
River tenía que ganar y ganó. Y lo hizo tras un partidazo, en el que venció 3-2 a Colón, el líder de su zona, en el
Monumental. Así, no solo le sacó el invicto al equipo santafesino, sino que se metió de nuevo entre los cuatro clasificados para seguir en la lucha. De yapa, Marcelo Gallardo levantó un pagaré personal y le ganó por primera vez a Eduardo Domínguez,
un técnico que lo había complicado en su ciclo como entrenador del conjunto de Núñez.
Era un desafío para River este partido ante Colón. Más allá de que el conjunto santafesino es el líder de la Zona 1, el equipo de Gallardo tenía de la posibilidad de medirse ante un rival serio, que tiene buenas intenciones de juego. Y de esa manera saber si a los de Núñez lo complican los equipos solamente los que se le cierran y que amontonan jugadores en su campo o los que salen a jugarle también.
Colón lo inquietó jugándole. Al menos en el primer tiempo. Y a pesar de las bajas (varias de ellas por lesión), entre ellas su figura, Pulga Rodríguez, ausente porque está con coronavirus, quiso jugar de igual a igual, tratando de no exponerse. Con el objetivo claro de continuar por el camino de ser protagonista, sea en la cancha que sea. Por momentos le salió, en otros no.
Con un esquema bielsista, Eduardo Domínguez decidió salir a disputarle la posesión de la pelota a River. Con varios futbolistas en el mediocampo para recuperar y atacar rápido. Y poblando las bandas, con la intención de que los laterales de River no le hagan estragos como le pasó a Atlético Tucumán en la semana por la Copa Argentina.
De atrás hacia adelante, Garcés, Meza y Castro ocuparon la banda derecha. Delgado, Escobar y Bernardi, la izquierda. Por el centro, Moschión, Aliendro y Farías. Y Castro y Bernardi hacían la doble función de abrirse y cerrarse. Colón tenía un plan para contrarrestar la jerarquía de River. Una idea agresiva, sostenida en las sociedades.
Así, neutralizó bastante a River. Pero todo no se puede. El equipo de Gallardo, con mucha movilidad, encontró algunos huecos. Los pases son fundamentales. Mueven al fútbol. Por eso Gallardo hace hincapié en ellos. Enzo Pérez se la dio a Paulo Díaz; el chileno rompió una línea para dársela a Palavecino; éste, de primera, habilitó a De La Cruz; y el uruguayo rompió otra línea al habilitar a Beltrán, quien le rompió el arco a Burián. Fue el primer gol del cordobés en Primera.
Antes de ese gol River había tenido apenas dos chances. En las únicas dos veces que los laterales pudieron desbordar con claridad. Una de Angileri y otra de Montiel. Estuvieron cerca Borré y Beltrán, respectivamente, tras sendos centros.
Cuando se presumía que River empezaría a encontrar los huecos y a Colón se le complicaría, ocurrió lo contrario. Colón no se desesperó. Siguió jugando de la misma manera. Y aprovechó una mala salida de River. Presionó en grupo, recuperó la pelota con Escobar, Farías pivoteó y Bernardi se filtró entre los centrales para definir.
River salió más decidido en el segundo tiempo. Y tuvo 20 minutos fenomenales. Jugó en campo rival, hizo circular la pelota, creó situaciones y concretó a través de un tiro libre muy bien ejecutado por Angileri.
Colón no solo recibió el impacto del gol, sino también la expulsión de Alexis Castro, por un codazo a David Martínez. Y se fue por un largo rato del partido. Tanto, que Burián evitó más goles de River. Carrascal, aun con algunas intermitencias, entró picante y le dio más juego en los últimos metros.
Llegó el tercero con un penal de Montiel y River se relajó. Tan tranquilo estaba que Gallardo hizo tres cambios (además de Carrascal también había ingresado Girotti) de un saque y mandó a la cancha a Ponzio, Casco y Rollheiser (salieron Montiel, Enzo Pérez y Borré). Buscó dosificar energías, teniendo en cuenta que se acerca la Copa Libertadores y el calendario se aprieta y, tal vez, se apuró.
River perdió algo de orden y Colón se metió de nuevo en el partido. A partir de un ex River. Cristian Ferreira le dio frescura a Colón e hizo sufrir al equipo de Gallardo con la pelota parada. En una encontró el cabezazo de Aliendro.
Padeció el final River pero terminó festejando. Así, Gallardo le ganó por primera vez a Domínguez. Es que en los seis partidos anteriores, el yerno de Carlos Bianchi estaba invicto. Tres con Huracán, con quien eliminó a River de la Copa Sudamericana 2015 y tres con Colón, con el que le cortó un récord histórico de 32 partidos oficiales sin caídas en 2018.
El séptimo fue de Gallardo. Con un River arrollador por momentos y lagunero en otros. Al margen de esas situaciones, su equipo consiguió una victoria resonante en el Monumental tras un partidazo, algo poco común en el fútbol argentino .
Maximiliano Benozzi/Clarín

Boca volvió a dar un paso atrás en Santa Fe. La derrota contra Unión (la primera como visitante en el ciclo de Miguel Russo en torneos locales) le sumó un capítulo más a su manual de incertidumbre sobre su falta de identidad de juego, justo con la Copa Libertadores asomando en el horizonte cercano y con la zona B de la Copa de la Liga cada vez más apretada. Inestable en el rendimiento colectivo e individual, con pocas respuestas físicas y futbolísticas y con una constante: la carencia en la elaboración de fútbol.
Lo más peligroso de la primera etapa para el conjunto de Miguel Russo llegó desde el pie derecho del colombiano Cardona, otra vez titular luego de un mes ausente por una lesión. Dueño del equipo para hacerlo jugar, lo suyo fue intentar conectar las líneas. Un tiro libre y un remate elevado, ambos desde afuera del área, fueron las oportunidades más claras del mediocampista en un encuentro cerrado, de ritmo lento y en el que los de Azconzábal desde el inicio dejaron en claro su estrategia: salir rápido de contra para agarrar a la última línea de Boca mal parada con la velocidad de Cañete.
La decisión de ubicar a Sebastián Villa por la derecha del ataque generó que el cafetero estuviese mejor perfilado pero con menos capacidad para desnivelar. En el otro carril, Fabra atacó poco y eso llevó a que en los primeros 45 minutos se esfumaran sin oportunidades para Tevez, otra vez como la referencia ofensiva más adelantada.
Para el segundo tiempo hubo un cambio táctico ante la salida de Marcos Rojo. Boca mutó de tener cinco defensores a pasar a una línea de cuatro con la inclusión de un punta. No fue una mala elección, porque al equipo de Russo no lo inquietaban y le faltaba peso ofensivo. Pero rápido, al comienzo del segundo tiempo, el local aprovechó esa modificación. Un desborde a Fabra por la izquierda lo encontró al chileno suelto en el cora
zón del área. Una llegada, un tanto. Algo que a Boca le viene pasando demasiado seguido: suma siete partidos por el torneo local sin mantener el arco en cero.
El golpe llevó a Russo a meter mano de nuevo. Sacó a Cardona (buscan llevarlo de a poco tras un mes de inactividad) y puso a Mauro Zárate. Al ratito entró Medina por Almendra. Después Varela por Campuzano. Otra vez, como en los últimos tres partidos, el DT cambió por completo a la pareja del doble cinco. Muchos cambios terminó desdibujando un poco la imagen del primer tiempo ordenado del equipo. ¿Soluciones? Ninguna. La idea era ser más directo y menos elaborado, pero en ese momento Unión identificó que tenía espacio y aire para buscar ampliar la ventaja a las espaldas de Buffarini y de Fabra.
Unión no se retrasó pero sí le cedió la pelota a los de Russo. Pero lejos de volverse un conjunto ambicioso, terminó siendo un equipo predecible, repetido en pases en la búsqueda de un mano a mano de Villa que jamás en toda la jornada pudo desnivelar. ¿Tevez? Por varios momentos caminando, como deambulando por una franja ofensiva sin encontrar su sitio. Y con Soldano como hombre de área pero sin una sola oportunidad de gol, como en todo su último tiempo. Toda una foto que resume la confusión del ataque de Boca, al que ni siquiera la pelota detenida, esa que venía salvando al equipo en las últimas fechas, le apareció como solución.
Unión se dio un baño de gloria.
Le ganó a Boca de local después de 18 años (la última fue en 2013) pero además lo hizo con justicia en el desarrollo y autoridad en el juego. Fue superior en las instancias decisivas, en el concepto general de cómo jugar el partido. Tuvo una idea y tuvo una de esas tardes en las que lo planeado sale como se había pensado. Un Bingo que le dio tres puntos de oro porque lo ponen en carrera.
La excursión con caída en Santa Fe, más allá de lo numérico, le dejó a Boca la sensación de profundizar su inestabilidad. De sentirse un equipo al que con muy poco le convierten (lleva 6 encuentros en fila recibiendo al menos un tanto) y que no encuentra su ADN de juego. Su identidad futbolística, esa que parece depender demasiado de sus individualidades, está desdibujada. La derrota, claro, lo hará sacar cuentas en esta zona B. Pero esencialmente lo tendrá que repensar a diez días del inicio de la Copa Libertadores. Porque Russo y compañía fueron al estadio de Unión para buscar estabilidad y el equipo regresó con muchas más dudas por resolver.
Clarín/Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón