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Nicolás Kicker a punto de regresar al circuito: «Es mi segunda oportunidad»

El oriundo de Merlo estuvo 2 años y 8 meses suspendido.

Nicolás Kicker no tiene intenciones de ocultarlo: se siente muy feliz. Tan feliz que su sonrisa puede apreciarse mientras camina al encuentro con este cronista, al borde de los lagos de Palermo, un espacio que combina naturaleza y tenis por la cercanía con el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Llega minutos después de entrenarse en el Club de Amigos, sin almorzar, y se dispone para la producción de fotos. No transcurren días ordinarios en su vida: la semana próxima podrá volver a competir como tenista profesional tras una suspensión de tres años por arreglo de partidos, reducida en marzo pasado a dos años y ocho meses.

«Vamos a sentarnos al pastito», propone antes de la entrevista. Y, ya relajado bajo los árboles, suelta las primeras sensaciones: «Soñé varias veces con este momento; esperé mucho tiempo para volver, más de 900 días». Sí, los tenía contados. «Ya los estaba tachando como los presos», se ríe.

Kicker fue acusado tras dejarse perder un partido de primera ronda en el Challenger de Barranquilla, en septiembre de 2015, cuando era 171° del ranking y tenía problemas económicos en los circuitos menores, producto de la desigualdad de la que suelen aprovecharse las mafias de los apostadores. “El sistema no va. Para los chicos de ese ranking, y para los que están más atrás, no va. Del 300 para arriba ya juegan todos bien y tendría que haber un poco más de guita”, reclama quien cometió aquel costoso error en un momento de apremio monetario.

El partido investigado -en el que cayó 2-6, 6-2 y 7-5 ante el ecuatoriano Giovanni Lapentti- disparó un proceso judicial de la Unidad de Integridad del Tenis (TIU). La sanción llegó el 24 de mayo de 2018, cuando el jugador de Merlo estaba en levantada: había alcanzado la tercera rueda del Abierto de Australia y del Masters de Indian Wells; había debutado en el equipo de Copa Davis; y, como 84° del mundo, se encontraba en París para jugar Roland Garros. Si bien resulta contrafáctico, Kicker sabe que pudo haber crecido más: «Ese año me había ido bien en torneos grandes, imaginate que me suspendieron y después me mantuve cuatro meses en el top 100. No defendía puntos y podría haber hecho más cosas».

Entrenado por Juan Pablo Brzezicki y Juan Pablo Gándara, Kicker tiene 28 años, es padre de Bastian desde los 19 y su motor principal, a pocos días del regreso, es volver bien arriba. Sabe que puede para meterse de nuevo y por eso compartió la pretemporada con jugadores primera línea como Diego Schwartzman, Guido Pella, Juan Ignacio Londero y Pablo Cuevas: «Me sentí en ese nivel; no lo podían creer, me puteaban, ja. Y me decían ‘hijo de p…, no podés perder nunca un Future jugando así’. Me medí con ellos para tener una referencia y me entrené un huevo; no quiero decir resultados porque después me van a bardear (risas), pero anduve muy bien».

La suspensión vence el próximo 23 de enero y la Fiera de Merlo pensaba volver esa semana en un M15 en Monastir, Túnez, pero el torneo fue cancelado por la pandemia. Ahora, por lo pronto, el plan sería quedarse en la Argentina, armar un calendario con la idea de jugar las prequalys de los ATP, como la que organiza el Argentina Open, y aguardar por oportunidades que puedan surgir.

-¿Cómo te imaginás el regreso, ese momento en el que vas a entrar a la cancha?

-Ese tema lo trabajo mucho con mi psicóloga Mariela García. Hago ejercicios de visualización, trato de sentir los mismos nervios que había cuando competía: prepararme las raquetas y las aguas, hacer la activación, pensar la táctica si ya conozco al rival y todo eso. Voy a estar nervioso, no te puedo decir que no, pero ese momento está recontra entrenado y practicado. Quiero dar el máximo en cada punto y correr todas, que es lo que mejor sé hacer.

-Hace un año mencionaste que el proceso de investigación fue “horrible”.

-Y… (piensa). Es complejo, vos estás concentrado en el circuito, con todo lo que conlleva ser un jugador, y mientras tanto te mandan mails, te interrogan, de nuevo te envían mails, otra vez te interrogan, y tenés que presentar cosas. Me acuerdo que me habían pedido el resumen de llamadas entrantes y salientes de 2015; todo eso fue por medio de un abogado, un quilombo. Tuve que hacerle juicio a la empresa de telefonía porque no me querían dar esos datos. Y encima en Argentina, donde todo tarda un montón. Y sí, es todo una cagada.

-¿Te pasaron estas cosas antes de los partidos?

-Sí, varias veces. Me acuerdo que me empezaron a mandar mails en un US Open, antes de jugar el main draw, y me puse muy nervioso, terminé el partido todo acalambrado (NdR: cayó 5-7, 6-3, 6-1 y 6-1 en el debut ante el alemán Cedrik Marcel Stebe). Pero bueno, yo también me había mandado una cagada, viste, no era ningún santo…

-¿Si los jugadores de abajo ganaran más o pudieran cubrir los gastos habría menos arreglos de partidos?

-Cuando a mí me pasó estaba más o menos 200 del mundo (171°) y no ganaba plata. Tenía 22 años y tampoco sabía si iba a llegar a ser top 100, ni sabía que iba a ganar plata, nadie te lo puede asegurar en ese momento. Estás ahí, tambaleando, les pedís guita a tus viejos, les debés plata a tus entrenadores, en mi caso además ya tenía un hijo. Es complejo, aunque por suerte yo tuve la banca de mis viejos y no tuve que firmar con ningún sponsor usurero, de esos que te matan. Pero en ese ranking no es nada fácil. Sería bueno ganar un poco más de plata para poder reinvertirla y estar un año haciendo las cosas bien.

-¿Sentís que estás preparado para volver arriba?

-Quiero meterme entre los 30 mejores, creo que el nivel lo tengo. Es un camino largo, obviamente, hay que trabajar mucho, ganar partidos, atravesar momentos buenos y malos. Yo tengo la ventaja de haber hecho el camino y conocer lo duro que es, aunque tampoco me puedo confiar porque todos te quieren ganar, quieren plata, quieren gloria. Adentro de la cancha estás vos y el otro quiere tus puntos, tu plata, pasar a la siguiente ronda. Hay uno que gana y eso es lo que tiene el tenis: no hay empate, está buenísimo, a mí me encanta. Pero es muy cruel.

-¿Qué significa este regreso?

-Es una segunda oportunidad, por todo lo que me tocó vivir, todo lo que pasó. Pero ya está, hay que mirar para adelante. Estoy feliz, tengo mi familia sana, mi hijo, un plato de comida todos los días en mi casa. Ya está, hago lo que me gusta, juego al tenis. Pero voy a apuntar alto, me siento en el nivel y soy sincero conmigo mismo. Voy por todo.

-¿Creés que volver a jugar Futures será como regresar a las fuentes?

-Sí, seguro va a ser un poco como volver a las bases. De hecho quizá vuelva a viajar con la máquina de encordar, pero no sé, pesa mucho, pesa como cuatro kilos.

«¿Sabés lo que es una máquina de encordar? -le pregunta al fotógrafo mientras transcurre la entrevista- “Es un pedazo de fierro así, pero vale como 20 dólares encordar las raquetas y en los torneos chicos no hay tanta plata”.

-En los Futures, de hecho, perdés plata…

-Y… si llegás a la final o salís campeón empatás porque la reinvertís. Ganar plata no ganás ni loco… ni loco, no sacás una diferencia.

Pablo Amalfitano/Página 12

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