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River ganó en Banfield y Boca no pudo en su casa. El VAR fue protagonista

Todos abrazan a Matías Suárez, tras marcar el gol de la victoria Millonaria.

Esta vez no hubo recital. No tocaron los Stones. Y River estuvo lejos de ser la sinfonía que fue el miércoles en Núñez contra Fortaleza por Copa Libertadores.

Así y todo, el equipo de Marcelo Gallardo sacó adelante un partido complicado en el Sur del Gran Buenos Aires, le ganó 2-1 a Banfield y sigue a dos puntos de Racing en la zona A de la Copa de la Liga Profesional.

Hubo un punto de inflexión en la noche del Florencio Sola que cambió el partido. Fue al principio del segundo tiempo cuando intervino el VAR y tras una jugada polémica, Pablo Echavarría dio penal para River, que Enzo Fernández cambió por gol con mucha justeza tras una buena estirada de Enrique Bologna.

El llamado del VAR se produjo luego de que la pelota diera en el brazo izquierdo de Franco Quinteros, quien le erró al cabezazo para defender una pelota cruzada que iba para Herrera, quien llegaba a toda velocidad al área rival.

Hasta ese momento, la noche pintaba difícil para River en la cancha de Banfield, en un partido muy friccionado. Sobre todo, luego de irse al descanso en desventaja por un error de Franco Armani, quien salió endeble a cortar un centro (en el que, encima, Paulo Díaz lo molestó) y le dejó servida la pelota a Jeremías Perales para que convirtiera su primer gol en Primera División.

River era una sombra de lo que había sido el miércoles por la Copa Libertadores. El equipo se sentía pesado, sin frescura. Gallardo postergó la rotación y solo jugó Braian Romero en lugar de Julián Álvarez pero porque el Araña sintió una sobrecarga muscular en el calentamiento previo y lo mandaron al banco de suplentes para no arriesgarlo.

A partir de ese gol que casi no buscó y encontró, Banfield se sintió más cómodo ante un River impreciso y apresurado. Y tuvo su momento para aumentar con una volea de Juan Pablo Álvarez que sacó Armani.

Pero,s e sabe: con el equipo del Muñeco nadie se puede descuidar. Ni siquiera cuando no tiene su mejor noche, como ayer ante Banfield. Porque los muy buenos intérpretes que tiene pueden juntarse un ratito, afinar los instrumentos y tocar la mejor música.

Como pasó cuando se juntaron Juanfer Quintero y Enzo Fernández, y dejaron a Suárez en posición de gol y el cordobés no falló: clavó un zurdazo arriba contra el ángulo izquierdo. Previamente, la jugada se había iniciado con un cambio de frente de lateral a lateral. La cruzó Casco y la bajó Herrera.

Los ingresos de Quintero y Paradela le dieron más frescura y movilidad a River en el medio campo. Y la entrada del colombiano fue fundamental porque con él, River cambió y encontró el juego que le estaba faltando.

Con la ventaja, el equipo de Gallardo se sostuvo con la presencia y el despliegue de Enzo Pérez y el manejo de pelota de Enzo Fernández y Quintero.

Banfield intentó, pero solo a través de pelotazos y a partir de alguna aparición de Álvarez, con un remate de afuera del área que se fue apenas desviado. El conjunto local perdió fuerza cuando se quedó con 10 hombres por la expulsión de Lollo.

River pudo haber aumentado, pero Suárez se quedó sin ángulo para definir cuando Quintero lo dejó solo otra vez como en el gol.

A River le costó ganarle a Banfield. Pero se sobrepuso y consiguió tres puntos importantes para seguir encaminado hacia la clasifcación a los play off de la Copa de la Liga Profesional.

Y a pesar de tener las cuerdas algo gastadas, se la rebuscó para al menos hacer algo de la música que suele tocar en cada encuentro.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

Sebastían Villa marcó el gol Xeneize y fue siempre desequilibrante por su sector.

Boca tiene dos caminos. Optar por quedarse con que el VAR debió intervenir en la última jugada del partido, esa en la que Fabra mandó la pelota al área y Ángel González interrumpió con la mano (fue un claro penal no sancionado por Facundo Tello ni por el videoarbitraje) o bien analizar todo el resto de la escena.

Si se detiene en el primer punto, podrá descargar su (justificado) enojo no sin antes detenerse a pensar que Marcos Rojo debió ser expulsado (estando amonestado cometió una dura infracción en el medio campo) promediando el segundo tiempo. En cambio si va por el otro camino, Sebastián Battaglia y compañía tendrán que analizar por qué su equipo luce débil, frágil y por momentos hasta confundido. Luce así incluso cuando empieza ganando un partido desde los 5 minutos (un disparo de Villa que se desvió en Matías Pérez) y al que parecía que podía resolverlo en los primeros 20 minutos, cuando Vi

lla lucía incontenible, Fabra se proyectaba y el tándem del medio campo le daba flujo de juego ofensivo. Pero no. Boca, como en otros tantos partidos, de golpe levanta el pie del acelerador, empieza a repetirse en imprecisiones y el primer contratiempo lo marea. Así ocurrió con el gol de Sand (espera a chequeo de VAR mediante) en la misma jugada en la que padeció la lesión de Gastón Ávila. Ese golpe anestesió al equipo de Battaglia, quien debió improvisar con Advíncula de primer marcador central para formar dupla con Marcos Rojo.

Desde el tanto de Lanús todo se emparejó. Porque el local ya no hacía pie en el mediocampo con Pol Fernández como único volante de “recuperación” y padecía a Óscar Romero y Juan Ramírez, diseñados para atacar antes que para defender. Eso lo percibió el conjunto de Almirón, que además de tener allí a Belmonte eligió poner a Aguirre como mediocampista por la derecha como un 4 Bis con Di Placido, a Pasquini con Bernabei para repetir la fórmula en la izquierda y a Lautaro Acosta como un improvisado mediocampista de ida y vuelta. Todo para una búsqueda clara: López y Sand, siempre vigente.

Después del 1 a 1 ambos pudieron ponerse en ventaja. Lo tuvo el Flaco López con un zurdazo que sacó Javier García. También sumó chances Benedetto, quien lució más incómodo con dos alas para asistirlo (el primer tiempo de Zeballos no fue bueno) que con una y un enlace.

El DT de Boca entendió que para intentar ganarlo primero tenía que evitar perderlo. Por eso sacó a Óscar Romero y ubicó a Campuzano en el cículo central para liberar a Pol Fernández. No le terminó de salir como pensaba el técnico, pero al menos el medio campo tuvo más presencia azul y amarilla que blanca y granate. En el otro banco también entendieron el mensaje y Almirón tocó: adentro Maxi González por Bernabei, Pasquini al lateral izquierdo y a seguir sumando músculo en el medio. Al rato, Facundo Pérez refrescó la mitad de la cancha por un cansado Belmonte y Aguirre pasó al lateral derecho por Di

Plácido. Ese enroque lo mostró a Villa decidido a ganar el juego por su sector, la banda izquierda. Y lo intentó una, dos y mil veces en el mano a mano, con suerte dispar. Ya Vázquez era una tentación para los centros, pero ninguno llegó con ventaja para él. Y Monetti le sacó el gol a Zeballos en un tiro libre y a Molinas en la última. Antes, Matías Pérez había metido un derechazo al palo que pudo inclinar la balanza para Lanús, que tras sufrir turbulencias se aferró a sus históricos Acosta y Sand (159 festejos en el club, 50 gritos ante los 5 grandes y 301 tantos en su carrera) y al punto después de ganar en la semana por la Sudamericana, pese a que sigue último en la zona B.

Para Boca fue el tercer empate consecutivo, con la deuda de no poder ganar de local en lo que va del torneo (sí lo hizo por Libertadores en el año). Pero más aún porque de nuevo el partido le hizo un guiño con la ventaja conseguida y ni así lo pudo aprovechar. Es cierto: acumula cinco encuentros en fila sin derrotas por la Copa de la Liga (está entre los 4 que se clasifican a los playoff), con triunfos en La Plata con Estudiantes y el clásico con River. Esas victorias, grandes y bisagra, no le dieron el envión que Battaglia pidió. Por eso Boca tiene que usar su propio VAR. Y revisarse entero.

Matías Bustos Milla/Clarín-Deportes

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