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Los deportes mixtos en la infancia. Mucho para trabajar en el futuro

Los deportes compartidos entre niñas y niños en la escuela primaria, campo para el trabajo mental.

Pantalones salpicados, mochilas que forman arcos imaginarios, medias tres cuartos. Los deportes en la infancia son una actividad fundamental, no solo para mejorar la salud y evitar el sedentarismo, sino también para formar lazos sociales, mejorar la autoestima e incorporar la resolución no-violenta de conflictos. En la escuela, Educación Física es una materia mixta hasta los primero años de la primaria y, a medida que crecen, chicos y chicas son separados. “La Educación Física es un campo donde se puede trabajar abiertamente con niños y niñas, sobre todo en nivel inicial cuando se manejan como iguales en el patio”, asegura Paola Teveles, profesora de esa materia y maestra jardinera. Ella entiende que la división a edades tempranas no solo impide la igualación entre géneros, sino que puede afectar la relación que estos tendrán con el deporte durante toda su vida. “Cuando yo estudié en el profesorado la materia fútbol femenino no existía, yo no tengo formación para ser directora técnica de fútbol como sí la tengo para otros deportes. Por suerte hoy eso cambió”, ejemplifica.

Algunas habilidades físicas se desarrollan más en varones que en mujeres, especialmente a partir de la adolescencia, pero esto también tiene su raíz en las distintas formas de crianza: por caso, está comprobado que los videojuegos ayudan a mejorar los reflejos, además de las ventajas que supone practicar con una pelota desde los primeros años. Sin embargo, el asunto de la separación no está saldado: en Islandia, por ejemplo, un país con muy buenos índices en términos de igualdad, hay una docena de escuelas que aplican el método Hjalli, creado por la educadora Margrét Pála Ólafsdóttir a fines de los ’80. El sistema postula que la división entre niños y niñas en el ámbito educativo puede contribuir a la igualdad de género dado que evita la reproducción de estereotipos de género y que los niños acaparen atención por encima de sus compañeras.

La Convención sobre los Derechos del Niño obliga a los Estados a reconocer el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. En 2013 el Comité de Derechos de los Niños de la ONU emitió una observación por la escasa respuesta a ese artículo, e instando a la creación de clubes e instalaciones deportivas. El documento subraya que las niñas son uno de los grupos que requieren atención particular para ejercer estos derechos, ya que por los estereotipos culturales y la diferenciación entre los juegos considerados femeninos y masculinos pueden reducirse sus oportunidades de disfrutar estas actividades y reproducir los estereotipos de género.

Además de profe, Paola es la mamá de Camila, quien a los trece años decidió unirse al equipo de fútbol femenino de su club. “Yo no pienso que haya deportes para mujeres y para varones, pero los demás hacen comentarios que no están buenos y te hacen sentir insegura. Asumen que somos malas y no nos comprometemos. No solo los pibes, sino las chicas también”, dice, sin que eso le haga perder el entusiasmo por la número cinco. Resulta fundamental que detrás de cada niño y niña haya adultxs que acompañen y generen marcos de contención para enfrentar estos dilemas. En el Playón de Chacarita hace cuatro años funciona un espacio donde juegan, entrenan y compiten niñas de entre 7 y 17 años de Villa Fraga. “No es fácil”, aclara Nadia González, una de las coordinadoras del espacio, y explica que en muchos casos deben lidiar con los prejuicios de las familias, la resistencia de las chicas y las burlas de los varones con quienes comparten la cancha.

Por eso los coordinadores recurren a actividades de reflexión, como lecturas de cuentos, música y fundamentalmente a la ESI: “Lo importante de la ESI es que permite aprender a respetar el cuerpo propio y ajeno. En nuestro espacio, chicos y chicas se turnan para usar la cancha y siempre tratamos de que el deporte sea un lugar de encuentro y no de competencia. A veces generamos actividades conjuntas o los incorporamos a la parte del entrenamiento, pero dándoles prioridad a ellas”. Camila cuenta que cuando en su curso salió el tema de los deportes femeninos, sus compañeros insistían en que el fútbol sólo era de hombres. Ella defendió su posición resaltando las dificultades sociales, culturales y económicas a las que se enfrentan las jugadoras mujeres.

En un mundo creado para varones, alentar los espacios mixtos desde la infancia abre posibilidades para repensar los lugares que ocupa cada género y las diferencias entre estos. Y, aunque aún quedan cosas por resolver, el futuro promete un horizonte de esperanza donde la igualdad permita formar equipos entre todxs.

*Por Dalia Cybel/Pibas con Pelotas/Página 12

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