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Luis Scola, palabra autorizada, analiza el deporte argentino

El capitán de la selección argentina de básquetbol realiza su diagnóstico sobre el deporte nacional.

Haberse desarrollado como deportista dentro de organizaciones profesionales ha moldeado la mirada de Luis Scola sobre la gestión deportiva. Por eso le cuesta tanto entender lo que ve a la distancia o cuando se sube a cada proceso con la Selección.

“Hay que cambiar la estructura entera del deporte argentino”, sintetiza al hablar de otro tema de su interés. Lejos del resultadismo y con una mirada más focalizada en los procesos.

Es evidente que en los últimos 21 años, desde que Scola debutó en la Selección Mayor en el Sudamericano de Bahía Blanca de 1999, el deporte cambió radicalmente. Como espectáculo, como negocio y como vidriera. Los atletas son marcas propias. Los entrenadores y los cuerpos médicos han incorporado los avances en tecnología, medicina, fisioterapia, alimentación y nutrición. La psicología deportiva ha ocupado otro rol. Pues bien, Scola analiza que la organización dirigencial deportiva nacional “responde a un sistema obsoleto, arcaico y que se dejó de usar en el mundo”. Y argumenta largo y tendido.

“Nuestro sistema pertenece a un mundo antiguo que no funciona sino que fue cambiando. Pero así manejamos el deporte olímpico, que es profesional pero muchas veces es amateur, no porque no se entrene sino porque no se cobra un sueldo para vivir full time o los atletas no son tan reconocidos -explica-. Incluso donde se mantiene este sistema directivo por tradición, debajo del ala política ves un ala profesional que tiene bastante más poder que la pata política. Nosotros no reconocemos como obsoleta a esta problemática y la tratamos de reafirmar, asentar y sellar para que sea cada vez más eso. Hay que cambiar la estructura entera del deporte argentino, pero nadie dio el primer paso. La gente que maneja piensa que es un sistema moderno y que somos un modelo”.

-¿Por ejemplo?

-Escuchás hablar de la Liga Nacional como modelo y yo te digo que nadie usa a nuestra Liga como ejemplo o modelo en el mundo. Es una venda en los ojos que nos tapa y nos da una falsa sensación de éxito que realmente no tenemos y alimenta un sistema obsoleto, antiguo y arcaico. Es muy difícil salir, porque la gente alimenta el sistema. Si yo te junto 20 anárquicos y te los hago votar, van a votar la anarquía y vos podés decir que sos democrático pero no lo sos. La democracia es otra cosa. Tener 20 tipos que piensen lo mismo no necesariamente significa que es el único sistema y que es democrático. La problemática va más allá del básquetbol.

Es el momento en el que Luifa saca a relucir por qué las plataformas que él usó le sirvieron, por qué hay resultados en el deporte

argentino y por qué él piensa que no hay evolución sino estancamiento. “Hay algo muy común en Argentina: en los deportes de equipo somos buenos y en los in

dividuales no somos tan buenos. Eso nos da una sensación de falso éxito. ¿Por qué los deportes de equipo funcionan mejor, con niveles de rendimiento tan altos?

Porque los deportistas de equipo tienen la chance de irse y usar la plataforma de otros países para desarrollarse”, se responde.

Y entonces se pone de ejemplo y nuevamente critica lo que sucede en la Argentina. “Cuando era chico, me fui a España a los 18 y usé esa plataforma durante 10 años. Luego usé la de Estados Unidos y después la de China. Todos esos modelos fueron replicados por la Selección, que creció y tuvo éxito. Pero eso no tuvo que ver con la estructura del país. Podemos hablar de ‘los hijos de la Liga Nacional’, pero la verdad es que mientras no emigramos, no se consiguió absolutamente nada -asegura-. Después conseguimos todo, desde medallas olímpicas y torneos hasta jugadores en la NBA. Eso pasó cuando se formaron en otros países, porque sus estructuras son las mismas que desarrollan a los nadadores y a los velocistas de 100 metros. Cuando perdés esa estructura, vas a la Argentina. Así es que cuando los deportistas individuales tienen estructuras peores, consiguen resultados peores”.

-Es políticamente incorrecto, desde ya, pero teniendo en cuenta el contexto del desarrollo de los atletas, la política deportiva, la infraestructura, la crisis económica y la carencia de profesionalización, ¿se puede decir que es un milagro que el deporte argentino aún coseche medallas importantes o te parece exagerado?

-No estamos en una situación milagrosa y hay deportistas que hemos roto esa frontera: Lange, Pareto, Espínola… Hay que compararse con países que tengan una estructura similar en habitantes, región y PBI. Y en esa comparación, perdemos. Pero si vamos a pensar que no ganaremos medallas, tampoco es realista. Vamos a tener cierto nivel de éxito porque somos 45 millones y tenemos una cultura del deporte, pero si a esos pequeños éxitos los etiquetamos como un milagro nos volvemos a poner en el lugar del heroísmo. En Río de Janeiro 2016 promovimos que era la delegación olímpica más grande cuando era así porque empujaban los deportes de equipo, ya que Brasil no tenía que clasificarse. A la hora de ir al hueso, no tenemos una estructura. No significa que seamos un desastre, porque el ENARD es un gran lugar. ¿Hace todo bien? No. Está para sumar. Buenísimo. Genial. No significa que no haya que cambiar.

Hernán Sartori/Clarín

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