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Luis Pescetti nos cuenta todos los detalles de El Chiste de Leer, su nuevo libro

El escritor y cómo se gestó la idea de la nueva publicación.

Entre los ‘Derechos de los niños que aprenden’, que aparecen en las primeras páginas de El chiste de leer, el nuevo libro de Luis Pescetti editado por Siglo XXI, precisa: “Derecho a que les leamos, derecho a no ser apurado, ni empujado a avanzar. Derecho a no encajar en una norma. Derecho a que los acompañemos. Derecho a que les mostremos que nos gusta compartir este libro con ellos”.

Aunque comenzó su carrera a fines de los 70 en el café concert, Pescetti construyó una trayectoria notable en el ámbito de la literatura, en una zona de confluencomo cia entre los menores y los adultos de su familia. Todos, en definitiva, se dejan atrapar por Natacha y sus aventuras, por sus poemas y novelas. Incluso los jurados de los máximos premios literarios: el The White Ravens que le fue entregado en los años 1998, 2001 y 2005, además de varios premios Gardel, el Grammy Latino al Mejor Álbum de música para niños en 2010, el Gran Premio ALIJA (IBBY Argentina), el Konex y el Premio Casa de las Américas, entre otros. No por nada lleva más de un millón de libros vendidos en Latinoamérica y España.

De regreso en las librerías, Pescetti reafirma en esta entrevista con Clarín que “el chiste de leer es que sea un libro que entusiasme y que quien lo lea lo quiera compartir con otros y otras”.

-¿Cómo nació la idea de este nuevo libro?

-En el magma de las ocurrencias, hay un montón de ingredientes que se fueron juntando. Y de repente algo produce el chispazo: en este caso, fue ver después de todo lo que produjo la pandemia cuánto les costaba a los chicos retomar la lectoescritura, saber que llegaban chicos a segundo, tercer y cuarto grado con muchas dificultades de lectura. Pero también ver esos procesos en las familias con niños pequeños y cómo lo estaban pasando ellos al hacer el acompañamiento de la lectoescritura.

Continúa: “En la pandemia, uno de los recursos fueron las pantallas, entonces chicos pequeños empezaron a ver series que veían los hermanitos 2, 3, 4 años más grandes. Y vimos que tenían la capacidad de seguir una narrativa con conflictos, muy rica en situaciones, pero jamás podrían leer algo de esa complejidad. Charlando con mi editora, ella señalaba ese salto que hay entre la capacidad de seguir tramas tan complejas pero la imposibilidad de leer algo equivalente. Y ahí estaba el desafío de hacer algo que en términos de lenguaje fuera un buen primer peldaño, rico en términos de contenido”.

-Ahí está tu experiencia como narrador de chistes.

-Claro, tengo años de contar chistes en escenarios (todos los que están en el libro fueron probados). Conté chistes que hicieron reír mucho en Latinoamérica, con público de Chile, de Cuba, de México y de Argentina sobre todo y que formaron parte de un disco. Pensaba por qué los chicos tienen que aprender con materiales aburridos o poco interesantes. Si un chico veía una serie con aventuras, desafiando el mundo de los adultos, por qué a la hora de la lectoescritura veía otra cosa. Había un desfasaje, era enseñar a ir en bicicleta con una bici fija en el baño chico de tu casa. Eso trasladado a la lectura sería, vamos a enseñar a andar en bici, pero pedaleando en la calle, en un parque, en el campo.

-¿Hiciste alguna investigación especial?

-Hablé con la investigadora Beatriz Diuk, que creó el programa Dale de aprendizaje para lectoescritura; con Ana Casiva de la Fundación Varkey, investigadora y especialista en lectoescritura también; leí varios programas curriculares y los manuales de las editoriales para chicos de primer grado. Y comparé eso con las series y hablé con fonoaudiólogas, como Belén Diehl, para toda la parte de la lectoescritura. Con respecto al humor, tenía todos los chistes contados en el escenario; los escribí tal cual los he contado.

-¿Por qué creés que en la infancia es mejor la lectura compartida?

-En mi experiencia de los shows, lo más potente pasa cuando los chicos ven jugar a sus papás: hay un flash que se da en todos los países y en todas las familias, que es cuando ves a tus hijos reír ante un chiste. En todos los shows, me ocupo de no hacer pasar a los niños al escenario, sino a sus papás, y recibí muchos mensajes de mamás, sobre todo, agradeciendo haber podido ver a sus hijos jugando con sus papás o riendo con las lecturas, compartiendo la risa, la emoción, la comprensión. Este libro trata de hacer lo mismo.

-¿Qué repercusiones estás teniendo?

-El libro acaba de salir en febrero, así y todo empieza a circular y lo que volvió en todos los casos son mensajitos como ‘nos está persiguiendo a toda la familia leyendo chistes, va de pariente en pariente leyendo los chistes’. No solo es el contagio sino que todos nos morimos de ganas de sorprender al otro, y esa es la repercusión que encuentran: algo que les da ganas de compartir. Lo que sí fue algo inesperado es que hice el libro para chicos que están aprendiendo a leer y sus familias y los comentarios llegan además de familias con chicos de 8, de 11 años. Uno gracioso fue el de una familia con tres hijos que me contaba que la nena de 9 no le quería prestar el libro al que está aprendiendo a leer. Vos no prestás un juguete porque querés usarlo solo vos, pero es raro no querer prestar un libro, hay algo físico ahí muy potente. De hecho hice muchos juegos con palabras porque las palabras para mí siempre tuvieron una cualidad física: así como un chico juega con cubos, a mí me gusta jugar con sonidos y con palabras.

-¿Por qué el título?

-Porque el chiste de leer es lo que pasa más allá de la comprensión. Hice programas de radio para chicos durante 14 años, muchos de ellos en México, y la productora, que estudiaba comunicación, hizo una tesis que me pareció buenísima sobre qué pasa con las familias cuando terminaba el programa. Y esto es como una metáfora: el chiste de leer es lo que te pasa cuando terminaste de leer y entendiste, es cuando se lo querés contar a otro, lo querés compartir; como el chiste de una buena película es querer que todos la vean, el chiste es una vuelta de tuerca para arriba.

-¿Cuál es tu opinión sobre las pruebas PISA?

-Estoy muy en desacuerdo con el manejo que hacen los medios con los resultados. Las pruebas están hechas de una determinada manera para obtener resultados pero luego en la prensa comunican ‘nuestro país ocupa tal ranking’ y eso termina siendo una carga espantosa en la docencia y en los chicos. Además, hay una cosa en la que somos espantosamente proclives los argentinos – y que pasa acá como no lo vi en otra parte del mundo– y es esa tendencia a tirarse adentro de un volcán y decir qué vergüenza este país está cada vez peor, la educación está cada vez más abajo. Si vamos a hablar en términos técnicos sobre la comprensión lectora, hablemos de las condiciones técnicas en las que se da esa comprensión lectora. Hay que mirar qué ofrece la escuela para leer y qué ofrece el entorno. Antes, el libro no competía con nada o competía con lo que podía hacer uno en la vereda, en un campito. Hoy es tal el chorro de entretenimiento que, para que haya necesidad y gusto por la lectura, tiene que pasar algo único, diferente.

Inés Hayes/Especial para Clarín

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