
Bien conocida es la historia de cómo esta obra, estrenada en 1842, salvó literalmente la carrera de un Verdi deprimido por el fracaso de su ópera anterior. El conflicto principal de la obra (que retrata el sometimiento y el cautiverio del pueblo hebreo a manos de Nabucodonosor II, rey de Babilonia) es uno de los temas más transitados en la ópera y en especial en la producción de Verdi: el dilema entre el poder, el deber y el amor.
Stefano Poda, autor de un concepto integral del que es autor en puesta, escenografía, vestuario, iluminación y coreografía, opta por no hacer referencias explícitas al contexto original, sino por trazar una propuesta abstracta, futurista y despojada.
El planteo depara una belleza visual magnífica, aunque el aspecto teatral no llega a convencer tan abiertamente. El estatismo impuesto a los cantantes priva a la ópera de la exposición de los conflictos internos de los personajes y sus manifestaciones externas, y un elenco de omnipresentes bailarines y figurantes, el desplazamiento casi constante del disco giratorio y el ascenso y descenso de estructuras gigantescas se convierten en elementos repetitivos que distraen más de lo que aportan.
La dirección musical estuvo en manos de Carlos Vieu, que realizó un trabajo excelente en la concertación al frente del elenco, el coro y la Orquesta Estable e imprimó agilidad a los tempi y vuelo a la expresión vocal.
En el quinteto principal de solistas se destacaron las voces graves. Como Nabucco, el rumano Sebastian Catana fue acertado en estilo, presencia y vocalidad, aunque el concepto escénico no lo haya ayudado. El bajo Rafal Siwek impresionó como Zaccaria, y su autoridad vocal y escénica fue un pilar fundamental de la versión. También fue antológico el desempeño de la mezzo argentina Guadalupe Barrientos (Fenena).
No hay gran Nabucco sin un gran coro, y el Estable dirigido por Miguel Martínez tuvo aquí la oportunidad de lucir la excelencia de un ensamble renovado, con voces jóvenes.
Margarita Pollini/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón