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Llueven los elogios para Toy Story 4, «el» estreno de esta semana

Las andanzas de Woddy y sus amigos en su cuarta versión cosecha muy buenas críticas.

A ver: no sólo al final de Toy Story 3 todos lagrimeábamos, por la despedida de Andy, que regalaba sus juguetes, entre ellos a Woody, a Buzz, al Señor Cara de papa, a la vaquera Jessie, al dino Rex, al perro Slinky. Unos minutos antes, cuando parecía que el fuego se iba a comer a nuestros juguetes amigos, nos tomábamos de la mano como hacían ellos en la pantalla ante el posible final.

No fue ni uno ni otro el final de los juguetes, ni de la saga de Toy Story, porque aquí estamos, a nueve años de lo que se asemejaba a un final redondo, con Woody, Buzz y nuevos juguetes, ahora en nuevas manos. Las de Bonnie, la pequeñita que los recibía en su hogar luego de que Andy marchara a la Universidad.

La pregunta, hace nueve años, no era si la historia seguiría. Lo que nos preocupaba era cómo iban a estar nuestros amigos en esa nueva casa. Y, después, qué aventuras iban a seguir.

Bueno, en Toy Story 4, que tampoco parece tener un cierre definitivo, así como en la 3 había una despedida casi forzada -la de Andy-, se produce otra. Y también hay un reencuentro.

No se trata de spoilear, porque qué mejor que llegar a la butaca del cine y disfrutar lo que la gente de Pixar nos quiere ofrecer.

Sí vale decir que las tramas empiezan a repetirse, a reiterarse, y a no tener sorpresa. Siempre hay un juguete que rescatar o salvar.

Bonnie es muy chiquita, y cuando va a empezar Jardín de infantes, con todos sus miedos, ¿quién va a ayudarla, escondiéndose en su mochila, sino Woody? Allí, jugando y casi sin querer, Bonnie crea su propio juguete con un tenedor de plástico. Le pone ojos, boca, bracitos y piernas. Pero Forky, como lo llama, siente que su lugar no es entre los juguetes, sino en el tacho de basura.

Así que ¿adivinen quién también, estará siempre atrás de él, cuidándolo?

Woody es el gran protagonista de Toy Story 4, más que Bonnie y más que Forky (y que Buzz, y que Jessie). Pero la que regresa tras su notoria ausencia en la 3 es Bo Poop, la pastorcita, a quien Woody encuentra en una casa de antigüedades en un viaje de fin de semana que hace la familia de Bonnie. Y junto a ella, otros muñecos un tanto terroríficos, como la muñeca Gabby Gabby, y quienes la secundan. Hay un homenaje a El resplandor, de Kubrick, porque aunque John Lasseter ya no esté detrás de cámaras como en la 1 y la 2, esta gente sabe de cine y las citas cinéfilas para los mayores no faltan.

Tampoco ha cambiado nada en cuanto a las emociones, el humor, la solidaridad entre los juguetes amigos y la creatividad sorprendente en la animación. Ya cuesta distinguir qué es agua creada por computadora y qué una gota de lluvia real.

La de Toy Story es una de las sagas animadas más queribles y compradoras, que ya pasa de generación a generación. Podría terminar con esta cuarta aventura, sí, pero…

                   Pablo O. Scholz/Clarín

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