
Se mira la vereda del vecino. Es inevitable en la víspera del clásico. También, por el drama institucional que atraviesa Independiente. Los hinchas, entonces, comienzan la noche entre sonrisas, a puro goce. Sin embargo terminan con bronca, con algunos silbidos y bajando un mensaje inequívoco, siempre enfocados en Alsina y Bochini. “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”, braman las tribunas.
Y quizá ese haya sido el principal pecado de Racing: jugar ante Newell’s con la cabeza en el derby de Avellaneda. Nada salió. No tuvo juego y dependió pura y exclusivamente de la inspiración de Matías Rojas. Claro que no siempre se puede depender de la pegada del paraguayo que ejecutó cinco tiros libres, dos detenidos por Lucas Hoyos. Fernando Gago cambia demasiado de un partido a otro y ya son dos derrotas seguidas, justo antes de un duelo caliente.
Newell’s siempre fue más claro. Gabriel Heinze presentó ocho futbolistas diferentes al desabrido equipo que empató ante Central. Y también modificó el esquema. Fue inteligente, tuvo sacrificio, variantes en ataque y lo terminó resolviendo con una pelota parada que aprovechó Víctor Velázquez con una palomita detrás de la espalda de Nardoni.
¿Por qué Gago optó por modificar el esquema y distribuir a sus jugadores en posiciones poco habituales? El 4-3-3 mutó en un 4-2-3-1 con Paolo Guerrero como referencia, pero Nicolás Reniero flotando detrás del peruano. Facundo Mura fue el lateral izquierdo, un lugar que ya ocupó, pero su especialidad está a la derecha. Y el doble 5 no funcionó.
Fundamentalmente porque Jonathan Gómez y Nardoni, dos internos, se sintieron incómodos. Newell’s los presionó cuando fue necesario, con Juan Sforza como abanderado, pero tuvo mucha más influencia por los costados, sobre todo por la izquierda, sector en el que Marcos Portillo, rápido, potente y encarador, complicó a Iván Pillud.
Por esa vía lastimó Newell’s, más directo. Racing, en cambio, no tuvo volumen de juego. Y todo lo que pudo proponer se dio, como casi siempre, a partir de Rojas. Con algunos cambios de frente, partiendo desde la derecha, sorprendió. Sin embargo, Mura y Gabriel Hauche no desequilibraron. Los centros para Guerrero terminaron en un montón de nada. Tampoco acertó en los tiros libres.
Reniero no estuvo a la altura. Controló mal la pelota, estuvo impreciso en los pases y terminó a la izquierda, poco gravitante.
En ese contexto Newell’s produjo las situaciones más claras. A bordo de un 5-3-2 en el que Armando Méndez profundizó por la derecha, pisó mucho más el área de Arias. Y Portillo, el mejor futbolista de la primera parte, lamentará no haber levantado la cabeza cuando quedó mano a mano con el arquero. El pase filtrado de Pérez Tica fue notable; la respuesta del neuquino, también.
Sin juego y contención ameritaron cambios en el segundo tiempo. Pero en el arranque rotó. Reniero pasó a la izquierda y Hauche fue una especie de enganche. Recién a los 20 minutos Gago introdujo a Moralez, pero nunca pudo conectar. Romero tampoco. Y ya desesperado, ¡hizo dos cambios en el tiempo adicional!
Newell’s, con la ventaja, se sostuvo en el orden y los centros del final facilitaron la tarea de los centrales. Hacía una década que no podía en el Cilindro. Ahora Racing llegará herido al clásico, presionado por sus hinchas y, aun con dos derrotas a cuestas, con el cartel de favorito.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes
CENTRAL NO TUVO PIEDAD CON UN DÉBIL INDEPENDIENTE
Independiente es un lamento. En crisis institucional, económica y deportiva no hay casillero de los pesares que le reste completar. Pierde y se hunde. Aun cuando no lo merece.
El que se aprovechó de su desgracia fue Central, que lo venció por 1 a 0. Por si no tuviera suficiente con los padecimientos actuales, el equipo del ¿interino? Pedro Monzón sufre a cuenta de lo que vendrá: debilitado hasta los huesos, el domingo enfrentará a Racing. Nada menos. Todas las cartas parecen jugarle en contra.
Como le sucede con recurrencia mostró empeño, pero también un compendio de debilidades defensivas y carencias en el ataque. Y lo pagó caro aunque en el complemento merodeó la igualdad. Con tanto contrapeso no es casual que su última victoria aparezca hundida en el tiempo: fue en la primera fecha, el 28 de enero. Pasaron ya dos meses y medio.
Central es la contracara: el presente le sonríe. Con la mano sabia de Miguel Russo, sin estridencias, con ambición primero y mucho sufrimiento después, se impuso, sumó su quinto partido invicto y terminó la lluviosa noche del miércoles a tres puntos de River, el líder del torneo. Todo para celebrar.
Independiente salió a jugar el partido dispuesto a esperar. Con cinco defensores, cuatro volantes y un solitario Cauteruccio en el ataque. Cedió la pelota y el terreno buscando avanzar en bloque cuando Central se lo permitía.
El local tuvo la iniciativa y generó las mejores situaciones. Respaldados por Ortiz y Montoya en el eje del mediocampo, Malcorra, Campaz y Giaccone se encargaron de generar el juego. Veliz completó exigiendo siempre en el ataque.
A los 22 minutos y tras una mala salida de Elizalde, Campaz encontró el gol con un zurdazo cruzado.
El complemento mostró postales nuevas: Independiente se plantó más adelante y Central empezó a sostener el partido con su bloque defensivo.
Monzón abandonó la línea de cinco defensores con los ingresos de Cazares y Cuero y eso revitalizó el juego de su equipo.
Los minutos pasaban e Independiente sostenía la búsqueda apostando a la pelota parada. Central sufría. Rondaba el empate y Broun evitó lo que la visita merecía en una reacción extraordinaria frente a Matías Giménez. Cauteruccio marcó el empate, pero el VAR le jugó en contra. Como todo a Independiente.
Mauro Aguilar/Corresponsalía Rosario de Clarín
OTROS RESULTADOS
Belgrano 2 – Huracán 0
Estudiantes 0 – Atlético Tucumán 0
MG Radio 24 Villa Pueyrredón