
Una foto. El dedo índice apuntando hacia el cielo, la cabeza gacha que oculta la sonrisa del refuerzo del culebrón que celebra frente a la cabecera que le da la espalda a la avenida Figueroa Alcorta. La jugada de mercado saliendo perfecta. Maxi Salas con la #7 disfrutando de su primera noche, encaminando la victoria en el debut a River.
Una foto. Una que festejarán durante algunos días en Núñez. Que quizás hasta sea wallpaper de celular. Pero que no debe confundirse con la película de un trabajado triunfo versus Platense. Que ya no es aquel que ganó el Clausura en Santiago pero que, con varios intérpretes repetidos, se las arregló para complicar a un rival que también está en proceso de renovación. Necesaria pero, a la paulatina.
Cuarenta y cinco millones de euros -más impuestos- no se reemplazan tan fácil, ni tan rápido. Ni siquiera con agilidad de billetera. River atestiguó, incluso habiéndole ganado al Platense campeón del Apertura y disfrutado del primer gol del refuerzo de novelón, que al proceso de reoxigenación que impulsó Gallardo necesita tiempo.
Ver un nuevo River demandará horas y horas de entrenamiento y de roce para dejar de extrañar, por fin, aquel aporte de rubor futbolero con el que Franco Mastantuono lograba maquillar con efectividad ciertas carencias colectivas.
Por lo pronto, los tres goles que le dieron el triunfo a River fueron una especie de señales -si se quiere, premonitorias- de lo que el deté consigue la sinergia colectiva. O la lucidez individiual, cuando las piernas ya no tenían tanto combustible.
El gol de Colidio, por ejemplo, fue impecable por lo estético pero esencialmente por la resolución: el #11 no se enredó en gambetas demasiado prolongadas ni en búsquedas imposibles. Y como bonus track: siempre FC se mostró activo, práctico, veloz y atrevido, generando faltas y siendo una variante para recibir.
El segundo grito, el que rompió la monotonía desorganizada que destacaba a River hasta la definición de Salas, también tuvo rasgos gallardistas: llegó por una combinación en velocidad, con pocos toques y exceso de ingenio para desorganizar un fondo rival que estaba plantado con disciplina samurai. Vértigo que no se repitió con tanta claridad ni siquiera cuando Platense se quedó con uno menos con buena parte del segundo tiempo por jugarse.
El tercero, el que completó el resultado, una magistral habilitación milimétrica de un Pity Martínez que no venía teniendo el timing esperado para dejar a Borja mano a mano, permitiéndole al Colibrí definir frente a Cozzani con la simpleza que le venía faltando en sus últimas apariciones. Y eso es una tranquilidad extra para el Muñeco.
Aunque son fotos. Que de algún modo ilusionan. Como esos ratos de intensidad que mostró Salas en un ecosistema en el que no se siente del todo cómodo. O la voluntad de Lencina de ser prolijo y la electricidad de un Subiabre que se aceleró demasiado, casi como con la necesidad de demostrar de que puede estar a la altura. Pero no dejan de ser fotogramas que para hacerles la película a los hinchas requieren de continuidad en el rodaje. Y refuerzos.
Porque Platense, incluso sin su equipo de gala, supo neutralizarlo por momentos, incomodarlo, hacerlo caer en su juego. Propiciando errores, forzando pelotazos, desintegrando el plan del 4-3-3 al que le faltaron destellos por afuera para ser un tanto más efectivo. Un Juanfer Quintero puede ofrecer claridad en los pases. Pero lo conceptual trascenderá a los nombres: eso dependerá del contagio.
Como el que Salas, con su ímpetu ofensivo para ir a presionar la primera pelota de la noche y seguir por ese camino aun con vaivenes, demostró y se ganó la foto de la noche.
Nico Berardo/ole.com.ar

Si hay algún récord que Boca va camino a romper en este 2025 es el de las veces que debió arrancar de cero. Esas en las que las circunstancias no dejan margen más que para volver a empezar y borrar todo lo hecho hasta ahí. Le pasó en el inicio de año, en febrero tras quedar eliminado de la Copa Libertadores, cuando se fue Gago, con la llegada de Russo y ahora, a la vuelta del Mundial de Clubes y con el debut en el Clausura en este pálido 0 a 0 ante Argentinos.
Es claro que no se trata de una cuestión positiva, aunque menos promisorio es lo que se vio en gran parte del partido en La Paternal por parte de un equipo que se pareció mucho al desorbitado conjunto que deambuló por casi todas las competencias que le tocó jugar este año. Parecía haberse plantado bien de arranque, con la mitad de arriba enchufada: el siempre atento y voluntarioso Merentiel, ayudado en la presión inicial por Malcom Braida y con Alan Velasco enchufado. Pero sólo fue una sensación, que duró no más de 10 minutos, o los que tardó el local en acomodarse y empezar a tejer la telaraña en la que los de Russo quedaron atrapados sin oponer demasiada resistencia.
Con Fattori bien plantado en el medio, y la dinámica de Oroz y Lescano, de a poco la pelota se hizo monopolio del Bicho y Boca empezó a pasarla mal, porque además de encontrarse frente a un rival trabajado y con movimientos automatizados, en ocasiones hasta tenía que defender sus propios errores para que su arco no caiga en desgracia.
Mientras tanto, el de enfrente fue quedando cada vez más lejos. Con la Bestia en ese rol destacado pero incomprensible que lo transforma en el hombre-delantera cada vez que lo hacen jugar de llanero solitario, la única conclusión posible al ver jugar a este Boca (a éste, al de Gago, al de Herrón y también a las peores versiones de los de Almirón y Martínez) es mantener encendida la esperanza de que algún día un cambio de piezas, una decisión acertada o algún cambio radical lo hará mejorar.
Algo de todo eso lo grafica el dato de que Boca no pateó al arco en todo el primer tiempo, y que tampoco lo hizo demasiado en el segundo. Sí tuvo la qué tal vez fue la chance del partido cuando Palacios -en su único aporte lúcido- le filtró un buen pase desde campo propio a Merentiel, que se fue hasta el área rival con menos obstáculos que contra Bayern Múnich, pero esta vez se encontró con un Ruso Rodríguez que resolvió mejor que el mismísimo Manuel Neuer y lo atoró hasta hacerlo resolver mal.
Para Boca, sin embargo, hubo un punto positivo en cuanto al desarrollo y fue la solidez que mostraron el debutante Marco Pellegrino y Marchesin (al margen de un error en salida que luego resolvió salvando) y algo del buen nivel de Rodrigo Battaglia, quizá símbolos de una base en construcción. Un poco por eso y otro porque Argentinos fue impreciso en la ultima estocada es que la valla se mantuvo en cero. Y con el cero cada vez más marcado a fuego, la cosa se fue diluyendo hasta firmar tablas en una primera fecha que para Boca puede ser -otra vez- el comienzo de algo. El tema es que esta vez pueda completar el camino con algo decoroso.
Gonzalo Suli/ole.com.ar
OTROS RESULTADOS
Sarmiento 2 – Independiente 2
Atlético Tucumán 2 – San Martín (San Juan) 1
Independiente Rivadavia 1 – Newells 2
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