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Roger Federer: la noticia que el deporte sospechaba, pero no quería escuchar

Tres operaciones en su rodilla derecha le jugaron una mala pasada a uno de los mejores tenistas de la historia.

Cuando Roger Federer retornó hace algunas semanas para una celebración especial en Wimbledon durante el desfile de ex campeones soñó que todavía estaba a tiempo para el “último baile”. A punto de cumplir 41 años le quedaría algún intento más sobre el césped. No se dio ni se dará.

Aquel que con sus récords, sus hazañas y, fundamentalmente, con su estilo se ganó un lugar entre los más grandes deportistas de la historia ya sentenció su retiro. No es sólo el paso implacable del tiempo sino la exigencia física demoledora sobre los deportistas de elite; tres operaciones en su rodilla derecha fueron suficientes.

Federer fue un descomunal jugador y también el que heredó las cualidades de “gentleman” que solían marcar las tradiciones de su deporte. Y las dos imágenes permanecerán por siempre. Su grandeza técnica y su deportividad.

Lo curioso es que nada lo anticipaba en un chico rebelde, que rompía raquetas en sus horas de disgusto y asomaba cercano a la provocación. Alguna vez se produjo el click, acaso en aquella final de Hamburgo que perdió dos décadas atrás con Franco Squillari. Un click que lo llevaría a reinar por más de dos décadas en el tenis (otra cifra incomparable) abarcando entre sus rivales a distintas generaciones; de estilo y de actitud.

Igualmente increíble fue su vigencia; apenas un puñado de grandes figuras alcanzaron a pelear en el máximo nivel al llegar a los 40 años. Federer se marcha a los 41 aunque los últimos tiempos, entre la pausa de la pandemia y sus propias lesiones, lo tuvieron casi inactivo.

Su cuenta abarca más de 1.500 presentaciones en partidos oficiales y más de un centenar de títulos, 20 de ellos en los torneos de Grand Slam. Varios de los duelos con Nadal y Djokovic, en distintos momentos y en distintas superficies, se pueden inscribir entre los más grandes juegos que registra la memoria de su deporte.

En aquel Olimpo en el que se anotan Rod Laver, Bjorn Borg, Pete Sampras, Rafael Nadal y Novak Djokovic los dos últimos, más recientemente, Federer tiene su lugar reservado y los millones de apasionados por el tenis podrán elegir a placer.

Después de los gloriosos 70, o más aún, después de la era de Sampras-Agassi, pocos (o nadie) suponía que algún tenista alcanzaría una cifra de 20 títulos en Grand Slams. Nadal, Djokovic y Federer atravesaron esa frontera y llevaron el tenis a una nueva dimensión.

“The Master” (“El Maestro”) definió el diario estadounidense The New York Times al suizo, quien ya llevaba un largo rato en la categoría de leyenda. Su juego delicioso hasta le valió varias de las páginas más brillantes de la literatura tenística, incluyendo la del “momento Federer” que patentó David Foster Wallace. “La danza, la elegancia, la técnica, ese derroche de talento que por momentos desafía las leyes de la física, pero no de una manera bruta, sino inteligente. Se sabe que no hay manera de que Roger Federer haya dominado el tenis de la forma en que lo hizo sino fuera un atleta virtuoso, pero destaca el modo en que su juego por momentos parece detener el tiempo, sobre su fuerza y su potencia”, escribió.

El esplendor de Federer llegó a partir de 2005 y por un período de cinco años fue casi infaltable en las finales de Grand Slams (18 de 19 torneos, apenas no estuvo en la de Australia 2008). Luego, con la presión de Nadal y el posterior ascenso de Djokovic, se le hizo más difícil, pero siempre estuvo al borde del trono.

Si ya aquella cuenta de títulos es abrumadora, lo mismo sucede con el territorio que sentencia la clase suprema entre los tenistas: Wimbledon. Hasta el advenimiento del profesionalismo se mencionaban los siete títulos de un tal William Renshaw en el siglo XIX, cuando el campeón pasaba directamente a la final de la temporada siguiente. Y cuando Björn Borg reinó por cinco temporadas consecutivas, entre 1976 y 1980, se la consideró la mayor proeza jamás registrada en una cancha. Tanto que al ser destronado por McEnroe en 1981 demoró muy poco en colgar su raqueta.

Sampras extendió su reinado por siete temporadas, pero Roger Federer lo colocó en ocho, en su ciclo que se extiende desde 2003 hasta 2017 (cinco de ellos fueron consecutivos al principio), que también parece insuperable y al que hay que agregarle otras cuatro finales. Por eso la reciente ovación de una multitud devota en la cancha central del All England palpitó que no habría una cuota más.

“Si no sos competitivo no tiene sentido seguir”, insinuó en una entrevista reciente dejando sentado que la derrota en los cuartos de final ante el polaco Hurkacz en 2021 marcaría su despedida de aquel torneo.

“Federer, como Nadal, son tenistas que elevaron su propio deporte a una categoría superior, difícilmente superable”, definió Toni Nadal, el tío y ex entrenador del español. En el caso específico de Federer apuntó que “supo combinar potencia y elegancia en sus golpes y en sus desplazamientos con una eficacia y brillantez difíciles de igualar”.

Con Federer termina un tiempo, un estilo, un determinado físico y un contexto de tenis. Probablemente lo sucedido las últimas semanas en Flushing Meadows marque la aparición de otro.

Luis Vinker/Clarín-Deportes

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