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Nació una estrella: David Popovici, el récordman mundial de los 100 metros

Es rumano, tiene 17 años y batió el récord de los 100 que databa del 2009.

La natación mundial tiene una nueva estrella: David Popovici. Con solo 17 años, el rumano ya escribió su nombre en los libros grandes de este deporte. Sus últimos logros los consiguió en el Campeonato de Europa de Roma, donde el sábado conquistó los 100 metros libre y batió el récord mundial que estaba en manos del brasileño César Cielo desde 2009 y el lunes se coronó en los 200 del mismo estilo con la tercera mejor marca de la historia. Alto y delgado, de brazos largos, pero sin la musculatura típica de los mejores velocistas, llegó para romper la hegemonía estadounidense de los últimos años en esas pruebas.

Tras su hazaña del fin de semana, aseguró que el secreto de su éxito es “trabajo, trabajo y más trabajo”. Pero su gran dedicación no hizo más que ayudarlo a desarrollar un talento natural extraordinario y una inteligencia para la competencia que se hizo evidente desde muy temprano.

Nacido en Bucarest en 2004, Popovici comenzó a nadar por recomendación médica, para corregir sus problemas de escoliosis. Cuando tenía 4 años, se tiró a una pileta por primera vez.

Adrian Radulescu, quien es su entrenador desde los 9, recordó en los últimos días que su pupilo no era fácil de entrenar, porque era muy activo y se aburría fácilmente. Pero dijo también que apenas lo conoció, se dio cuenta que tenía “algo especial”.

“Siempre buscaba divertirse. Pero tenía algo diferente, era muy competitivo, aunque solo cuando quería serlo”, aseguró Radulescu, quien compartió una anécdota que dejó en claro la precocidad de Popovici.

“Estábamos en una concentración, él tenía unos diez años, y organizamos una competición con nadadores de la misma edad. Había que nadar 25 metros y el último era eliminado. En cada serie, David terminaba penúltimo. Por delante, los otros querían demostrar que eran buenos y se cansaron. En la final, su último rival no tenía más energía y David le ganó. Con 10 años ya tenía la inteligencia y el talento”, relató el coach.

Radulescu supo guiarlo y Popovici se transformó en un verdadero profesional. Hoy se define como asceta, es decir una persona que elige renunciar a algunos placeres materiales y llevar una vida austera con el objetivo de alcanzar la perfección.

“Simplemente se trata de saber qué estás dispuesto a hacer y que los otros no harán. Eso lleva a vivir de una manera totalmente diferente, por ejemplo, en términos de nutrición, sueño, fiestas…”, comentó esta semana.

Y al analizar el secreto de su veloz progresión, reflexionó: “Le hicieron la misma pregunta a Erling Haaland (estrella de Manchester City), después de que irrumpiera. Él lo resumió bien al decir “Trabajo, trabajo y trabajo”. Es realmente eso, mucho trabajo, muy duro, muchos sacrificios. Es cuestión de saber el hambre que tienes. Y yo tengo realmente hambre”.

Esa obsesión por la victoria lo acompaña desde muy pequeño. “Cuando tenía 10 años rompí un récord nacional por primera vez. Desde entonces, me volví adicto a la sensación que te da el puesto más alto del podio”, le contó hace un tiempo a la FINA.

A los 14 años, ya poseía una marca de 49s82 en los 100 metros. Y en 2019, ganó el oro en la prueba madre y las platas en los 50 y 200 metros libre en el Festival Olímpico de la Juventud Europea de Baku. Ese triple podio fue un aviso de que estaba destinado a grandes cosas.

Su gran irrupción en el escenario internacional llegó el año pasado. Con 16 años y poco después de firmar el triplete en los 50, 100 y 200 libre en el Europeo Junior de Roma, llegó a las finales de los 100 y 200 en los Juegos Olímpicos de Tokio. Fue séptimo y cuarto, respectivamente y se quedó con ganas de colgarse una medalla, pero su actuación le permitió sacarse la mochila de “promesa”.

En este 2022 demostró que aquellos resultados no fueron una casualidad. Repitió las tres victorias en el Europeo Junior, en Otopeni. Y en el Mundial de Budapest (en junio) conquistó los 100 (con récord mundial Sub 18 incluido) y 200 libre, una hazaña que nadie conseguía desde el estadounidense Jim Montgomery en Belgrado 1973.

En el Europeo del Foro itálico arrancó con un inobjetable triunfo en los 100 metros con una marca de 46s86 para romper el récord de 46s91 que Cielo había establecido en el Mundial de 2009. Y luego se impuso en los 200 con 1m42s97, nuevo récord ecuménico junior y la tercera mejor marca de todos los tiempos, detrás de la actual plusmarca de 1m42s del alemán Paul Biedermann y del 1m42s96 de la leyenda estadounidense Michael Phelps.

Popovici hace historia con cada brazada. Pero, aunque se reconoce un enfermo de la competencia, sabe que lo más importante pasa por otro lado.

“Lo que quiero es disfrutar. Las medallas, los récords, es solo un añadido. Si consigo disfrutar, ya estoy satisfecho”, afirmó. “El deporte es diversión. Ponerse en una situación de cansancio extremo, cerca de vomitar, con la sangre que te sube a la cabeza, no es divertido en el momento. Pero después de treinta minutos, cuando ya no tenés ganas de morir, sí que lo es. Y es ahí cuando te decís que todo valió la pena”.

Compite desde los 9. A los 14 fue oro y plata en los 50 y 200 del Festival Olímpico de la Juventud.

Luciana Aranguiz/Clarín-Deportes

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