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Puma Martínez: de La Boca a Japón por una corona más

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Fernando «Puma» Martínez se crio en La Boca, vivió 14 años en un conventillo, junto a sus 11 hermanos, y edificó un porvenir a través de sus puños. Se deslumbró con la pegada de Mike Tyson y después con la del Chino Maidana. A los 11 le pidió a su padre que lo anotara en un club para empezar a boxear y el kilómetro cero de sus sueños y anhelos, fue en Unidos de Pompeya.

Su papá le vio condiciones y le dijo que iba a ser campeón del mundo. Con una historia repleta de vaivenes, sacrificio y perseverancia, lo que le dijo su papá se cumplió. El máximo hito de su carrera fue en 2022 al vencer al filipino Jerwin Ancajas (33-2-2), en la categoría super gallo, y conseguir el cinturón de la FIB. Representado por Chino Maidana Promotions, la estadística de Martínez marca que está invicto a nivel profesional, con 16 victorias y 9 finalizaciones por nocaut, y que es el único campeón mundial en vigencia del boxeo argentino.

El título ya lo defendió con éxito dos veces, pero ahora se viene un nuevo desafío: la tercera defensa ante un rival de gran envergadura. Su oponente será Kazuto Ioka, actual campeón japonés de la AMB y máximo favorito con una marca de 31-2-11 (16 KO). La pelea tendrá lugar el 7 de julio (a las 7) en el estadio Ryogoku Kokugikan de Tokyo, Japón, y se esperan 13.000 espectadores.

«Estoy muy concentrado. Me di cuenta la grandeza de esta pelea cuando viajé a Japón. Acá estaba medio relajado y ahora concentrado más que nunca. Estoy esperándola para poder ser como aquellos campeones, Nicolino Locche y Horacio Accavallo. Quiero pasar a la historia», dice el Puma a Página 12.

Respecto del escenario que lo tendrá a 18 mil kilómetros de su país, no se muestra intimidado y destaca el trabajo con su entrenador Rodrigo Calabrese. «Nosotros somos como Boca, no tenemos presión. Me quedo tranquilo por el buen entrenamiento que metemos. Estuve en la Selección, viajé por todos lados y siempre fui de visitante. Mi tranquilidad se lleva al entrenamiento que hago abajo del ring. Como dicen los grandes campeones, la pelea hay que ganarla ahí. En cada entrenamiento me mato. Voy siempre al ciento por ciento. No aflojo en nada», dice con la mirada seria. «Arriba del ring hay que soltarse. No importa si está acá, Rusia o China. Hay que dar lo mejor», agrega.

Martínez agradece todo el tiempo a su padre esta posibilidad que le dio la vida de cumplir el sueño de boxear. De a ratos se lamenta al recordar su fallecimiento y reconoce que ese fue el único momento en el que quiso dejar todo, pero que solo estuvo un mes fuera de actividad. Pudo retomar, gracias a la ayuda de su familia, tío y entrenador. «A veces no llegan las cosas, te bajoneas, no vienen las peleas. En esos momentos, cerraba los ojos, pensaba en mi familia, en los sueños de mi viejo y en sacar adelante a todos. Eso me dio el aliento», explica.

Dice que su entrenador es como un segundo padre y recuerda su ayuda desde siempre. Lo conoció de adolescente, cuando entrenaba en un club y sus peleas eran amateurs. Calabrese iba a entrenar boxeo también y en ese momento se deslumbró con la destreza del Puma. «Me conoció, le encantó mi forma de pelear y se hizo fanático mío. Como su familia labura en los colectivos, en la línea 29, nos subíamos al colectivo con toda mi familia e íbamos a todas las peleas», dice Martínez ante la sonrisa de Calabrese, quien está a su lado y asiente con la cabeza.

«Es muy difícil llegar al nivel que llegó Fernando. Hay que tener mucha estructura y respaldo. Nos cerraban la puerta en la cara. Se ganó todo a las trompadas, literalmente. Antes los sponsors no nos daban bola», agrega Calabresa, como referencia a los momentos difíciles que tuvieron que pasar antes de que las luces iluminaran la figura del Puma sobre el ring. «Es luchador, perseverante y con una mente indestructible. Desde los 11 años, el tipo está dale y dale. Hay gente que se cansa en el medio. Es ganarle a lo malo», describe.

Fernando se ríe al escuchar lo que dicen de él. Le da vergüenza y a la vez emoción. Confiesa que venía esperando desde hacía mucho tiempo esta pelea con el japonés Kazuto Ioka. Agradece al boxeo también y es consciente de cómo este deporte lo formó. «Te enseña valores. En los clubes, los profesores te enseñan los valores y eso te saca de la calle. La gente de afuera no te da consejos, los que te lo dan los consejos son los profesores que saben cómo son las cosas. Es un aprendizaje de vida que te hace crecer un montón», dice.

–¿Qué sueños te quedan por cumplir en el boxeo?

–Quiero ganar los cuatro cinturones. Ahora vamos por el segundo, en realidad sería la primera unificación. Con tres peleítas más que gane soy feliz. Me puedo retirar tranquilo.

Gustavo Grazioli/Página 12-Deportes

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