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River perdió sin merecerlo. Racing ganó sin convencer

La atajada de Hoyos en el penal que ejecutó Nacho Fernández le dio la victoria al Fortín.

¡Cómo le cuesta la Superliga a River! Ni aun cuando mereció más, no pudo evitar la caída ante Vélez, que festejó una victoria en el Monumental luego de ocho años y medio en un entretenido encuentro, cargado de polémicas por la pésima actuación del árbitro Andrés Merlos. Lucas Hoyos fue gigante ante Nacho Fernández y le atajó de manera extraordinaria el penal que podría haber dejado todo en empate. Pero fue 2-1 para Vélez.

Y para el equipo de Marcelo Gallardo, esta derrota llega en un momento inoportuno. A poco más de una semana del choque de ida contra Boca por las semifinales de la Copa Libertadores. Ese mismo Boca que se le empieza a escapar en el torneo local.

Y cómo le vienen costando a River los partidos en el Monumental, también. En la Superliga, apenas ganó un juego (a Lanús) en su casa. Perdió dos (Talleres y Vélez) e igualó sin goles ante Boca. Y no triunfa en Núñez desde hace un mes, cuando venció 2-0 a Cerro Porteño en los cuartos de final de la Libertadores.

De todos modos, River tuvo pasajes de buen juego en el partido. En el primer tiempo, manejó más la pelota, aunque le costó entrar al área rival y se entretuvo mucho en el toque, que terminaba siendo más horizontal que vertical.

En la segunda mitad fue más punzante. Y acorraló a Vélez contra su arco, transformando a Hoyos en figura. El mendocino le sacó un cabezazo a Borré, otro a Martínez Quarta, un remate de Montiel, otro de Julián Alvarez, un tiro libre de Scocco y el penal a Nacho Fernández sobre el final del encuentro. Voló hacia su izquierda para sacar ese fuerte remate a media altura.

Para anotarle, River tuvo que ir hasta abajo del arco cuando Fernández empujó a la red un centro atrás de Martínez Quarta, que rompió líneas y entró por sorpresa al área de Vélez tras armar una gran jugada con Matías Suárez como partenaire. Es cierto también que el arquero visitante contó con algo de fortuna cuando Nacho Fernández y Martínez Quarta reventaron el travesaño y el palo, respectivamente, fue clave para el triunfo.

Se puede jugarle de igual a igual a River en el Monumental y no morir en el intento. Lo demostró Vélez. El conjunto de Liniers llegó a Núñez

despojado de prejuicios y sin temores. Y mucho tuvo que ver su entrenador, Gabriel Heinze, que en la semana les bajó un mensaje claro y contundente a sus jugadores.

“Vamos a jugar contra el mejor, pero vamos a ir a luchar y a buscar. A Jugar con el corazón, porque estas oportunidades no se presentan siempre”, dijo el míster. Y sus jugadores pusieron el corazón en el Monumental. Para plantarse y tratar de herirlo, cerrándose para retroceder y abriéndose para contraatacar. Sin temor a salir jugando cuando se podía. Siendo precisos para saltear la presión local. Asfixiando la salidal. Y atento a los errores ajenos. Justamente, con esas últimas virtudes ganó el partido.

Se puso en ventaja tras una presión sobre una salida con los pies de Armani, el arquero rechazó en dirección errónea, la pelota le cayó en la cabeza a Bouzat, bien ubicado, peinó Robertone, Paulo Díaz quedó pagando y Nicolás Domínguez se fue derechito al gol para cruzar un remate que terminó en la red. Y lo ganó con un contraataque que culminó con una gran jugada de Thiago Almada, a quien Armani le hizo penal. El pibe de Fuerte Apache se hizo cargo de la ejecución y lo cambió por gol. Después, otro error de Merlos, penal y Hoyos se transformó en el héroe velezano.

 Maximiliano Benozzi/Clarín

Lisandro López festeja el gol del triunfo de la Academia.

Había perdido el rumbo Racing después de la paliza de River. Un cachetazo demasiado duro, en su propio estadio, ese que lo despide ganador, cantando por un sueño: una nueva vuelta olímpica. Entre aquella goleada y este triunfo ante Arsenal, el campeón recuperó su identidad y un recurso muy valioso en el amanecer del ciclo de Eduardo Coudet: la pelota parada. Por esa vía, la Academia ganó su tercer partido consecutivo y relanzó su carrera al título.

Arsenal cayó de pie. Con un plantel menos jerarquizado, pero bien trabajado por Sergio Rondina, estuvo cerca de arañar un empate. Sin embargo, todo lo bueno que produjeron sus volantes, especialmente Nicolás Giménez, se deshizo por su enorme incapacidad para defenderse en el cielo del área.

Racing tuvo los elementos necesarios para aprovechar la fórmula del balón detenido: un buen ejecutante y futbolistas dominantes en el juego aéreo. Y el trabajo de la semana quedó plasmado en los dos gritos del Cilindro. Dos córners de David Barbona derivaron en el cabezazo goleador de Darío Cvitanich y en el anticipo de Alejandro Donatti, que bajó la pelota para la arremetida de Lisandro López. Y celebró la Academia, que pudo haber liquidado mucho antes el partido, pero no estuvo lúcido en cada contragolpe.

Arsenal había arrancado muy bien enfocado. Atento para forzar los errores de su ilustre rival en la salida y dispararse en ataque. Con Giménez de enganche y dos volantes externos con mucha llegada. Jesús Soraire por la derecha y Gastón Alvarez Suárez por la izquierda. En el círculo central, Ezequiel Piovi recuperaba y distribuía. Y el campeón no podía imponer su juego.

Giménez trabó, le robó la pelota al Pulpo González y sorprendió con un remate de 40 metros que obligó el esfuerzo de Gabriel Arias. Hubiera sido un golazo. Fue toda una carta de presentación de Arsenal. El vecino de Sarandí no estaba dispuesto a resignar el protagonismo.

Pero Racing tiene más calidad en su materia prima. Y un futbolista que empieza a ser eje en la construcción del juego. Barbona posee muchas variantes en su repertorio. Es desequilibrante en el mano a mano, juega de primera o cambia de frente largo. Estuvo muy preciso el volante recién llegado de Atlético Tucumán. Y después del gol, Racing dominó a su antojo. El cabezazo de Franco Sbuttoni sobre Cvitanich, una inexplicable agresión que mereció la tarjeta roja de parte de Patricio Loustau, dejó a Arsenal con diez hombres. Y a la Academia muy cómoda. Incluso, a pesar de la expulsión de Nery Domínguez, quien ya estaba amonestado por una infracción sobre Juan Manuel García y llegó tarde al cruce de Giménez. Estuvo impecable el árbitro.

Racing pasó de un comienzo con dudas a un control sostenido. Pero se lesionó Iván Pillud y obligó al Chacho a mover el banco. Introdujo a Lucas Orban en la zaga central e improvisó con Leonardo Sigali como lateral derecho. Rondina vio una ganancia por aquel sector. Y Emiliano Papa fue un extremo. De una falta sobre el lateral llegó el tiro libre que Giménez transformó en el empate con un extraordinario derechazo que superó la resistencia de Arias.

No tenía necesidad de refugiarse atrás Racing. Entró Jonatan Cristaldo por Cvitanich de refresco. Y encontró el segundo gol con Lisandro. Rondina sacó a su centrodelantero (Juan Manuel García) y apostó por Lautaro Parisi, un mediocampista con manejo que no gravitó. Hubo otro tiro libre de Giménez, esta vez bien resuelto por Arias con sus puños. No lo convencía la falta de peso en el área al

Huevo y prescindió de su enganche. ¿Era Giménez el jugador indicado para dejar la cancha?

Adentro Ezequiel Rescaldani, un 9 corpulento. Y creció la figura de Donatti, que sacó todo de arriba. En el medio, el Pulpo fue un reloj y Barbona inició las réplicas que sus compañeros no pudieron terminar. Quedó corto el resultado. El travesaño se lo negó a Donatti, en otra pelota parada a la que la Academia le sacó lustre, como en esos primeros buenos tiempos del ciclo de Coudet.

    Daniel Avellaneda/Clarín

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