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Raquel Robles presenta La Última Lectora, su nueva novela

La escritora argentina cierra un proyecto que inició con Papá Ha Muerto y Hasta que Mueras.

“Mi vínculo con la lectura es de toda la vida. Aprendí a leer de manera precoz y rápidamente pasé de los carteles callejeros a los libros. Durante mucho tiempo la lectura fue un sostén porque lograba transportarme a otra realidad”, dice la escritora Raquel Robles en entrevista con Página/12La última lectora (Fondo de Cultura Económica) es su novela más reciente y cierra un proyecto literario que comenzó con Papá ha muerto (2018) y Hasta que mueras (2020).

Robles hace una genealogía de sus propias lecturas y recuerda que los primeros libros a los que accedió pertenecían a la colección Robin Hood; después llegó el realismo socialista soviético y grandes narradores como John Irving o Charles Dickens. “Compraba novelas según el grosor, calculando cuánto tiempo iban a sostenerme. Al principio fue una lectura de la necesidad”. Pero ese modo de leer cambió radicalmente cuando Raquel supo que quería escribir.

A partir de ese momento se embarcó en grandes proyectos literarios; Franz Kafka, Marguerite Duras y Herta Müller fueron algunos de los maestros que la inspiraron con sus exploraciones del lenguaje. “Necesitaba más herramientas y empecé a leer cosas como Madame Bovary, donde Flaubert ensaya nuevas formas. Entonces la lectura pasatista se transformó en una con lápiz negro”. La protagonista de La última lectora también subraya y está obsesionada por libros, citas y una transcripción total destinada a desentrañar el sentido último. Durante una noche de sexo apasionado con un hombre, se suicida uno de los chicos de la institución que dirige y no puede superar el fracaso en la misión que se ha impuesto.

– ¿Cómo incorporaste el relato bíblico en la estructura narrativa?

– Hace tiempo vengo preguntándome cómo piensa una persona dispuesta a dar la vida por una causa. ¿Cuál es su sintaxis, qué hace con la lengua alguien que entiende que hay algo superior a sí mismo? Eso me llevó a la Biblia, que está plagada de personas reguladas por algo que las excede. Para narrar su relato infernal, Primo Levi tomó la estructura de la Divina Comedia y acá intenté ensayar eso: la protagonista siente que tiene una misión, ¿cuál es el libro que cuenta “la Misión” por excelencia? Tomé la Pasión de Cristo, donde el protagonista se sacrifica para que prevalezca la idea sobre su cuerpo. La mujer siente que pecó de soberbia, que ella lo mató con su ambición e inacción y que por eso debe hacer un sacrificio.

– ¿Cómo se vincula el placer, la culpa y ese acto sacrificial en el marco del relato judeocristiano?

– El sacrificio implica hacer un voto de silencio y humildad, tener un trabajo que no le importe a nadie, que no cambie ninguna realidad, permitir que todo el mundo arme su propio relato. Para entender esto me remití a ese gran compendio de castigos que es el Antiguo Testamento, porque cuando Dios se calienta… su ira es brutal. El tema del placer se vio claramente durante la discusión por el aborto. Cuando pensamos sobre qué estamos discutiendo más allá de la vida/no vida, en definitiva estamos hablando del placer de la mujer y ese nudo es el más complejo de desatar. Si vos escuchás lo que decimos nosotras mismas cuando sufrimos algún tipo de violencia, la culpa está muy presente.

– Después del vía crucis viene la resurrección, y la decisión de la protagonista supone un tipo de amor que no es el amor romántico. Hoy esto puede hacer ruido, pero antes hubo una cultura de la solidaridad que tenía muy naturalizados esos gestos, ¿no?

– Si esto hubiera sido escrito 40 años atrás, hubiera sido otra cosa porque cualquier vínculo era menor frente a las ideas o el proyecto. Hoy, por ejemplo, no se entienden las actitudes de aquellas madres. ¿Cómo una mujer que acaba de parir va a intentar tomar un cuartel? En esa época era claro el propósito y en la novela pasa eso: después del duelo es posible cierta felicidad por poder hacer algo que impacte al menos en la vida de algunos, sobre todo aquellos que están en un estado de indefensión total como les niñes que perdieron sus vínculos familiares. Yo me siento más cerca de ese tipo de amor, me conmueve mucho más que el amor de a dos; el final de esa película ya no me arranca lágrimas.

Robles fue militante de H.I.J.O.S., trabajó en diversas instituciones y de 2012 a 2016 fue directora nacional para Adolescentes Infractores a la Ley Penal. Cuando se le consulta por este universo explica que, además de la anécdota concreta del suicidio de un joven, tomó otros elementos: “Lo que le pasa a esta mujer es todo lo que no tiene que pasarle a un trabajador. Ese evento la consume por completo y yo lo he visto; hay quienes lo viven de una manera muy narcisista: se me suicidó un pibe. Pero hay un chico que murió, una familia que sufre, una institución quebrada. También tomé la fiesta que fue para mí ese trabajo: lo disfruté y tuve la sensación de estar tocando efectivamente la realidad. Siempre quise homenajear esa experiencia y me pareció que tenía que hacer algo que yo supiera, entonces fue la ficción”.

– ¿Qué rol tiene la lectura en estas instituciones?

– En las instituciones totales se pierde por completo la vida a solas, y la lectura es un acto absolutamente íntimo. Estar con tu libro es una experiencia que te permite acceder a otros mundos y sentir una comunidad en relación a tus propios sentimientos, te sentís parte de una trama. Yo fui una niña huérfana y los libros de huérfanos me sostuvieron de una manera tremenda, desde Papaíto piernas largas hasta la obra de Dickens. Los libros buenos no sólo toman cosas de la realidad sino que son capaces de crear referentes, cosas que no existían antes.

Raquel escribe pero también hace muchas otras cosas, y confiesa que no le gusta definirse en función de sus actividades. En ese gesto desacraliza la literatura, a la que alguna vez se refirió como “plan B” ante la imposibilidad de cambiar el mundo. “No concibo el arte desde el lugar de la bohemia ni creo que escribir lo sea todo. Ninguna actividad me define por completo. Para mí escribir no es fundamental en la vida; lo único fundamental es tener una ética de la solidaridad, eso es innegociable”.

Laura Gómez/Página 12

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