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Los deportes acuáticos le dieron tres medallas de oro a la Argentina

Eugenia De Armas alcanzó la presea dorada en Esquí Acuático sobre Tabla.

Con 20 años, la atleta porteña se consagró campeona de esquí acuático sobre tabla (wakeboarding) en los Panamericanos de Lima. Fue el debut de esta disciplina y la Argentina sumó otra medalla.

Cuando se moría la jornada del lunes en la Laguna Bujama, desde el esquí náutico llegó una nueva medalla dorada para la delegación argentina, la séptima de la cosecha nacional en los Juegos Panamericanos de Lima. Eugenia De Armas se consagró campeona en la prueba de wakeboard femenino -que hizo su debut en esta edición de la cita continental- al superar en la final a la estadounidense Mary Howell y a la brasileña Mariana Nep Ribeiro.

La porteña de 20 años tuvo una excelente actuación en la final, al punto que se animó a empezar a festejar mientras nadaba, con su tabla en la mano, para salir del agua. En la costa la esperaban los entrenadores y los otros integrantes del seleccionado argentino, con los que se fundió en varios abrazos. Sabía Eugenia que alguna medalla se iba a llevar. Pero tuvo que esperar la revisión de los directores de la prueba -que tomó unos cuantos minutos- para confirmar su primer lugar en el podio. Entonces se desató el festejo.

“Estoy demasiado feliz. Vengo entrenando desde hace muchísimo tiempo para lograrlo. Hice lo que tenía que hacer en esta final y pude terminar adonde quería terminar”, contó muy emocionada en charla con TyC Sports ya con la medalla colgada al cuello.

La emoción tenía una razón de ser. Es que el oro panamericano fue un sueño cumplido para De Armas, que comenzó a practicar wakeboard desde muy chica junto a su hermana Victoria, tres años mayor, quien también representó en los últimos años a Argentina en varios torneos internacionales. “Gracias a Vicky estoy acá. Todo lo que sé deportivamente se lo debo a ella. Y sé que de ella tengo todavía muchísimo que aprender”, afirmó la primera campeona panamericana de la historia en wakeboard femenino.

Eugenia comenzó su carrera profesional en 2016 y al año siguiente terminó primera en bote en el Campeonato Panamericano de Bogotá, su primer podio internacional. Ese año también consiguió su primer título argentino, aunque en la modalidad de cable. El año pasado se consagró campeona en el Panamericano de Punta Cana, en cable, y en el Latinoamericano de Chapala, México, en bote. Y también ganó una medalla dorada en los Juegos Sudamericano de Cochabamba. Y en este 2019, sumó un oro en los Sudamericanos de Playa que se disputaron en Rosario.

La porteña ocupa el 16° lugar del ranking mundial femenino y, según comentó su hermana, tiene potencial y talento para llegar al número uno en el futuro. “Le falta experiencia, solo eso”, dijo Vicky ayer.

Aunque a pesar de su poco recorrido como profesional, Eugenia ya metió su nombre entre las mejores porque fue la primera en hacer un doble en lancha, una pirueta de gran dificultad, en la historia del wakeboard mundial. Por todo eso llegó a Lima 2019 como una de las grandes candidatas. Y no defraudó. La rompió en la final, se colgó un oro histórico e hizo sonar el himno argentino bien fuerte en la Laguna Bujama, justo cuando empezaba a caer la noche en la jornada del lunes.

Manuel Lascano y Agustín Vernice festejan la consagración en K2 1000.

De no haber sido por el canotaje Agustín Vernice y Manuel Lascano nunca se habrían conocido. Sencillamente, por una razón: vivían a 600 kilómetros de distancia. Pero el deporte acercó Olavarría y Viedma y generó una amistad que en la Albufera Medio Mundo vivió su momento más especial: el oro del K2 1000. “Lo primero que le dije a Manu cuando recuperé el aire fue que para mi ganar la medalla con él valía doble porque es como un hermano y él piensa lo mismo de mi, somos muy unidos”, confiesa Vernice, que en una misma jornada se subió dos veces a lo más alto del podio: solo al ganar la K1 1000 y una hora y 20 minutos después en la K2 1000. Lascano lo refuerza: “Recontentos estábamos. Porque hace mucho que nos conocemos, compartíamos un montonazo de cosas y estos resultados son más especiales cuando los compartís con un amigo de toda la vida. Compartimos muchas más cosas que solo remar. Además, si tenés algún tipo de problema en el bote, lo charlás con tu amigo y nosotros lo hacemos juntos”.

Se conocieron hace 10 años y su primera competencia juntos fue poco después, con 16 años, en selectivos nacionales. Fueron a un Mundial de menores, pese a que tenían dos años menos de la media, y lo volvieron a hacer con 18. Se llevaron tan bien arriba del kayac, que la relación siguió afuera: Agustín vivía en la casa de Manu cuando las concentraciones se hacían en Viedma. Y la amistad no solo los incluyó a ellos: es normal que las mamás viajen juntas a verlos competir, como ocurrió en Canadá.

Aunque no siempre trabajaron el K2, porque Vernice se especializó en el K1 y Lascano empezó a competir en botes más grandes como el K4, “el destino” -dice el olavarriense- los puso nuevamente juntos en septiembre pasado en Canadá para el Panamericano de Canotaje en el que consiguieron la plaza a Lima.

Sucede que en esa sede de los Juegos Panamericanos ubicada a 190 kilómetros de Lima Vernice tuvo una prueba relajada en el K1 1000, en la que sacó provecho de los primeros 500 metros para tener control y dominar hacia el final. Con Lascano, en cambio, fue todo lo contrario. En la primera mitad pasaron en tercera posición. “Físicamente no veníamos con mucho resto, pero en los últimos 250 tratamos de hacer una ventaja. Entonces, le pegué un grito a Manuel. Cuando agarrás velocidad de golpe, desmoralizás al otro. Y nosotros logramos hacer una pequeña pero tranquilizadora ventaja de medio bote para ganar la prueba”, explica Vernice.

Y confiesa el problema que los hizo sufrir en Lima: “Íbamos un poquito torcidos, a él se le caía el bote a la derecha y a mí a la izquierda. Por el tema de la fatiga, es una compensación porque no se hace la misma fuerza”.

Su compañero aporta que los inconvenientes empezaron la semana pasada y que ese grito de su amigo llegó en el momento justo y “ayudó muchísimo”. “No nos había pasado nunca y la semana pasada nos pasó, pero usamos todas las maneras para resolverlo. Primero con lo técnico, después con físico y cuando nos cansamos pusimos huevos y lo que no había. Pero íbamos a morir juntos”, respalda Lascano.

                         Sabrina Faija/Clarín

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