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Los Pumas cayeron ajustadamente con Inglaterra y se quedaron sin podio

El desconsuelo de los argentinos tras caer ajustadamente y quedarse sin Bronce.

Después de un arranque flojo, remontaron contra Inglaterra. Pese a tener varios lesionados, desplegaron su coraje y apenas un par de fallos les costó el partido por la medalla de bronce: fue 2623 en el Stade de France. Allí, hoy Sudáfrica defenderá su título mundial ante los All Blacks.

No alcanzó. La medalla de bronce quedó para Inglaterra y no hubo revancha. Los Pumas estuvieron cerca de lograrlo y pelearon hasta el final. Pero no les alcanzó el esfuerzo y perdieron 26-23. Los jugadores llegaron al límite al partido por el tercer puesto del Mundial de Francia 2023. Mateo Carreras jugó con la pierna derecha vendada, igual que Matías Moroni cuando entró, Juan Cruz Mallía tenía una protección en una mano por una fractura que arrastra desde hace al menos dos partidos y las bandas analgésicas que Lautaro Bazán Vélez lucía en sus piernas se repetían en varios compañeros. Una muestra, en postales, de que la entrega de los argentinos fue superlativa. En ese sentido, no dejaron nada pendiente. Nada para reprocharse.

Otra imagen de los últimos minutos en el Stade de France. Mallía sumó otro nivel de dificultad a los achaques que ya le había provocado un torneo que fue extenuante. El fullback terminó en una pierna y debió ser atendido por un dolor en el muslo derecho que lo tumbó. Lo vendaron y se movió con dificultad, pero cumplió hasta el último segundo. Como los demás.

Sin embargo, el equipo de Michael Cheika regresa a la Argentina sin lograr el consuelo que se había propuesto. Sin final y sin podio. De todos modos, Los Pumas están otra vez entre los cuatro mejores del planeta. Y no es poco. Un Mundial atrás, en Japón 2019, la Selección no salió de la fase de grupos. El punto de partida para Australia 2027 tiene otro color.

El resultado refleja claramente una derrota, pero la distancia en el marcador da cuenta de las herramientas que pudo mostrar la Argentina. Y que principalmente no se fue del partido y eso muestra la fortaleza mental, la gran conquista de la era del entrenador australiano que, de no mediar sorpresas, acaba de terminar.

Pero ese será el análisis para otro momento. La primera reacción de Mateo Carreras fue salir corriendo de la cancha. Enérgico los 80 minutos pese a la molestia en la pierna, no pudo con su impotencia. Ninguno de sus compañeros se había desplomado al suelo: como una analogía de lo que hicieron en la cancha, afrontaron la derrota de pie. El tucumano, entonces, volvió con los suyos.

La alegría se manifestó en el Reino Unido; acá en Saint Denis no hubo señales de ese tipo. Fueron pocos los ingleses en el estadio y el tercer puesto no despertó un festejo exultante. Fueron más los argentinos que se quedaron, pese al frío, que los de La Rosa. Ya en el partido se podía advertir esa tendencia entre el público.

Entre los 77.674 espectadores había un puñado de argentinos, algo más de ingleses y muchos franceses que en su mayoría hincharon por Los Pumas. El partido estuvo a la altura de los 11 grados de la noche en Saint Denis, la más fría en lo que va del Mundial. Encima esta vez el DJ de turno estuvo flojo. Para levantar a la gente eligió mucho a Queen. ¿Animosidad musical? Que el próximo Mundial se imponga una chacarera rabiosa, entonces.

El try de Tomás Cubelli encendió un poco el asunto y Argentina logró irse al descanso un poco más cerca del marcador (10-16) para hacer que la segunda parte fuera más atractiva.

Santiago Carreras hizo un try con una magnifica apilada para sacarse de encima el peso de la polémica sobre su rol en el equipo como apertura, que además hizo pasar al frente a la Argentina en el marcador. La efervescencia duró un suspiro: en la siguiente intervención, Theo Dan le bloqueó la patada al “10” y se fue derechito al ingoal.

Esa fue la primera circunstancia que empezó a hacer mella en el ánimo de Los Pumas y, a su vez, permitió apuntalar la victoria de Inglaterra: los errores del equipo argentino, que volvieron a aparecer. Los Pumas jugaron un mejor -mucho mejor- partido que el primero ante Inglaterra en Marsella, pero con desatenciones que parecían haber pulido y gradualmente desaparecido en los encuentros que siguieron.

La segunda circunstancia que marcó la derrota fue el primer yerro a los palos de Nicolás Sánchez en el Mundial. De haber acertado el penal, cuando Los Pumas eran un tromba, el marcador hubiese quedado igualado. Se habría transformado en un envión para los argentinos y en una complicación para los ingleses, que hubiesen tenido que arriesgar un poco más en vez de sacar a relucir su juego mezquino en los segundos finales para ponerle el candado a la medalla de bronce.

Pero las suposiciones no cuentan. Cuando todavía había tiempo para el milagro, Cheika bajó al campo de juego y habló con el tucumano, que estaba visiblemente golpeado. Después de la ceremonia de entrega de medallas para Inglaterra, que la mayoría de los jugadores argentinos observaron desde un costado, el entrenador recorrió la cancha para saludar el público y a los jugadores ingleses que hacían lo mismo en sentido contrario.

No quedaba ya el ímpetu con el que se jugó el partido. Hasta Mateo Carreras -Carreritas-, que en varias estuvo al límite con rivales, se permitía saludar afectuosamente. Algunos cambiaron de camiseta y varios ingleses se acercaron a Pablo Matera, de traje y con las muletas que lo acompañan hace casi tres semanas.

Después del saludo, Los Pumas fueron dejando el campo de juego. Se encontraron en el vestuario por última vez estos 33 jugadores. Para el próximo Mundial de Australia habrá otra lista y, acaso, algunos sobrevivientes que intentarán que no se apague el fuego del cuarto puesto.

Poco a poco, el Mundial se acaba. Esta vez el público se fue rápido, la música sonó bajita y la velada se apagó pronto. Solo quedaron encendidas las luces que hacían más grande todavía el estadio. Solo el ruido de las máquinas que alisan el pasto y la presencia de los voluntarios que esperaban a que se retirara el último periodista mantuvieron con vida a este Stade de France, al que hoy le queda una última función.

El escenario estuvo ayer prácticamente lleno, pero sin alma. Acaso la recuperará esta tarde cuando se defina al campéon. O, mejor dicho, al tetracampeón. Será para los All Blacks neozelandeses o para los Springboks sudafricanos. Pero esa será otra historia.

El equipo regresará sin lograr el consuelo que se había propuesto.

Luciano Bottesi/Enviado Especial de Clarín

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