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Manuel González Gil estrena Dos Locas de Remate, con la dupla Silveyra/Llinás

La tragicomedia sube a escena los viernes, sábados y domingos en el Astral.

“Teatro en estado puro”. Así define el director Manuel González Gil a Dos locas de remate, el nuevo estreno que subirá el próximo jueves a la cartelera del Teatro Astral (Av. Corrientes 1639) y que junta por primera vez en escena a Soledad Silveyra y Verónica Llinás (viernes a las 19.30, sábados a las 20 y domingos a las 19). En clave tragicómica, la obra del dramaturgo español Ramón Paso se mete de lleno en los vínculos de familia a través de la historia de dos hermanas muy particulares.

Catalina (Silveyra) acude a la casa de Julia (Llinás), su hermana menor, una música obsesiva y ermitaña, para pedirle alojamiento luego de quedarse sin vivienda. Veinte años pasaron desde la última vez que se vieron, y ahora que las cosas cambiaron (aunque no tanto) ambas se embarcan en una convivencia imposible donde viejas diferencias y rencores se reflotan.

“En 2019 estaba dirigiendo a Florencia Bertotti y a María Valenzuela en 100 metros cuadrados, una obra española, y el productor Juan Manuel Caballé me acercó este material. Y apenas lo leí empecé a adaptarlo, porque sabía que si conseguía dos actrices soñadas este proyecto iba a tener sentido. Dos locas de remate es una obra que necesita de intérpretes muy especiales, que jueguen y que tengan esa posibilidad de comunicación. Todo está ahí”, cuenta González Gil que actualmente también dirige una nueva puesta de Eva y Victoria, con María Valenzuela y Sabrina Carballo).

“Lo más difícil es encontrarle el tono a esta historia y que sea verdad. Tenemos que ser muy verosímiles”, afirma Silveyra acerca de la pieza que se estrenó en el Teatro Maravillas de Madrid en 2018, bajo el nombre El reencuentro y con los protagónicos de las reconocidas actrices Amparo Larrañaga y María Pujalte.

Décadas de carrera sobre las tablas no le impiden a “Solita” sentir esta nueva interpretación como un desafío. “Es un trabajo complejo. Si me hubieran propuesto el nombre de otra actriz no sé si habría hecho este personaje, porque la obra tiene una energía potente y eso es lo que tiene Verónica que además tiene un humor extraordinario”, dice la actriz que interpreta a Catalina, una mujer a la que describe como “débil y necesitada”. “Ella no tiene nada y considera que su hermana la tiene que alojar. Es una persona que evidentemente no ha vivido muy bien su vida y que hace veinte años no se ve con su hermana, y entonces piensa cómo puede hacer para convivir con esa personalidad que sabe que es insufrible y escalofriante”.

Por su lado, Llinás se pone en la piel de Julia, una discriminadora sin filtros que se emparenta con el desopilante personaje de una mujer adinerada y clasista que la actriz difunde en sus redes sociales y que está inspirado en Inés Arostegui, el papel que compuso en la telecomedia Viudas e Hijos del Rock & Roll (2014). Casualmente, durante la cuarentena, Llinás compartió su humor en videos desopilantes donde busca retener a su empleada doméstica y pide ayuda a la asistente virtual de Apple para hervir unos fideos.

“Estos son personajes con muchas contradicciones”, sostiene Llinás. “Julia está muy sola, cree que no necesita a nadie y por eso le estalla la cabeza cuando su hermana irrumpe en su vida. Al mismo tiempo, es una persona muy desagradable, y una como actriz quiere siempre que su personaje sea querible aunque sea malo, y eso puede lograrlo el humor. Este personaje transita un terreno que ya habité, y eso podía en principio allanarme el camino para poder interpretarlo pero a su vez complicar el trabajo por el miedo de caer en lo mismo y no innovar. Por eso es un proyecto desafiante, pero por suerte la tengo a Soledad, que es la mejor compañera”.

– Precisamente, es notable la similitud que hay entre Julia y su icónico personaje que interpreta en redes…

Verónica Llinás: – Sí. Parece que yo hubiera escrito este guion, y justamente por eso, por un lado, me gustaba la idea de hacer la obra, pero por otro lado me daba miedo porque lo que dice Julia parece escrito para la idiosincrasia de ese personaje. Ambas son malísimas, crueles y racistas. Entonces fue raro para mí, porque tenía temor de que el público dijera que siempre hago el mismo papel de concheta.

– ¿Y qué les atrajo de esta historia?

Soledad Silveyra: – La dificultad del material y lo que significaba encontrar el lenguaje de la obra. Cuando leí el texto pensé: “La Llinás me va a devorar”, pero sentir eso y poder enfrentarlo me encanta. Tenerla al lado a Verónica es un placer. De alguna manera, Catalina consigue que Julia cambie y llega a sus sentimientos. Mi personaje encarna la fragilidad. Las dos estamos muy conectadas como debe ser en una obra de dos personajes, y nos estamos rompiendo el alma.

V.L.: – En mi caso, no fue un amor a primera vista. Al principio, me pareció excesiva, y algunos chistes me resultaban demasiado explícitos. Y cuando miré la versión española vi que la estética era medio vodevilesca pero el público argentino les pide más a los actores. Por eso, primero no me convencía, pero le pasé el texto a un amigo que me contestó que le divirtió mucho, y entonces volví a leer y me di cuenta de que encontrando el tono justo la obra es muy graciosa.

Manuel González Gil: – Creo que la obra es muy teatral, y es el tipo de material en el que los directores tenemos que corrernos, quitar obstáculos, dar libertad y permiso de juego y no hacernos notar en lo más mínimo. Y lo que va a pasar sobre el escenario va a ser teatro en estado puro.

 Mencionaron la complejidad que presentan ambos personajes. ¿Cómo se trabaja eso desde la dirección para lograr verosimilitud?

M.G.G.: – La tragicomedia transita por un fino lugar donde siempre hay que poner el acento en la verdad. Y la composición de los personajes es algo muy personal y privado de cada actriz y eso se va encontrando en el trayecto del trabajo. Hay que respetar esa búsqueda.

– Es la primera vez que trabajan juntas. ¿Cómo evalúan este encuentro sobre las tablas?

V.L.: – Cuando me dijeron que la otra actriz elegida era Solita, dije que sí porque es una de las pocas actrices que a lo largo de mi vida no he dejado de admirar desde que la veía en sus novelas, donde me fascinaba no sólo porque era linda sino también porque le creía todo. Después la vi en teatro y siempre se morfaba la escena porque tiene un atractivo muy potente y una gran presencia escénica. Era perfecta para el papel de Catalina. Una nunca puede saber si la obra va a funcionar, pero yo sí supe que el proyecto por lo menos iba a estar bueno.

S.S.: – Nunca trabajamos juntas, pero tampoco nos conocíamos personalmente. Yo la vi actuar a Verónica en La mujer de los perros, y en esa película además de ver a la artista vi a la persona. Me conmovió porque vi en ella un compromiso enorme. Esta es una obra dificultosa y yo no la habría hecho sin ella.

– ¿Y qué expectativas tienen de cara al estreno dado el actual contexto?

S.S.: – Creo que podemos llegar a recorrer el país con esta obra.

– Un pronóstico optimista.

S.S.: – Sí, no sé si a Vero le gusta hacer giras (risas).

V.L.: – Nunca hice gira, pero le tengo confianza a la obra. Creo que puede gustar mucho, y que el público se puede reír y al mismo tiempo emocionar.

En medio de la incertidumbre

El estreno de Dos locas de remate significará el reencuentro de Soledad Silveyra y Verónica Llinás con el escenario y su púbico luego de más de un año sin actividad teatral. “Solita” había actuado por última vez, antes del confinamiento, en la sala María Guerrero del Teatro Cervantes enTeoría King Kong, en una puesta de teatro leído basada en el texto autobiográfico de Virginie Despentes, bajo la dirección de Claudio Tolcachir. Y Verónica Llinás ofrecía funciones de Carcajada salvaje junto con Darío Barassi, dirigidos por Corina Fiorillo, cuando los teatros bajaron el telón por tiempo indeterminado.

“El instrumento actoral estaba dormido. Tuvimos que recargarlo y volverlo a afinar y eso cuesta”, reconocen mientras se muestran expectantes ante el inminente estreno en un contexto donde la incertidumbre es la regla y las salas tienen que ajustarse a las nuevas restricciones horarias y a un 30% de aforo.

“Más de un año sin teatro es mucho tiempo”, asegura Silveyra. “Además, estamos muy cargadas porque es un momento muy difícil en el que no sabemos si estrenamos o no. Por eso, cuando nos reencontremos con el público voy a llorar de emoción y alegría, como lloré cuando lo fui a ver a Brandoni en El Acompañamiento”, completa. A su lado, Llinás comparte la misma sensación, pero sostiene que la única alternativa es “seguir viviendo y proyectando, como cuando se hacía teatro mientras afuera caían bombas”. Y esa idea de resistencia le dispara a Silveyra el recuerdo del estreno de Made in Lanús en medio de la crisis del 2001.

Pocos días después del estallido, el 25 de diciembre subía a escena en el Teatro Provincial de Mar del Plata una nueva versión del drama escrito en los ochenta por Nelly Fernández Tiscornia, adaptada y dirigida por Manuel González Gil, y con un elenco integrado por Soledad Silveyra, Hugo Arana, Ana María Picchio y Víctor Laplace. “Debutamos en pleno corralito, y en ese contexto se estaban tomando las calles y la gente se manifestaba. Y casualmente hacíamos esa obra en la que mi personaje de `La Yoli´ hacía una defensa del país”, recuerda la actriz.

El clásico teatral que fue llevado al cine con el título Made in Argentina en 1987, se transformó en una fuerte reivindicación de la identidad nacional. Allí se cuenta el encuentro entre dos matrimonios, el de Mabel y Osvaldo, exiliados por razones políticas en Estados Unidos, que vuelven de visita a la Argentina, donde viven “El Negro” y “La Yoli”. Cuando Mabel le ofrece a su hermano “El Negro” la posibilidad de irse del país para mejorar su economía, “La Yoli” es la que se niega a la propuesta con un discurso conmovedor.

“Ese fue un hecho único que nunca volví a vivir”, comenta González Gil sobre aquella experiencia. “En ese tiempo no había gente en ningún teatro, pero con esta obra la sala se llenaba, y cuando terminaba la función la gente espontáneamente cantaba el himno. Era algo tremendo. Esa obra venía angelada”. Y la puesta viajó también a España, y las repercusiones continuaron en la misma línea. “Cuando hicimos la obra en Barcelona, los argentinos más pendejos que se habían ido del país, gritaban: ` ¡Volvemos!, ¡volvemos!´. No lo podíamos creer. Ahí también llenamos todas las funciones”, continúa Silveyra. “Por eso, así como zafamos con esa obra en un momento donde nos pasaba de todo, con este nuevo estreno también tenemos que olvidarnos de alguna manera de lo que nos pasa y seguir. Y esperamos que el público nos acompañe”.

Candela Gomes Diez/Página 12

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