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Natalia Espinosa y la lucha por la profesionalización del vóley femenino

La JuAVA comenzó la batalla para que el voley de mujeres sea rentado.

«Llegó la hora de decir: profesionalización del vóley femenino». Con mayúsculas, como vociferándolo, Natalia Espinosa abrió un hilo en Twitter el 15 de enero y también la puerta para que las mujeres que juegan al vóley en la Argentina sean escuchadas en su reclamo por mejores condiciones. Una semana después, publicaba un comunicado firmado por casi 200 jugadoras con 8 puntos, entre los que se incluye: mejorar las condiciones para las jugadoras profesionales y apoyar las etapas iniciales del deporte, incrementar los salarios, establecer una cobertura médica para ellas y el cuerpo técnico y difundir en los medios de comunicación los torneos nacionales.

«En estos días estamos haciendo hincapié en la paridad de género en los lugares de toma de decisiones. No hay mujeres en la dirigencia del vóley», explica Natalia en representación de JuAVA (Jugadores Asociados del Vóley Argentino). «Se apunta también a un respaldo legal que le asegure a la jugadora que lo que arregla de palabra lo va a tener en la mano. Es algo para ambas partes. Muchos confunden el profesionalismo con un premio para el jugador y en realidad es una responsabilidad. Hoy a las jugadoras se les exige y responden como profesionales, pero no se las reconoce como tales».

Ya organizadas, desmenuzaron la situación real de cada uno de los clubes. Armaron una encuesta con las jugadoras de la liga y, de las 154 que calculan que son, ya tienen respuesta de 130. «La encuesta nos arroja que el 91,9% de las jugadoras no llega al salario mínimo, vital y móvil (N. de la R.: Actualmente es de $16.875)», sentencia Natalia.

–Durante todos tus años de jugadora, ¿veías una diferencia entre el vóley femenino y el masculino?

–Sí, siempre existió. Lo que pasa ahora es que con el auge del feminismo nos dimos cuenta de que lo teníamos todo naturalizado. Antes nos pasaba que si te tocaba el peor horario de entrenamiento decías «está bien, son los chicos». Además se notaba la desigualdad en los presupuestos, en la trascendencia y en la difusión de los torneos. En el común del pensamiento está que el vóley femenino no vende, pero en realidad no tienen la difusión de los medios grandes.

–¿Por qué los presupuestos son diferentes?

–Por los sueldos que reciben los jugadores, primero. Las diferencias son abismales. Y porque la liga masculina está, entre comillas, más federalizada que la femenina. La femenina hoy tiene once equipos de los cuales ocho son del Área Metropolitana y tres del interior: uno de Entre Ríos y dos de Santa Fe. La liga masculina tiene que viajar un fin de semana a Jujuy, uno a Catamarca, otro a Neuquén; hay que trasladar a los equipos, más el alojamiento, la comida, un montón de cosas.

Con 35 años, Natalia está retirada. «Los últimos años era como la Chiqui Legrand del vóley, decía ‘capaz que esta sea la última liga’ y siempre había una más», recuerda risueña. Esos últimos partidos coincidieron con la semi-profesionalización del fútbol femenino, entonces una idea empezó a sonar en su cabeza y se fue haciendo ensordecedora con el correr de los meses, hasta que se convirtió en este grito colectivo. «Nos pasaba que cuando terminábamos algún partido, nos hacían notas en las que surgía lo de la profesionalización del fútbol femenino y nos preguntaban sobre la situación del vóley. Mi respuesta era: ‘Ojala ocurra en algún momento’. Y creo que me empezó a incomodar eso de ‘ya va a suceder’», reflexiona. Los encuentros con sus colegas de JuAVA, donde ella es la única mujer, no hacían más que confirmar las diferencias de género. «Uno decía: ‘¿Y cuánto cobran las mujeres? ¿Entre 30 y 40?’. Y mi respuesta era: ‘Ni cerca’. Yo me daba cuenta de que realmente estaba mal por su reacción».

La abogada Victoria Flores Beltrán, especializada en Género y en Derecho del Trabajo, fue clave para el siguiente paso. Con ella pudieron asesorarse y proyectar una estrategia. Así, el 8 de marzo Natalia, junto con la ex jugadora Rocío Larrechea y las jugadoras Agustina Boyezuk y Florencia Corradini, presentaron en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires el Colectivo Doble Cambio, que agrupa a voleibolistas de todo el país por la profesionalización. «Hay acciones que se hicieron y se hacen mal para que nosotras no crezcamos –dijo Natalia Espinosa en su disertación–. Con esto buscamos reparar un desequilibrio histórico, buscar la igualdad».

Mariana Merlo- Pibas con Pelotas (PCP).

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