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Lisandro Aristimuño habla sobre Criptograma, su nuevo disco

Es el séptimo disco del cantautor patagónico.

En Criptograma , su séptimo disco de estudio, Lisandro Aristimuño necesitó mirarse al espejo, pero desde diferentes enfoques y dimensiones. En las diez canciones que integran el disco, el cantautor rionegrino asume y se reconcilia con sus luces y sus sombras. Por primera vez, dice, se puso en primer plano. Si en Mundo anfibio (2012) Aristimuño se sumergió en el agua y en Constelaciones (2016) salió a pasear por las estrellas, en este disco se propuso buscar algunas respuestas dentro suyo. En sus raíces, en su esencia, en su espíritu escorpiano. “Si no estás contento adentro tuyo o en tu lugar, afuera no creo que lo puedas ser”, sintetiza el músico y productor en diálogo con Página/12Criptograma es, ante todo, un disco melancólico y enigmático. En el que retorna, además, a su principal identidad sonora: la convivencia entre la música electrónica y la orgánica.

“Algo está pasando con mi sombra / Que no se presenta ni me nombra / Y ya ni se atreve a caminar”, se cuestiona en “Sombra 1”, una canción clave para descifrar el mensaje del disco. “No estoy solo, estoy con mi sombra. Y tuve el coraje de dejar que esa sombra sea parte de mí. Que eso que yo generaba con mi cuerpo, con una luz que se reflejaba en una pared, sea mi compañía”, sostiene sobre esta canción oscura. Acompañado por su banda Azules Turquesas, el disco encuentra sus puntos altos en la espesura de “Loop”, la potencia de “Cuerpo”, en la agridulce “Cosas del amor” –con esa impronta orquestal que ya estaba presente en Las Crónicas del Viento (2009)- y en la melancolía de “Hoy no fue ayer”, con Lito Vitale al piano. “Hemos tenido muchos encuentros con el maestro Vitale. Yo lo admiro profundamente, me parece un gurú”, dice Aristimuño. Pero, sin dudas, la participación del rapero y freestyler Wos en “Comen” es la perlita del disco.

Criptograma, además, es el primero que graba y produce en su propio estudio, Viento Azul, una circunstancia que lo motivó a experimentar de nuevo con máquinas y computadoras. “Lograr tener mi propio estudio fue un regalo de la música”, resalta. “Me permite estar tranquilo, sin horarios. Las canciones fueron grabadas en tres o cuatro días nada más. Estábamos todos súper relajados. Llegamos a grabar antes de la cuarentena, en febrero. Pero se me complicó un poco en el final del proceso porque había quedado todo en un disco rígido del estudio”, le cuenta a este diario. “¡Y un día tuvimos que ir a rescatar el tesoro!”, bromea. De las diez canciones, de hecho, dos nacieron en este contexto de aislamiento social: “Nido” y “Baguala 1”.

“De algún modo, esto que está pasando me ayudó artísticamente a darle un poco más de tiempo al disco. A veces soy muy pasional y voy muy para adelante, pero esta situación me hizo parar un poco”, revela. “’Baguala’ y ‘Nido’ son ahora las canciones que más me gustan del disco porque surgieron desde un lugar súper genuino, no me las esperaba. ‘Nido’ surgió con la necesidad de encontrar mi identidad; de estar bien primero en mi nido, adentro de mi cuerpo, para después salir y ser mejor persona. ¿Qué vamos a hacer ahora que estamos cada uno en su casa sin poder aparentar lo externo? En mi caso, siempre la música es mi forma de sacar lo positivo. Todos tenemos en algún momento un lugar de expresión. Yo uso la música como un canal”.

-¿Por qué decís en el EPK que el disco «te guió a vos» y no al revés?

-Me pasó, por primera vez con un disco, que sentí como una introspección; o sea, que yo no estaba dirigiendo al disco sino que las músicas y las canciones me estaban marcando un camino. Incluso es la primera vez que en un disco me puse tan en primer plano, como actor principal. Y de algún modo me dejé fluir por la música misma; me iba marcando qué decir. Surgía desde bases electrónicas, programaciones, y empezaba a flashar desde ahí, cosa que quizás en otros discos ya tenía la canción escrita en la guitarra, con los acordes y la letra, y después iba a producirla. Pero en este caso fue al revés: desde las mismas sonoridades electrónicas me llegaba una ola de información. Realmente la música me empezó a producir el disco.

-¿Te resultó importante encontrar el nombre el disco para organizar esas canciones?

-Siempre me gusta laburar los discos desde algún concepto, le doy mucha bola a eso. Me parece importante mantener una coherencia en el álbum, desde la primera canción hasta la última, como contar una historia o mirar una peli. Me resulta muy atractivo e inspirador eso. Entonces, siempre me pregunto de qué quiero hablar cuando empiezo un disco nuevo. Qué quiero decir en general, qué quiero contar. Quizás cuando hago un disco aparece más el lado mío de productor que de cantautor. Algunas canciones quedaron afuera porque se salían del mensaje que quería dar. El título fue buscado porque yo estaba intentado encontrar una palabra que sintetizara algo puntual que quería decir. Me estaba asombrando la forma que estamos teniendo a la hora de comunicarnos: los símbolos, los íconos, los emojis. O sea, la manito, la carita, el corazoncito, el fuego. Empecé a buscar en internet y me salió esta palabra, Criptograma, que son mensajes ocultos detrás de símbolos. Y me parecía que cerraba lo que yo quería decir; seguir manteniendo la forma de comunicarnos personalmente, mirándonos a los ojos, diciéndonos palabras en vez de poner un pulgar hacia arriba. Porque los emojis se pueden interpretar de muchas maneras. Y también por las ganas de querer hablar de mí, de ponerme en primera persona. Obviamente que en mis discos anteriores hablaba de lo que veía o sentía, pero nunca me había puesto como actor principal. Siempre jugaba a ser un río o algo abstracto en una historia. O miraba desde afuera.

-Tres de las canciones –“Señal 1”, “Sombra 1” y “Baguala 1”- terminan con el número 1, algo que para vos representa el renacimiento, lo primordial, ¿Necesitaste en este disco hablar de cosas más esenciales?

-Es un disco para mí muy terapéutico. La música es un lugar muy sagrado en el que uno está muy libre y puede expresarse de una manera que tal vez en circunstancias cotidianas uno no lo puede hacer. Entonces, me pasó que tenía ganas de hablar de mí. Y siempre la música es el canal donde me siento más cómodo para decir cosas. Tiene todo un sentido el disco. Arranca con «Levitar», que habla de “contemplar y respirar”, y va continuando la peli hasta terminar con «Baguala», que representa la imagen de un tipo solo con un celular haciendo música. Y me pareció un buen cierre de disco. Porque la música nunca se va a detener. Volver a la fuente tampoco quiere decir que tengas que dejar la tecnología. Sino al contrario, usarlo a tu favor. Y me pareció bonito eso: con un celular también podés hacer música, en todos lados podés hacer música. Hay gente que dice que el disco es oscuro y otros que dicen que eso es espectacular. Depende también del gusto de cada uno. Pero mi intención era mostrar eso. Nunca hice un disco para que le guste a todo el mundo, no me siento tan poderoso como para hacer eso, al contrario.

Claro, el disco refleja cierto grado de oscuridad, pero no es necesariamente algo negativo, porque donde hay oscuridad también hay luminosidad. Un ejemplo es “Sombra 1”, que se abre hacia algo esperanzador…

-Sí, yo tampoco creo que la oscuridad sea algo negativo. Y te das cuenta en las letras. Yo simplemente acepto esa oscuridad y es parte de mi vida. Creo que este sistema a veces nos hace pensar que tenemos que estar todo el tiempo de fiesta, alegres y enamorados, pero hay otra parte que no se cuenta, porque no vende. Por supuesto que la gente quiere ser feliz, pero también la gente en su nido y su interior tiene problemas. Y poder tener una linda relación con eso es parte de la vida, la idea del yin y yang. Si no estás contento adentro tuyo o en tu lugar, afuera no creo que lo puedas ser. O sino sería muy contradictorio. De repente en tu casa sos el tipo más oscuro y triste y después fuera te hacés el guacho pistola. Yo si veo alguien así me genera desconfianza. Nadie es feliz todo el tiempo en este mundo.

-Mencionaste al yin y el yang, un concepto del taoísmo. ¿Le das importancia a lo esotérico, a lo místico?

-Me interesa y me gusta mucho leer sobre eso. De hecho, mi disco anterior se llama Constelaciones (2016). Creo en un mensaje espiritual, creo que la gente tiene adentro otras cosas más allá de lo que hable o lo que diga; tiene sensaciones y sentimientos que son parte de cada personalidad. Creo en la naturaleza, sobre todo. En los tiempos y en las formas de cada uno. Me encanta que sea así, porque eso es lo que nos hace ser diferentes entre nosotros. Y no hay cosa mejor que la diferencia entre un amigo y otro. Yo no tengo amigos parecidos a mí porque sería súper aburrido. Me gusta tener amigos a veces opuestos a lo que soy y eso es lo que me hace amarlos y protegerlos. Siempre busco ese lugar en mí.

-A diferencia del anterior, Constelaciones (2016), que era un disco más orgánico y analógico, sin samplers ni programaciones, en este nuevo trabajo retorna tu costado más electrónico.

-Sí, la computadora fue muy aliada en este disco. Volví a eso que tanto me gustaba hacer y que en un momento lo dejé de hacer porque estaba medio podrido de maquetear todo. Por eso también en Constelaciones llamé a dos grosos (Javier Malosetti y Sergio Verdinelli) porque quería tocar, no quería estar delante de una computadora durante horas editando y haciendo cositas y soniditos. Pero en este disco me volví a amigar con eso y acordarme cómo jugaba con los programas. La parte de la programación es como un juego de niños para mí. Y lo entendí de ese modo, me gusta jugar con la electrónica. Y lo acepté de nuevo y me volvieron a resurgir las ganas de estar jugando con sonidos y aparatitos. Como un niño con los jueguitos. Un renacimiento. Si sentí la necesidad de hablar de mí no podía faltar la electrónica. Lo sentía también como un sello personal, porque desde que arranqué siempre laburé con una compu adelante.

Extrañar los conciertos

Cuando se presenta en vivo, Aristimuño siempre cuida cada detalle, cada elemento que aparece en escena. Algo que aprendió del mundo del teatro. Su padre es director teatral y su madre, actriz. Su música, de hecho, es muy visual. El horizonte patagónico y el silencio del sur aparecen en sus canciones. “La verdad que todo esto del streaming me cuesta un poco porque me encanta tocar en vivo y que la gente esté ahí. Por eso me resulta muy difícil cantar para una pantalla, me siento medio raro en ese contexto”, confiesa el músico nacido en Viedma hace 41 años. Por lo pronto, no ve la posibilidad de presentar el disco en alguna modalidad de streaming. “Aparte también la energía del público te genera algo, es parte del vivo. Y que eso no esté es rarísimo. A veces prefiero que escuchen mis discos a que me vean tocar a través de una cámara. Prefiero hablar incluso en vez de tocar”, dice.

En los primeros meses de la cuarentena, realizó por Instagram Live un ciclo de encuentros y entrevistas espontáneas con músicos amigos, como Gabo Ferro, Fernando Ruiz Díaz o Raly Barrionuevo. “Cada uno está buscando la forma de expresarse y encontrar una salida económica. Por eso tuve la necesidad y las ganas de sacar este disco en este momento. Algunos me decían que no lo sacara porque todo era un caos y la gente estaba preocupada por otras cosas. Sin embargo, mucha gente me agradece que le haya dado música en este momento. Nadie tiene la posta, estamos viendo qué podemos hacer”, reflexiona. Y refuerza: “Estoy sobre todo poniendo en primera instancia el hecho de ser padre y de cuidar a mi hija. No siento que estén las cosas como para que me enfoque ahora en hacer un recital por streaming. Prefiero poner esa energía en criar a mi hija y que ella esté lo mejor que se pueda. Acompañar a una nena de ocho años que no puede ir a la escuela y que no puede ver a sus amigos”.

-¿Y cómo ves la situación general de los artistas y el rol del Estado en este contexto donde lo primero que frenó fue la actividad musical?

-Creo que estamos en una situación súper difícil y a veces el Estado tiene que estar en cosas también muy importantes, como la salud, la economía o atendiendo a gente que no tiene para comer. A veces hay que esperar un poco, tener un poco de paciencia. Sé que hay muchos músicos que necesitan laburar. La música es como el agua: siempre va a ayudar a gente y estar presente. Lo que más me entristece es que no se pueda tocar en vivo y que no se genere ésa conexión con la gente. Que no se pueda dar eso es un bajón, porque uno también quiere expresarse y ver esas caras emocionándose en un concierto.

El concierto en vivo es un ritual. El aislamiento social es muy fuerte para alguien que se dedica a este oficio. Pero también creo hay que tener mucha paciencia. Y cuando vuelvan los conciertos en vivo con público va a ser un momento muy feliz para todos.

Sergio Sánchez/Página 12

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