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Polémica y censurada. La Última Tentación de Cristo por Netflix

El censurado film de Scorcese se puede ver por Netflix.

No llegó a estrenarse comercialmente La última tentación de Cristo (1988) en la Argentina -como sucedió en numerosos países de raíz católica-.

Hubo recursos de amparo y cuando iba a emitirse por el canal de cable Space, en 1996, un juez lo impidió porque entendió que “podría implicar una profanación de la fe católica”.

La novela del filósofo y también poeta Nikos Kazantzakis, que la escribió dos años antes de fallecer en 1957, y el guión de Paul Schrader (ya había escrito para Scorsese los de Taxi Driver y Toro salvaje) presenta desde el vamos, y en los títulos, la lucha entre el espíritu y la carne, centrándolo en Jesús.

La tentación de Cristo -que tiene varias a lo largo de esta novelización apartada de los Evangelios- es creer que puede cuestionar su destino, preguntar y debatir con Dios acerca de su sufrimiento y muerte.

Jesús es un hombre destrozado, que escucha voces, tiene visiones hiperrealistas del Diablo, que se le aparece en distintas formas, sean de animales o humanas, y que llega hasta objetar la decisión de Dios de hacerlo fallecer en la Cruz.

Cristo, entonces, duda en completar el sacrificio para así traer la salvación a la humanidad.

Aquí Jesús es un hombre, antes que una deidad o Ser superior, profundamente angustiado y lleno de dudas acerca de cuál es el rol que cumple en su vida.

Así como es un revolucionario entrando a los gritos al mercado de cambios, argumentando que Dios no necesita un templo lleno de lujos, también es un ser pacífico, que cree en el amor, y en la redención del amor.

Provocativo en todo momento, para algunos el filme de Scorsese -criado en el catolicismo- será chocante, no tanto por la crueldad de la crucifixión, sino por las escenas que le siguen.

Y si se sienten ofendidos, deberían entender que la idea del director de Kundun y Silencio fue, hace 32 años, mostrar a un Jesús humano y hasta débil. No de estampita.

Scorsese rodeó a Willem Dafoe (que tenía 33 años por ese entonces) como un Cristo lleno de incertidumbre y vacilaciones, un carpintero que hace cruces donde morirán otros.

Con un elenco de excepción, con su gran amigo Harvey Keitel como Judas (la interpretación de la traición también es un reto al pensamiento de los creyentes), Barbara Hershey como María Magdalena, Harry Dean Stanton como Saúl y luego Pablo, Verna Bloom (María), Víctor Argo (Pedro), y hasta David Bowie como Poncio Pilatos.

La banda musical es de Peter Gabriel, que combina sonidos ancestrales con instrumentos orientales y actuales, creando siempre una atmósfera cautivante, junto a la iluminación de Michael Ballhaus (fue su asiduo director de fotografía desde Después de hora hasta Los infiltrados).

Es cierto que algunos giros de cámara, acercamientos y angulaciones hoy llaman la atención, y la actuación de los extras marroquíes distrae más que apuntala sus acciones.

Tecnicismos, si se quiere, para una obra que obliga a reflexionar constantemente, y que seguramente es aún hoy más provocadora -no provocativa- que La Pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson.

Pablo O. Scholz/Clarín

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