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River ganó en Córdoba un partido con aroma a vuelta olímpica

Brian Romero se estira para conectar y sellar la vital victoria riverplatense.

Con el triunfo ante Talleres 2-0, se afirmó en la punta cuando faltan 8 fechas. Les sacó 7 puntos a los cordobeses y 9 a Boca y a Lanús. El equipo de Gallardo resistió casi todo el partido con un hombre menos por la rápida expulsión de Peña.

El River de Marcelo Gallardo no le teme a las finales. Le puede ir bien, mal o regular, pero siempre dirá presente. Por eso disfruta de jugarlas. No hay circunstancia que lo quiebre y lo haga dudar. En Córdoba, en el partido clave del campeonato, jugó más de 80 minutos con un futbolista menos por la expulsión de Peña. No le importó y aún en desventaja creyó que podía triunfar. Lo hizo 2-0 con autoridad. Desde adentro lo ganaron los futbonificativo listas con su inteligencia; desde afuera, el ojo clínico del Muñeco, ese entrenador de principios inalterables. Así, River es líder y se alejó 7 puntos de Talleres y 9 de Boca y Lanús.

La denominada final del torneo entre Talleres y River fue una final pero muy distinta a la imaginada. Porque la patada inexplicable de Felipe Peña Biafore a Juan Méndez, cuando todo recién comenzaba, cambió la escenografía del juego. Se corre el riesgo de la inexperiencia cuando se juega con muchos pibes. Eso fue lo que le ocurrió al oriundo de Pehuajó de 20 años: fue a buscar con demasiada vehemencia una pelota intrascendente. Iban apenas 7 minutos. Un planchazo de roja sin objeciones, por cierto. Esa acción fue el quiebre porque el duelo dejó de ser de ida y vuelta para otorgarle el protagonismo exclusivo a los locales. Y se sabe: al equipo del Cacique Medina le gusta jugar al palo por palo. Por eso por momento no supo qué hacer con la pelota.

Había diagramado algo especial Gallardo. A Benjamín Rollheiser lo paró de enganche para cortar el circuito de los volantes iniciadores de Talleres y a Santiago Simón lo plantó para cubrir las trepadas del lateral Enzo Díaz. Pero el plan fue plan por solo segundos y el Muñeco volvió a demostrar que tiene la cabeza fría en los momentos calientes. Se tomó unos minutos para pensar el futuro del partido cuando se imponía el ingreso de un defensor para armar nuevamente la línea de cuatro. Es cierto que tiene un comodín de elite en Enzo Pérez, que puede jugar hasta de árbitro. El mendocino se corrió a la zaga junto a Martínez y Rollheiser ofició de volante por la izquierda. Viró a un 4-4-1 River, con Julián Alvarez como punta de lanza.

A Talleres le costó más que a River porque se encontró con la tenencia del balón y no está diseñado para grandes posesiones. El mediocampista más creativo es Carlos Auzqui, un futbolista que se destaca más por la energía que por la visión. Le sobró un volante central a la T, además: Méndez y Villagra se chocaron en largos pasajes del primer tiempo. El dato siges que tan solo generó peligro en el último minuto del juego, con una acción personal de Michael Santos que atajó Franco Armani.

River hizo la lógica: se defendió. Pero no resignó el ataque. El partido al elenco de Núñez se le presentó como a Boca en el clásico con la expulsión de Marcos Rojo. Aquella vez, a Sebastián Battaglia se lo criticó por la mezquindad y por sacar rápido a Cardona para introducir un defensor. Gallardo se acomodó con lo que tenía. Los primeros instantes fueron de incertidumbre, pero pronto se afianzó. Tuvo una clarísima en los pies de Julián Alvarez, que Guido Herrera tapó de manera sensacional. Tal vez haya sido la mejor atajada del torneo.

El gol merece un párrafo aparte porque fue toda del banco de suplentes. Primero, Gallardo, Biscay y compañía le pidieron a Herrera que marcara una infracción a Enzo Fernández en lugar de otorgar la ley de ventaja. Luego, le marcaron a Rollheiser una jugada preparada que culminó en el gol de la visita. La hicieron corta Rollheiser y Alvarez, abrieron a la derecha para Simón y Rojas conectó ingresando por el centro del área.

El segundo tiempo fue una réplica del primero. No supo qué hacer Talleres. No fue ambicioso Medina con las modificaciones y solo rompió el doble cinco a 6 del final. Tiró centros Talleres y en todas las agarró Armani, otro futbolista de duelos grandes

Por el contrario, Gallardo mandó a la cancha a Braian Romero por Santiago Simón. Sí, un delantero por un volante. Y en una corrida notable de Alvarez, el ex Defensa marcó el 2-0.

En la final, River ganó porque sabe jugar bajo presión. Y porque tiene un técnico determinante.

Maximiliano Uría/Clarín

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