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River ganó 2 a 0 y encaminó su pasaje. Lanús-Independiente, empate en cero

Gonzalo Montiel abrió la cuenta en Avellaneda tras ejecutar un penal.

Por cómo se dio el partido, River sacó una ventaja impensada de cara a la revancha de los cuartos de final de la Copa Libertadores que definirá el próximo jueves en Montevideo. Le ganó 2-0 a Nacional en la cancha de Independiente en un encuentro con muchas polémicas.

Una de ellas fue justamente la que le dio a River el gol de la tranquilidad sobre el final del partido. Bruno Zuculini, quien había ingresado en el segundo tiempo, rompió en el área rival y metió un cabezazo para el 2-0. La jugada dejó dudas en el primer golpe de vista por una posible posición adelantada, pero el VAR, luego de revisarla, convalidó el tanto. Fue una jugada muy finita.

De esa manera, River se sacaba el peso de un partido que fue muy incómodo. Y que empezó a resolver recién cuando iban más de 20 minutos del segundo tiempo. En ese momento, el árbitro colombiano Andrés Rojas estaba revisando el VAR. Lo habían alertado de una mano de un defensor de Nacional. Y efectivamente así era. Laborda había impactado la pelota con su brazo izquierdo en el área propia cuando De La Cruz intentaba pasarlo. Gonzalo Montiel no dudó y se hizo cargo de la ejecución en un momento caliente. Y el “bombero”, tal como lo apodó Marcelo Galalrdo alguna vez, acomodó la pelota suavemente para darle la primera ventaja a River.

Así, Montiel exorcizó la maldición de River con los penales. Es que en la primera mitad hubo otro y Borré falló. Pateó suave al medio y Rochet no tuvo problemas para contenerlo en dos tiempos.

Ese no había sido penal. Oliveros obstruyó lícitamente a Suárez, el cordobés cayó y el árbitro Andrés Rojas compró algo que no era. Y luego -lo que fue peor- el VAR lo ratificó.

Y minutos después de esa jugada Suárez armó una buena acción individual y convirtió pero fue anulado a instancias del VAR porque el cordobés estaba milimétricamente adelantado tras un pelotazo cruzado de Angileri.

Las polémicas le dieron emoción a un partido que fue denso como el clima de las últimas horas en Buenos Aires.

Como se sospechaba en la previa, el equipo uruguayo le cedió la pelota a River desde el primer instante y se paró en su campo para atrincherarse y esperar algún error de su rival o aprovechar espacios para contraatacar. Con la fiereza uruguaya incluida para disputar cada pelota.

River salió a imponer condiciones. Con algunas sorpresas en su alineación ya que no estuvieron Javier Pinola (Rojas y Díaz fueron los marcadores centrales) y Milton Casco (lo reemplazó Angileri, de mejor presente) desde el arranque y Carrascal ubicado como extremo izquierdo.

Con cuatro atrás, Ponzio de volante central (dada la ausencia de Enzo Pérez, positivo de coronavirus) y cinco jugadores en posición de ataque: De La Cruz y Fernández como internos por el mediocampo pero adelantados y tres puntas: Suárez a la derecha, Borré por el centro y el citado Carrascal a la izquierda.

¿No hubiera sido más conveniente que el colombiano sea enganche? Cuando se soltaba generaba algo más que cuando quedaba pegado al lateral derecho de Nacional. De todos modos, el colombiano, con su gambeta cortita y su toque también corto se destacó.

Le costó a River encontrar espacios. Hizo mover la pelota de un lado a otro pero Nacional tiene bien aceitado su sistema defensivo, con una basculación constante de lado a lado y mucha concentración para no dejar huecos.

Al no encontrar juego en los pies de De La Cruz y Fernández, River apostó a los lanzamientos de Ponzio desde mitad de cancha buscando a Suárez o a Carrascal o a los laterales cuando pasaban al ataque, sobre todo Montiel, quien aportaba presión y recuperación tras pérdida en ataque.

El equipo uruguayo se sentía cada vez más cómodo contrarrestando esas pelotas cruzadas y doblegando las marcas. Pero no pudo sostener la presión de River. Y pagó caro meterse tan atrás con errores propios como la mano de Laborda, la jugada que abrió el partido y que le permitió a River después con el gol de Zuculini sacar una ventaja muy grande que desde el juego no había merecido.

Maximiliano Benozzi/Clarín

El remate del Pepe Sand no traerá peligro para el Diablo.

El final de esta historia será escrito en una semana, en Avellaneda, porque Lanús e Independiente no se sacaron ninguna diferencia -ni en el marcador ni en el juego- en la calurosa noche de La Fortaleza en la que abrieron la llave de cuartos de final.

Sin poder de fuego en las áreas y con la sensación de que ninguno de los dos quiso pisar el acelerador, más allá de que el visitante se lo perdió en el final con una clara de Alan Soñora, el empate 0-0 le quedó bien a un trámite cerrado que dejó todo abierto para la revancha.

Se analizaron. Se estudiaron. Se midieron. Los primeros minutos desnudaron la importancia de lo que se juega en esta serie. Tanto Lanús como Independiente tienen a la Sudamericana como el objetivo del semestre. Un paso en falso significará la eliminación y el final del sueño.

Pusineri esperó hasta último momento por su capitán, Silvio Romero. pero, más allá de que el goleador quería jugar a toda costa, no se repuso al cien por ciento de una distensión muscular y el DT prefirió no arriesgarlo. Por eso Nicolás Messiniti estuvo como 9 de área en el 4-3-3 clásico, esta vez con la particularidad de que sus volantes interiores presionaban bien arriba en la salida rival.

La mala racha de lesiones persiguió a Independiente hasta en el encuentro. Antes de los 20 minutos se tiró al césped resignado y con gestos de un pinchazo el otro Romero, Lucas. No pudo seguir y entró Carlos Benavidez, uno que no era tenido en cuenta por Pusineri hasta hace poco. Y en la semana ya había perdido a Franco, también con un problema físico.

Lanús, que también tuvo bajas de peso como las de Di Plácidoi y Orsini, se animó cuando vio el cambio. Olfateó sangre el local ante la salida del Perro Romero y se mandó. Pedro de la Vega asistió dos veces a José Sand, que se topó con Sebastián Sosa, quien volvió de una lesión.

La visita no se resignó y cuando volvió a acomodarse marcó presencia con un par de apariciones de Martínez generó un caos por la derecha del ataque, pero Morales también mostró sus guantes firmes.

Cuando la pelota caía en los pies de De La Vega algo podía pasar. El rubio tiró la diagonal de izquierda al centro y soltó un remate que se fue por arriba. Vaya a saber uno porqué, Zubeldía optó por bajarlo a volantear en el segundo tiempo y dejar de punta a Orozco junto con Sand. El rubio se desinfló, no volvió a pisar el área ni a asistir al Pepe.

Y así también se pinchó el partido. El calor empezó a pegar. Independiente tampoco se arrimó con peligro, más allá de una buena habilitación de González para Messiniti, que Morales desactivó con una salida veloz. En la última, Soñora tiró afuera la pelota del final.

Ante la ausencia de goles, definirán en el Libertadores de América la próxima semana. El que se saque el temor y se anime a más sacará el pasaje a semifinales.

Nahuel Lanzillotta/Clarín

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