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Se cumplen 50 años del suicidio de Marilyn Monroe

Hace medio siglo que la diva norteamericana se convirtió en mito.

En la madrugada del domingo 5 de agosto de 1962, el psiquiatra Ralph Greenson pudo romper la ventana de la habitación de Marilyn Monroe. Eran las 3.30 y se comunicó con la policía de Los Angeles: “Soy el médico de Marilyn Monroe, estoy en su habitación. Ella se suicidó”.

Aquel episodio es tan famoso como las imágenes: la mayor estrella del Hollywod de su tiempo, y acaso de todos los tiempos, desnuda, sólo cubierta por su sábana blanca y una manta champán, con el auricular del teléfono en mano. Y sobre la mesa de luz, el frasco ya vacío, después del consumo de somníferos.

Si Marilyn era la actriz más famosa del mundo y un inigualable símbolo sexual de acuerdo a las coordenadas de ese tiempo, con los años aquel mito iba a crecer. Y a diversificarse en todos los campos culturales y de la moda.

Imágenes y filmaciones refieren a la faceta musical de Marilyn: cantando para las tropas en Corea o en el Madison. Pero era obvio que el ambiente de la música iba a tener a Marilyn como protagonista.

Probablemente el más famoso de los temas es Candle in the wind, que la dupla Elton John / Bernie Taupin incluyó en uno de sus primeros y mejores álbums, Adiós camino de ladrillo amarillo, hace casi medio siglo. Según Taupin, el habitual letrista de Elton, si bien el tema estaba inspirado en Marilyn, podía aplicarse a otras “estrellas jóvenes y fugaces” como James Dean, Janis Joplin o Van Morrison. En 1997, durante los imponentes funerales para la princesa Diana, convocaron a Elton –su entrañable amigo- para que cantara Candle in the wind en su homenaje, en la Abadia de Westminster. Allí adaptó la letra. Y el single lanzado en las semanas siguientes llegó a ser uno de los más vendidos de la historia con 33 millones de copias.

“La soledad fue dura / El papel más duro que has interpretado/ Hollywood creó una superestrella / Y el dolor fue el precio que pagaste / Incluso cuando moriste…”, le escribió Bernie Taupin y le cantó Elton a Marilyn: “Y me parece que viviste tu vida / Como una vela en el viento…”

Figuras del pop en distintas generaciones –desde Madonna en su Material Girl de 1985, Nicki Minaj o Lady Gaga- también aludieron a Marilyn en algunos de sus videos y canciones.

Su presencia en el arte

Hace casi tres meses, durante una subasta de Christie’s en el Rockefeller Center, uno de los retratos de Marilyn realizado por Andy Warhol, el rey del pop, se vendió en 195 millones de dólares: se convirtió así en la obra del siglo XX más cara de la historia, superando los 179,3 millones que se habían pagado por Las mujeres de Argel, de Picasso.

El Shot Sage Blue Marilyn de Warhol ya había recorrido las principales salas del mundo, por lo que no extraña que se haya convertido en una obra icónica.

Hasta Salvador Dalí, en 1967, realizó Mao-Monroe en su típica clave surrealista, un cuadro en el que combina la figura del déspota chino y el encanto de Marilyn. Ya en 1954, el holandés Willien de Kooning había retratado a la actriz, en la plenitud de la fama, pero que resultó premonitorio: es un cuadro repleto de dolor. Otros famosos artistas que la retrataron fueron James Rosenquist y Pauline Boty.

Curiosamente, Warhol no conoció a Marilyn en persona pero comenzó a trabajar sobre ella con veinte pinturas basadas en fotografías publicitarias de Niágara, película de 1953.

En el lanzamiento de su subasta, la casa Christie’s sostuvo que “a través de Andy Warhol, Marilyn es tanto el epítome del Sueño Americano como una imagen universalmente reconocida, grabada en la conciencia colectiva, la Mona Lisa moderna”. Y afirman que “es ahora un poderoso símbolo de todas las mujeres, desde la huérfana desatendida hasta la protagonista femenina dominante”.

Tributos en el cine

En pocas semanas se estrenará Blonde, la película producida por Netflix con la ascendente Ana de Armas como protagonista central, la dirección de Andrew Dominik y tomando como referencia la novela de Joyce Carol Oates, probablemente la más lograda sobre la figura de Marilyn.

Hasta Salvador Dalí tomó la imagen de la diva para una obra en su típica clave surrealista.

Pero cuenta con varios antecedentes cinematográficos. Uno de ellos, en 1996, intentaba una biografía de la actriz, interpretada por Ashley Judd como la joven Norma Jean Dougherty y Mira Sorvino como Marilyn figura consagrada. Se basaba en un libro del actor Eddie Jordan, el mismo que sostuvo tener alguna relación fugaz con Marilyn.

La película más conocida fue Mi semana con Marilyn, que dirigió Simon Curtis una década atrás, con otra rubia glamorosa como Michelle Williams en el protagónico. Allí se describe la estadía de Marilyn en Inglaterra, en 1956, cuando -recién casada con Arthur Miller- viajó para filmar El príncipe y la corista. Otros filmes fueron la primera versión de Blonde (2001, estadounidense con la australiana Poppy Montgomery), Goodbye, Norma Jean (trata sobre los primeros años de Marilyn en Hollywood antes de la fama y la interpretó Misty Rowe) y Goodnight Sweet Marilyn, de Buchanan con Paula Lane, donde intercalan escenas de juventud y de sus momentos más recordados.

La literatura y Marilyn

Si estuvo casada con uno de los dramaturgos más renombrados de su país (Arthur Miller), conoció y compartió varios momentos con otro de los grandes talentos literarios de su época (Truman Capote) y sobre su propia biografía escribieron nombres relevantes -Norman Mailer antes, Joyce Carol Oates más cercana en nuestro tiempo- la vigencia de Marilyn en este campo es significativa.

El segundo matrimonio de Marilyn había sido un acontecimiento en Estados Unidos ya que unía a otro ídolo como Joe Di Maggio, astro del béisbol con los New York Yankees. Duró muy poco, apenas los primeros nueve meses de 1954, aunque fue Di Maggio el único entre sus tres esposos que llegó a Los Angeles para ocuparse del funeral.

Divorciada de aquel, la nueva relación con Arthur Miller, diez años mayor y supuestamente de “otro ámbito” resultó toda una sorpresa. Que también tuvo breve recorrido. Se casaron el 29 de junio de 1956 y Marilyn le dijo a la multitud de periodistas y fotógrafos: “Es la primera vez que estoy realmente enamorada. Arthur es un hombre serio, pero tiene un sentido del humor maravilloso, estoy loca por él”.

Los había presentado el cineasta Elia Kazan, cuando Miller ya llevaba una década con Mary Slattery, su novia de la adolescencia y madre de sus dos hijos. El matrimonio Monroe/Miller se derrumbó cuando ella leyó en el diario de su marido, a los pocos meses que se arrepentía “de haberse casado con una niña y no con una mujer”. Se divorciaron en 1961 en un juzgado de Ciudad Juárez, México.

Miller no fue muy justo con Marilyn, sobre quien escribió en Vueltas al tiempo: “Su estrellato era su victoria, ni más ni menos, era el objetivo, la culminación de su existencia. ¿Cómo me sentiría yo si mi matrimonio estuviese condicionado a la domesticación de mi arte? La verdad desnuda, sencilla y moral era que no había ninguna diferencia entre ella y la actriz. Ella era Marilyn Monroe y era esto lo que la destruía”.

Capote imaginó a Marilyn para el rol central de la versión fílmica de Desayuno en Tiffany’s, que finalmente recayó en Audrey Hepburn. En cambio, la retrató con Una hermosa niña, uno de los relatos que ofrece en esa obra maestra llamada Música para camaleones. Capote la exhibe como auténticamente era: luminosa, frágil, contradictoria y asaltada por sus propios demonios.

Entre las varias biografías difundidas sobre Marilyn, Blonde es la más lograda y Joyce Carol Oates ambicionó allí reflejarla como una emblema del siglo XX en su país. Con todas las licencias necesarias para su novela, intenta llevar la voz interior de Monroe y que esta reciba su merecida compasión y respeto.

Alguna vez Oates escribió que la primera imagen que tenía era la de Marilyn con quince años -todavía Norma Jeane Baker- ganando un concurso de belleza en California: “Esa joven me recordó poderosamente a las niñas de mi infancia”.

Oates estudió al detalle vida y obra de Monroe, y resaltó su determinación de ser vista como “una actriz seria”. Y su vida atrapaba las múltiples tendencias de la cultura estadounidense de su tiempo. En 2015, la escritora le dijo a la revista Time que sentía a “su” Monroe como “mi Moby Dick, una poderosa imagen motivadora”. La describe tanto en su infancia (la chica ilegítima que crece en un orfanato) como en su fase triunfal (la diosa del cine, la bomba sexual, la creación artificial del sistema de Hollywood).

Norman Mailer simplemente tituló Marilyn a la biografía y la despidió así: “Adiós, Norma Jean. Au revoir, Marilyn. Si te encuentras con Bobby y Jack, guíñales un ojo y si tienes ganas, ve a visitar al señor Dickens. Por que él, como muchos otros escritores, no podría menos que adorarte, pequeña huérfana”.

Luis Vinker/Clarín-Espectáculos

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