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Mon Laferte lanzó Autopoiética, su octavo álbum, y habla de todo

La cantautora chilena es una enamorada de Buenos Aires.

Cantante, compositora, música y pintora, la chilena Mon Laferte volvió a sorprender con una obra donde amplió su universo sonoro y poético. Se trata de Autopoiética, su octavo disco, donde asombra por su mención a Buenos Aires (en Prenderle fuego) y la inclusión de un sonido de bandoneón en (Artículo 123).

“Buenos Aires es de mis ciudades favoritas del mundo. Siempre lo digo. Y casi todo lo que digo en mis canciones es real, vivencial, como esa noche de tango que pasé en La Catedral”, explica en una charla por teléfono con Clarín.

Hace memoria e intenta recordar la primera visita a esta ciudad: “Creería que hace muchos años fui a tocar, pero todavía era una artista independiente y canté en un bar donde había dos personas, literal. No sé si antes a lo mejor fui a Mendoza. He ido tantas veces que no recuerdo exactamente cuál fue la primera”.

En cuanto a su relación con el tango, cuenta: “Soy de Valparaíso, de la 5ª Región, y en esa zona el tango, el bolero y el vals peruano son como la música tradicional nuestra. Entonces crecí bailando tango en lugares donde en general iba gente mayor”.

Enseguida reflexiona: “Ahora creo que hay un boom de gente joven haciendo tango, pero antes, cuando era niña, mi abuela me llevaba a los salones de baile. El tango es parte de mi ADN musical y de hecho aprendí a bailarlo a los nueve años. La canción Artículo 123 es una transición y es el nombre de la calle donde vivía, en el centro de la ciudad. Le puse el bandoneón porque se me hace muy sensual y nocturno. Fue una etapa mía en que me la pasé experimentando, conociéndome”..

Un big bang musical

Norma Monserrat Bustamante Laferte vive en México desde el año 2007, cuando lanzó sus primeros discos de manera independiente. Ahora sacó Autopoiesis, donde hay desde una cumbia rebajada (Te juro que volveré), una mezcla de triphop, mariachi y bolero (Tenochtitlán), tango electrónico (Artículo 123), techno crudo (Autopoiética) y salsa (Los amantes suicidas), hasta un bel canto de la ópera Norma de Bellini.

“Mi idea era mezclar todos los mundos que amo”, dice Mon. “Antes no habría hecho un disco así, definitivamente. Siento que estoy en un momento de mayor seguridad en mí y en mi música. Tengo una claridad que quizás antes no tenía. También estoy cada vez teniendo menos prejuicios”.

-El disco es una sorpresa tras otra, como que hubo un big bang en tu cabeza. ¿Qué pasó que ampliaste las fronteras y tu universo es más grande?

-Creo que siempre ha estado ese universo en mi cabecita, todo el tiempo, pero por ahí una misma se se pone barreras,. Estaba todo eso en mi cabeza, pero no sabía cómo llegar a ese sitio. Ensayo y error también, después de tantos discos. -¿Sentís que encontraste más sonidos y más mezclas de elementos e ingredientes? -Sí, así lo siento. Me gustó mucho la forma de hacerlo. Me gustó tener el control en la computadora. En los discos anteriores buscaba mucho sacar el sonido y estar horas con el teclado real y moviendo el juego. Estaba cool, pero siento que me aburría un poco en el proceso. ¡Era muy lento todo! En cambio en la computadora es como ser yo misma y lo muevo y creo que fluyó de una mejor manera trabajar así.

-¿Influye haber cumplido 40 años?

-Sí, obvio. Creo que sí influye. Cumplí 40 y sentí como que ya puedo hacer lo que se me da la gana. No tengo nada que perder en la vida. Estoy un poco más allá. Sí, me dio la vuelta. -¿Sentiste lo mismo al cumplir los 20 o a los 30? ¿O fue la primera vez que sentís ese impacto del cambio de década? -Siento que es la primera vez que se siente un poco claro. Cuando cumples 20 años todavía no eres tan consciente de la vida; es como que recién estás entrando a la vida adulta.

Y en los 30 me pasó que sentí que me estoy poniendo vieja y sentía mucho el compromiso de crear ideas, porque mi carrera estaba empezando a tener éxito. Me sentía como presionada por hacer las cosas bien a nivel artístico, personal y comercial. Ahora creo de verdad que es la primera vez que ya solté.

-Cómo se te ocurrió el título, mezcla de poesía y biología?

-Le puse Autopoiética por este término acuñado en los años ’70 por dos biólogos chilenos, Humberto Maturana y Francisco Varela, de los cuales soy seguidora. Maturana no sólo es un biólogo, sino un pensador, un tipo brillante. Venía hace mucho tiempo leyendo su obra y viendo sus entrevistas y sus charlas. Y me encanta este término.

La autopoiesis dice que las células tienen la capacidad de crearse a sí mismas. La vida crea vida, como cuando te hacés una herida y se regenera. Me pareció lindo poéticamente, como juego de palabras y la metáfora de tener la capacidad de recrearse. -Antes de terminar, contame cómo la pasaste en los shows de «Gracias totales», cantando a Soda Stereo. -Fue muy cortito; acabó pronto. Luego no pude retomar porque estaba embarazada, a punto de parir o algo así. Pero fue brutal. Me sentía un poco extraña, porque era la casi más joven de todas estas figuras súper emblemáticas del rock con las que crecí, que son todas influencias. Literalmente estaban todos ahí y fue increíble poder tocar con ellos.

-¿Soda Stereo fue una influencia fuerte?

-Más que Soda Stereo, y trato de ser muy honesta, me llegó más el trabajo solitario de Cerati. Bocanada, por ejemplo, es uno de mis discos favoritos de la vida.

-¿Cuándo te veremos nuevamente por Buenos Aires?

-El próximo año voy a estar por allá. Me muero de ganas. Te repito, es mi ciudad favorita del mundo. Tengo que vivir en Buenos Aires alguna vez.

-Ahora es más complicado moverte. Ya no sos vos sola.

-Eso es verdad. Todo el tiempo me siento como gitana. La última gira que tuve era viajar fue con bebé, con la carreola y con pañales. Son cosas de la vida.

A fines de febrero empezaré la gira por México, y a partir de abril recorreré Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Honduras y Guatemala. Durante mayo y junio será el turno de visitar diferentes ciudades de Estados Unidos.

-¿Cómo te imaginás que serán los shows?

-Justo ahora estoy en ese proceso porque obviamente tengo que tocar todas mis canciones; me gusta tocar las canciones antiguas. Pero claro, tengo que ver qué recupero de cada disco; me tengo que sentar y decidir.

Siempre es todo un desafío construir el directo y lo que sí tengo claro es que en esta etapa me interesa mucho lo visual; quiero ir un poco más allá. Siento que la música en vivo ha tomado otro camino y la gente espera mucho más de ti, no solo que toques bien o en cómo cantás. Por ejemplo, acabo de ver a Kendrick Lamar en directo recientemente y lleva un show maravilloso, súper conceptual, algo increíble.

Marcelo Fernández Bitar/Clarín-Espectáculos

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