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Racing logró la imperiosa victoria. Ganaron Platense, Santiago y Unión

Sigali festeja su gol, el segundo de la Academia, que puso en marcha la alegría en el Cilindro.

Si es cierto que se juega como se vive, Racing transita el fútbol a bordo de una vorágine. Sacudido en sus entrañas por un 2021 que será recordado por una colección de malas decisiones deportivas, sufre cada partido. Aunque esta noche, empuja. Corre. Muerde. Transpira la camiseta, como piden sus hinchas. Cambia de actitud después de su deplorable presentación en el Monumental. Y ya no importa tanto la propuesta de Gago, un técnico que llegó al Cilindro con ambición ofensiva, la chapa lustrada por su pasado como futbolista, pero pocos antecedentes en el banco. Había que ganar. Y es lo único que puede rescatar la Academia, esos tres puntos que le permiten volver a ser feliz en su estadio después de 100 días y entrar en la zona de clasificación a la Sudamericana. Un consuelo en el medio del adiós del ídolo, Lisandro López, que anunció su retiro.

Del grito de guerra de la tribuna al infantil error de Chila Gómez y gol de Sand en offside. De un estadio caliente al empate de Lisandro que llegó de un tiro de esquina y un magnífico taco-asistencia de Sigali. No lo gritó el capitán. Todo un síntoma del momento. De un rechazo de Acosta al medio, donde estaba solito Sigali para sacudir de media distancia, a una floja respuesta de Morales y la explosión de los hinchas en el epílogo del primer tiempo. Del empate granate que se avecinaba en el complemento a ese tiro libre de Alcaraz y el 3 a 1.

Después del reproche a los dirigentes y a los jugadores bajo el lema “a ver si entienden” y una derrota que no tenía que ver demasiado con el desarrollo del partido a esa victoria que condujo a Racing ganador al entretiempo, quedaron unas cuantas preguntas. ¿Por qué su única vía de ataque estuvo en el lateral derecho, repetida en los centros de Pillud? ¿Por qué junta tantos pases y no es agresivo adelante? ¿Por qué retrocede tan mal, quedando expuesto al contraataque? ¿Por qué Gómez, un arquero que siempre se mostró seguro, dudó tanto, arriesgando innecesariamente en la salida, más allá del gol?

Las respuestas habrá que encontrarlas en el banco, donde Gago prueba en este globo de ensayo, un puñado de fechas desde su desembarco que arrastra el malhumor y la crisis de los ciclos anteriores. Tampoco ayuda mucho el planteo del entrenador. Fuera de los márgenes del campo de juego, el clima caldeado tampoco ayuda. El estadio fue una olla de presión desde el primer minuto.

En este contexto, Racing tomó la iniciativa, pero no encontró buena conexión en 3/4 y casi no pesó en el área rival. Lanús resignó la tenencia, se replegó en corto y salió rápido con el contra. Y generó las situaciones más peligrosas con la pelota parada y, sobre todo, por el sector de Pillud. Malcorra ganó terreno a espaldas del lateral. Y a partir de su pie izquierdo llegó el gol. La dejó servida Gómez y un goleador como Sand no suele perdonar. Savorani no levantó la bandera. Pepe estaba un metro adelantado.

Racing estaba aturdido, ya sin Chancalay, quien se lesionó y dio paso al ingreso de Correa. Copetti, que había sido la referencia del área, se tiró a la izquierda. Y empujó la Academia. Tocado en su orgullo. Lo dio vuelta con una pelota parada y un error no forzado granate.

En el complemento, Racing tuvo el tercero en el pie derecho de Alcaraz, el más encarador. El tiro libre pegó en el palo. Fue la única situación clara. Después, el dominio tuvo color granate. Zubeldía sacó a Aguirre y soltó a Di Plácido. Y por el otro lado, lanzó a Alexandro Bernabei y Malcorra. Profundizó y complicó a Juan José Cáceres, reemplazante de Pillud.

Casi lo empata José López, quien quedó mano a mano con Gómez, pero esta vez respondió el arquero. Estuvo dubitativo el marplatense, pero se recuperó de otra salida en falso y manoteó un tiro de Acosta.

Racing achicaba, Lanús llegaba, entonces Gago decidió cambiar. Metió a Ignacio Galván para tapar a Di Plácido y a Fabricio Domínguez para contener a Malcorra. Y se metió atrás, peligrosamente.

Alcaraz encontró otra débil oposición de Morales y lo liquidó. No jugó bien Racing, pero ganó. A fin de cuentas, lo único que importaba entre tanta urgencia.

Daniel Avellaneda/Clarín

PLATENSE FUE CONTUNDENTE

Platense, pura efectividad, se quedó con un partido vibrante de emociones y media docena de goles, algo poco frecuente en estos días.

El 1 a 0 fue con un penal polémico. De ahí en adelante en los primeros 45 minutos fue todo de Huracán, que tuvo mala puntería ante el arco de De Olivera. Hasta el justo 1 a 1 por el golazo de Rodrigo Cabral. Pero cuando la tendencia en esa etapa era para los de Parque Patricios, tras un tiro de esquina otra vez Tissera desniveló y puso al frernte al local.

En el segundo tiempo había pasado poco. Y de nuevo la figura, Tissera, rompió el partido con el 3 a 1. Hattrick y se llevó la pelota del partido.

De ahí en adelante el local retrocedió para contragolpear y Huracán se fue quedando sin ideas.

Mansilla puso el 4 a 1 con la misma fórmula: atacar el espacio y ser pragmático para definir. Un triunfo abultado, exagerado, que en el marcador quedó algo reducido por el gol tardío de Moya. Fue un apena que ese gol haya llegado tan tarde. Un rato antes hubiera puesto en carrera a Huracán y hasta podría haber soñado con empatarle el partido a Platense.

La figura de la noche, sin dudas, fue Tissera. Su triplete fue todo un símbolo. El primero fue desde los doce pasos pero después fue muy oportuno para hacer en el lugar justo y en el instante exacto para vencer a Marcos Díaz.

A Platense los tres puntos les cayeron como una bolsa de oro. Está claro que su principal objetivo es sostener la categoría y aunque este año no hay descensos, sí lo habrá en 2022 y el promedio cuenta a partir de esta temporada. Huracán también tiene un promedio comprometido pero está más armado, tiene más espalda y la derrota de anoche no fue del todo justa. Pagó por la efectividad de su rival, pero hizo méritos en el juego. Frente al arco, no. Y eso justifica la victoria y la derrota.

Clarín/Deportes

GOLEÓ CENTRAL CÓRDOBA

En dos minutos, lo resolvió Central Córdoba. Primero con el gol de penal de Giménez luego de un inocente penal cometido por el chico Rodríguez, con un manotazo. Y enseguida el uruguayo Ribas definió ante débil resistencia de Medina, el pase de Giménez. El tiro de gracia lo dio Melano, a la media hora.

Cuatro cambios hizo Espínola, sobre todo por la banda izquierda. Por ese lugar llegaron los primeros dos goles. Es crítica la situación de Arsenal que no defiende, no recupera y no juega. Los santiagueños la van llevando bien. Pero los dos tienen promedio complicado.

El uruguayo Ribas, que iba a ir al banco y entró porque en el precalentamiento se desgarró Riaño, puso el cuarto. Y Giménez redondeó la goleada.

Clarín/Deportes

UNIÓN QUIERE LA SUDAMERICANA

Unión y una goleada que invita a soñar a lo grande. A creer, por qué no, en seguir entre los puestos de clasificación a la Copa Sudamericana 2022. En su cancha, no desaprovechó la oportunidad de continuar con su meta. Bajo un radiante sol y con un intratable Juan Manuel García, derrotó 3 a 0 al debilitado Atlético Tucumán, que sigue sin poder levantar la cabeza y se hunde en el fondo.

El local fue el dueño de toda la atracción, al punto de que Sebastián Moyano apenas tuvo acción. No hubo punto de comparación entre ambos equipos. Unión jugó y se animó ante un rival lleno de dudas. Apostó al juego que invita al error del contrario. Y le salió bien. Cuando pudo morder, mordió; y cuando tuvo que defenderse, lo hizo. Y los tres puntos valen oro.

Recién pudo ponerse en ventaja después de la media hora, luego de un penal que cometió Cristian

Lucchetti. García tomó la pelota, ejecutó a la perfección y estableció el 1 a 0. A los 40, Gastón González desbordó por la izquierda y llegó hasta el fondo para mandar un preciso centro atrás para que García empuje el balón debajo del arco.

Golpe duro para Atlético, que durante la semana pasada se quedó una vez más sin técnico. El Cholo Guiñazú dejó el banco y Martín Anastacio tuvo que hacerse cargo interinamente, como cuando se fue De Felippe. El equipo acumula siete fechas sin ganar con cinco derrotas consecutivas, lo que llevó a parte de la popular a pedir la renuncia de la dirigencia y a la barra a pintar el Monumental para defenderla.

Unión siguió con lo suyo y no fue otro que García quien le dio la tercera alegría, aunque en clara posición adelantada que no fue advertida por el árbitro Nazareno Arasa. Ahora aspira a quedarse con su puesto para el torneo continental.

Clarín/Deportes

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