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Ornella Pellizzari: Bronce en Lima 2019 y Guardavidas en Mar del Plata

Ornella tiene como próximo objetivo clasificarse a los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Se levanta antes de que salga el sol. Agarra la bicicleta y pedalea los 13 kilómetros que separan el pueblo Tecomán de Boca de Pascuales, la localidad de apenas 101 habitantes que eligió para surfear tras colgarse la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos. “Me vine a México a encontrar el gran tubo. Y a disfrutar también porque estuve esperándolo un montón después de la preparación para Lima”, cuenta del otro lado del teléfono la argentina Ornella Pellizzari. Es tiempo de descanso: en esas aguas del Pacífico solo se puede surfear desde el amanecer hasta las 13. Por eso, las tardes las dedica a subirse a la bici y entrenarse de cara a los ISA World Surfing Games 2019, que se celebrarán del 7 al 15 de septiembre en la playa de Kisakihama, en Miyazaki, situada en el sur de la isla japonesa de Kyusu. “No son olas como las de Japón pero estoy entrenando un montón mis pulmones y mi remada porque estas olas exigen destreza y desafío personal”, le explica a Clarín. Allí estarán los mejores del mundo, como Kelly Slater de Estados Unidos (11 veces ganador del Campeonato del Tour de la World Surf League ) y Stephanie Gilmore de Australia (7 títulos y dos veces campeona mundial junior de la ISA). “Y yo quiero un podio, quiero ganarle a las más duras, surfear bien. Es una oportunidad para sacar el pecho por Argentina y hacer bien las cosas, demostrar que valemos más y podemos ser profesionales, que tenemos agallas y ganas de ser mejores. Es otra oportunidad para representar a mi país y para hacer la carrera a Tokio”, remarca. Sí, habla de los Juegos Olímpicos 2020, esos a los que veía distantes en Perú pero que hoy la llenan de ilusión.

Es que el surf será por primera vez olímpico y ella, que lo practica desde los 11 años y ya tiene 32, vivió en Perú un trato distinto: “Nos trataron como atletas profesionales por primera vez. Estuvimos en una Villa donde nos cuidaban y éramos protagonistas. Es un privilegio estar en este momento en el que el surfing está creciendo tanto. Y yo cumplí un sueño al llevarme la medalla”, comenta. Sin embargo, no fue fácil llegar hasta ese momento. “Millones de cosas hice y dejé de hacer. Trabajé toda mi vida para estar acá. Estuve ausente en muchos momentos en los que mi familia me necesitaba. Por suerte vi el nacimiento de mi sobrina, hubiese dejado cualquier lugar para estar ahí”, dice sobre Ambar, presente en su tabla durante los Juegos . Es que como estaba prohibido el uso de publicidades, Pellizzari eligió dibujos de la hija de su hermana para acompañar a la bandera y a la consigna #NiUnaMenos.

“He ido a varias marchas. Pienso en Ambar. Es como mi hija, no me la toca nadie, doy la vida”, resalta. Y analiza lo que representa la lucha contra la violencia de género: “Es algo más global para mí. Es que haya respeto mutuo. Que la gente sea gente y no basura. Apunto a que haya respeto, justicia y equidad. Y el derecho natural a hacer lo que queramos sin hacerle daño a nadie. Ser y dejar ser. Rebelarse a cosas que nos enseñaron. No todo lo que heredamos está bueno”. Y agrega: “Es por esas mujeres que se quedan en la casa y hacen lo que antiguamente se decía que tenían que hacer: limpiar y cocinar. Mi familia me apoyó totalmente y desde muy chica me dio libertades pero no todas tuvieron la misma suerte. Y creo que cuando alguien es un ícono del deporte y es mujer tiene más voz y hay que hacerse escuchar”.

Su otra lucha es la de enfrentar al machismo en el deporte. Y cuenta el caso de una marca para la que corrió 10 años: “Me negrearon. Me dijeron que el presupuesto era chico. Y mis resultados no les importaban, pese a que yo tenía diez títulos nacionales y un rider sin un título ganaba tres veces más que yo. Me sentía desvalorada, buscaban modelos o gente de la farándula para vender. Hasta que me di cuenta de que me estaba trabando y cuando me fui me saqué el peso y la presión”. Luego, menciona a otra que la rechazó porque no cumplía con el requisito de tener 10 mil seguidores en redes sociales, una exigencia que se volvió común en los últimos años. “El mundo es puro marketing y no hay mucha gente que sepa valorar lo bueno. Está bien que vendan pero el mundo se está distorsionando mucho, todos se venden por plata. Y lo más importante es la vida, hacer lo que te gusta y mantener tus valores de ser una buena persona. Si no las respetás, a mí no me vas a mover un pelo”, dice.

Por eso, señala, solo se quedó con las marcas donde se siente “parte de la familia” y “bancaron en las malas”. Y explica que en el surf las empresas “te ponen objetivos por invertir cierta plata en vos”, aunque a otras si sos mujer no les importa tanto el resultado. “Te piden que te saques la foto, que seas modelo. Además de ser top 5 o 10, tenés que ser linda y rubia. Todo el combo. Es injusto. Por eso yo era un poco la oveja negra de las marcas para las que corría”, se queja sobre ese estereotipo que todavía guía a ciertos empresarios.

El pago también es distinto. “No hay igualdad en la premiación: en las mujeres es el 50% del de los hombres. Y hace dos años era todavía mucho menos. Cuando era chica, incluso, el concurso de la mejor cola pagaba más que la categoría Open damas. Y encima la situación era retrógrada: los hombres eran animales gritándoles a las mujeres. Y es algo que planteó el mismo hombre que hizo que el surfing sea olímpico”, critica. Y aclara que para realizar el circuito mundial “hay que gastar al menos 60 mil dólares al año” y uno de sus auspiciantes le aportaba “menos que un salario básico”.

Por eso, para solventar su pasión, su vida la divide entre el surf y su trabajo como guardavidas. Le costó aceptar el consejo familiar de seguir los pasos de papá -que se jubiló hace dos años- y de su hermana, con la que comparte la torre 5 del sector sur de la playa Acantilados desde hace dos temporadas. “Estaba negada porque el curso de guardavidas me significaba un año entero de quedarme en Argentina. Fue una cuestión de ego, de pendeja, de vos sos guardavidas (por su padre) y yo soy surfista. Pero le agradezco que me hayan presionado porque el surf no es para toda la vida. Además, tuve una etapa frustrante en la que no conseguía los resultados que las marcas me pedían, yo sabia que el talento lo tenía pero los resultados vienen con el tiempo y también con el factor suerte”, recuerda quien se recibió hace cuatro años y está en la playa desde hace dos.

Ese tiempo que pasa como guardavidas en Mar del Plata la ayuda también con el surf. “Cinco meses al año miro a la gente y también a las olas. Competir no es solo surfear. Es jugar tus cartas en 20 minutos y si estudiaste el mar sabés cuántas olas vienen. Por suerte, heredé lo marino de mi viejo y observo el mar desde muy chica. Además, me siento en mi medio, haciendo lo que realmente nací para hacer. No me veo en una oficina sentada, en mi cuerpo tengo hormonas luchadoras, me siento un pececito”, señala.

En Mar del Plata, sin embargo, ha vivido momentos de tensión también, tan alejados al espíritu surfer que la enamora cada día. “He tenido varios rescates”, cuenta sobre su labor como guardavidas. Al tiempo que comparte que en el verano pasado participó de las marchas del Sindicato de Guardavidas y Afines y la Unión de Guardavidas Agremiados (UGA) por un aumento salarial y que a su hermana “se la llevaron presa al voleo y la tuvieron desde la mañana hasta las nueve de la noche”.

Pero cada sacrificio y cada lucha cobran sentido cuando está en el mar. “En el surfing tenés que combinar talento, fuerza física y mental, estrategia y mucha actitud para nunca achicarte. Vas a la guerra y no podés parpadear para no regalar nada y no dejarles dudas a los jueces en esos 20 minutos Sos un gladiador con una tablita”, resume sobre esa pasión que eligió cuando era chica y revalida cada vez que agarra la tabla y busca esa ola hueca para hacer el tubo de su vida.

                   Sabrina Faija/Clarín

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