá eso alentó más a los argentinos aquel lunes 7 de diciembre de 1970, cuando ciento de miles se sentaron frente al televisor para ver la pelea entre el pesado de Parque de los Patricios, Oscar Natalio Bonavena, y Muhammad Ali, a quien una gran mayoría todavía seguía llamando Cassius Clay.
El Madison Square Garden de Nueva York era la cita y ellos protagonizarían el combate, en tiempos en que los empresarios del boxeo y la televisión de los Estados Unidos habían decidido organizar veladas por TV los lunes por la noche, porque era un día de alto encendido y además no estaba tan cubierta la agenda de eventos deportivos.
Argentina se alborotaba una vez más por un boxeador de los nuestros peleando en el exterior, en busca de una conquista importante. En esta oportunidad estaba en juego el título de la NABF (Federación Norteamericana de Boxeo) de los completos y la distancia era a 15 rounds. Pero lo importante no era el cinturón sino el rival que enfrentaba Oscar.
Ali iba reconstruyendo su carrera boxística luego de la sanción que había sufrido por no alistarse al ejército y no combatir en Vietnam, además de ser crítico de esa postura del gobierno de los Estados Unidos respecto de aquella guerra. Bonavena sería la segunda pelea que hacía luego de esos tres años de receso obligado.

En la previa, Ali, creador de un estilo provocador, histriónico, buscando promocionar su pelea, nunca imaginó que enfrente tendría un rival con características similares, que lo iba a frenar en seco, diciéndole en la cara cosas como “gallina”, por no haber ido a la guerra. Fue en el pesaje, cuando se vieron las caras antes del pleito. A su vez Ali le dijo que lo noquearía en el noveno.
Ese round cero que tuvo lugar en la balanza, calentaría los motores de una pelea que paralizó la Argentina con un nivel de rating impensado, que recién fue superado por los partidos de la Selección Argentina con Diego Maradona en los mundiales.

El combate se vio en el país por Canal 13 de Buenos Aires y las repetidoras del interior, con relatos del pampeano Ricardo Arias. En el estadio había 20 mil personas que buscaban reencontrarse boxísticamente con Ali, para saber si era el mismo, pese a los tres años de no subir a un ring.
Bonavena, con su potencia, sus pies planos y su cross de izquierda terrorífico, subió a pelear. Su boxeo fue tomando calor y color a medida que avanzaba la pelea, y su mejores pasajes fueron en el segundo tercio de combate hasta llegar a la vuelta 9, en la que Ali había prometido noquear. Lejos de eso, y pese a que ´Ringo´ le costaba acortar distancia para descargar sus envíos, en ese momento, quien pegó fue Bonavena, afectando a Ali sobre el final. El púgil de Luouisiana incluso visitó la lona, pero no fue por golpe lícito, por lo que no hubo cuenta del árbitro.
Pero la superioridad técnica, la acumulación de infracciones y Mark Conn, un árbitro local benevolente con Ali, hizo que en el último capítulo el estadounidense lo tirara tres veces a Bonavena.
El muchacho de Parque de los Patricios perdió por nocaut técnico, pero su prepotencia en el pesaje y rueda de prensa, y su valentía sobre el ring, dejarían conforme a los argentinos y la noche del Madison quedaría en la memoria colectiva de un país que tiene en ´Ringo´ un personaje mítico, un boxeador imborrable, que se destacó dentro y fuera de un ensogado. Desde entonces el video de aquella pelea se ve una y otra vez, como si en la repetición se buscara un resultado diferente, una victoria de Bonavena.
Quién no escuchó alguna vez una de las tantas frases de ese filósofo urbano porteño:

  • “La experiencia es un peine que te la vida cuando te quedas pelado”.
  • “Cuando suena la campana, hasta el banquito te sacan y uno se queda solo”.
  • “En la escuela, de tanto repetir, casi me caso con la maestra”.
  • “¿Cuántos hermanos somos? Ocho vivos y yo, que soy el único que trabaja”.
  • “Mejor perder a lo macho que ganar a lo cobarde”.
  • “Todos me lo cantaban en el barrio: vas a ser boxeador, y a fuerza de repetírmelo, me lo creí”.

En el boxeo hay derrotas que engrandecen, lejos de provocar fracaso y olvido. Esa noche frente a Ali, Bonavena se hizo grande e inolvidable. Pasó medio siglo, y parece que fue ayer.

Flor de Ko/alaveradel ring.com

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