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Los últimos tres rounds le quitaron a Castaño un triunfo que parecía seguro

Al finalizar la batalla de San Antonio los dos púgiles se sintieron ganadores.

La llave de una hipotética revancha entre Brian Castaño y Jermell Charlo por la cuádruple corona mundial de los superwelters la tiene Al Haymon, nadie más que él. El multimillonario productor de música rap y hip hop conduce las campañas de ambos boxeadores y serán su visión del negocio y sus conveniencias comerciales las que determinarán si el campeón argentino y el estadounidense escribirán (o no) el segundo capítulo de la historia que se desarrolló en el AT&T Center de San Antonio (Texas).

Desde lo deportivo quedó mucha tela para cortar. Y margen de sobra como para encarar el desquite. La pelea salió tensa e interesante. Y el fallo de empate dividido desparramó una polémica que tardará en decantar. Para Líbero, Castaño había ganado por poco, 115/113. Pero como siempre ocurre, los jurados tuvieron otras miradas. Sobre todo, el puertorriqueño Nelson Vásquez, quien entregó un alocado fallo de 117/111 a favor de Charlo, totalmente divorciado de lo que sucedió sobre el ring. Los dos estadounidenses dictaminaron un empate en 114 (Tim Cheatham) y una victoria de Castaño por 114/113 (Steve Weisfeld). Los tres coincidieron en un punto: Charlo ganó los tres últimos rounds. Y tal vez allí esté la clave para entender por qué lo que parecía encaminarse hacia una victoria consagratoria del peleador de La Matanza giró en el aire hasta transformarse en un fallo cerrado y polémico, pero de ninguna manera un robo.

Las tarjetas de los jurados en la noche de San Antonio

Para que haya un robo, las ventajas deben ser amplias, apreciables, de más de cuatro o cinco puntos y no ser reconocidas por las tarjetas. Y no fue este el caso. Es más, hubo por lo menos tres asaltos muy cerrados que pudieron haber ido para Charlo (69,309 kg) y terminaron yendo para Castaño (69,422 kg) según se ponderase el asedio incesante y los buenos golpes que aplicaba el argentino o el manejo de la distancia que el estadounidense hacía a partir de su mayor largo de brazos (14 centímetros de diferencia a su favor) y de su izquierda sostenida en jab. La diferencia entre una tarjeta favorable a Castaño por dos puntos y un empate es apenas la de un round fallado en favor de Charlo. Y esa estrechez en la consideración de la pelea es lo que impide afirmar que se trató de un atraco. La cátedra del boxeo y los aficionados en las redes sociales hablaron de eso, un minuto después de que se conociera la decisión.

Castaño fue el que lo entendió con mayor naturalidad. «Yo siento que la pelea la gané. Venía bien, lástima que me enganchó con esa mano en el 10º round. Creo que ahí hizo la diferencia. Ahora quiero la revancha, la necesito», reconoció sin victimizarse en sus declaraciones sobre el cuadrilátero. Y fue tal cual. Del 3º al 8º asalto y pese a su desventaja en altura y alcance, gobernó estratégicamente las acciones, acorraló por momentos a Charlo contra las cuerdas y lo presionó con su derecha cruzada a la cabeza y los ganchos de izquierda a los planos bajos. Incluso en la 3º vuelta, lo prendió con un cross de zurda al mentón que sacudió la cabeza del estadounidense. Todo venía dado para una noche de gloria. Castaño imponía condiciones y aplicaba los mejores golpes.

Pero en el 10º la obra se desmoronó casi del todo. Charlo, que sobre el final del 8º ya lo había puesto en problemas a Castaño, en el 10º lo conmovió y a punto estuvo de derribarlo. «Veía todo cruzado, tenía un ojo mirando para la derecha y otro para la izquierda y no los podía enderezar. Me salvó la buena preparación que tuve, si no me hubiera ido al piso«, admitió el argentino a quien las piernas no abandonaron y lo sostuvieron en ese momento tan dramático. De ahí hasta el final, Castaño se dedicó a sobrevivir y resignó buena parte de las ventajas que había acumulado en la mitad de la pelea. Charlo cerró mejor, pero en las estadísticas de Compubox reconocen alguna luz favorable a Castaño: conectó mas golpes (173 sobre 586) y, sobre todo, más golpes de poder (164 de 400). En ese rubro, Charlo anduvo muy por debajo (apenas 98 sobre 246).

Castaño no pudo alzarse con las tres coronas que ostenta Charlo (Consejo, Federación y Asociación). Y Charlo tampoco pudo conquistar el título de la Organización que le hubiera posibilitado ser el campeón unificado de los superwelters. Nadie perdió nada y todo quedó donde estaba. Incluso, la excelente consideración que Castaño sigue teniendo entre los grandes jefazos que manejan el negocio del boxeo. No necesitaba hacer una pelea tan buena para consagrarse porque ya lo estaba. Y es posible que haberlo puesto en severos aprietos a Charlo, le asegure una nueva pelea unificatoria o nuevas defensas de su título en condición de fondista para la televisión. Castaño ratificó su altísimo nivel internacional y su condición de abanderado del boxeo argentino. Le faltó refrendarlo con una victoria que nadie le robó. Simplemente se le escapó sobre el final porque enfrente tuvo un rival tan bueno como él.

Daniel Guiñazú/Página 12

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