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Liliana Ruiz, sobre El Último Falcon sobre la Tierra y el nacimiento de Baltasara

La foto con el escritor austríaco Stefan Zweig firmando autógrafos en la librería Ruiz es un firme testimonio.

El premio Fundación Medifé Filba a El último Falcon sobre la tierra, de Juan Ignacio Pisano, como la mejor novela publicada en 2019 resultó una sorpresa por más de una razón. El galardón fue para el primer libro de un escritor poco conocido en el ambiente, que además había pasado inadvertido para la crítica y los lectores. Pero al menos una persona tenía plena confianza en la apuesta: Liliana Ruiz, la editora de Baltasara, responsable no solo de la publicación sino de haber presentado la obra al concurso.

“La idea era estar con la novela en la Feria del Libro de Buenos Aires. Como no se pudo, porque la feria se canceló, se me ocurrió presentarla para el premio, para hacer algo más por su difusión. El autor un poco se enojó, como diciéndome que perdía el tiempo. Después cambió de opinión, cuando apareció en la lista larga de los diez finalistas”, recuerda Ruiz.

Baltasara es una pequeña editorial de Rosario con una fuerte impronta familiar. No solo porque Ruiz trabaja junto con su esposo y su hijo, sino porque reivindica la tradición de su padre, Laudelino Ruiz (1904-1972), editor y librero de origen español vinculado a la causa republicana durante la Guerra Civil. El nombre, además, remite a una bisabuela que había memorizado el Quijote y solía pacificar los pleitos entre vecinos, en el pueblo de Robles de la Valcueva, provincia de León, con sentencias y frases de la obra de Miguel de Cervantes.

“El modelo es el ADN de mi padre y lo que yo vi que él hacía como editor. Es un modelo romántico, no comercial”, afirma la editora de Baltasara. Pero “los libros también se venden” y de hecho “entre la tarde del jueves en que se anunció el premio y el viernes siguiente, El último Falcon sobre la tierra se agotó en las librerías de Buenos Aires”.

Hasta 2009, cuando Baltasara publicó su primer libro, Liliana Ruiz se dedicó a su profesión de ingeniera civil. Poco antes había comenzado a organizar el archivo familiar, con la correspondencia que mantuvo su padre con intelectuales europeos, en su mayoría españoles, y con la documentación relativa a la Librería y Editorial Ruiz, fundada en 1931.

“Mi padre soñaba con volver a su pueblo, Robles de la Valcueva. Era anarquista y estaba muy comprometido con la causa republicana. Fue uno de los fundadores del Centro Español de Unión Republicana, en 1933, a través del cual se organizaron colectas para los huérfanos de la guerra y actividades de asistencia para los exiliados hasta mucho después de finalizado el conflicto. Incluso mandaron una ambulancia a España”, dice Liliana Ruiz.

También fundador del Ateneo Luis Bello, bajo el axioma “Libertad y Cultura”, y editor de la revista Nueva España (1937-1940), Laudelino Ruiz organizó las giras por el país de León Felipe, Stefan Zweig, Francisco Ayala y Claudio Sánchez-Albornoz, entre otros ilustres visitantes. “La librería estaba en Córdoba 1281, en el centro comercial de Rosario, y vivíamos detrás. Toda mi niñez pasó entre libros y escritores”, evoca su hija.

La editorial paterna publicó unos 300 títulos de literatura, medicina y educación, con obras precursoras de problemas actuales, como los escritos de la feminista brasileña María Lacerda de Moura -prohibidos durante la Década Infame- y los ensayos del médico Juan Lazarte sobre el control de la natalidad. “Nunca pensé que íbamos a cerrar, como tuvimos que hacer en septiembre de 1977”, se lamenta Liliana Ruiz.

La librería había recibido amenazas de la Triple A y pintadas intimidatorias antes del golpe militar de marzo de 1976 y la situación se volvió insostenible al año siguiente, después de sufrir un allanamiento del Ejército: “En ese momento estaban presentes mi mamá, Irma Moyano, y una empleada. Les hicieron sacar los Veinte poemas de amor de Neruda de la vidriera, descolgaron los cuadros de los dirigentes republicanos que teníamos en casa y cargaron un camión con libros”.

Fachada original.

El proyecto de Baltasara como editorial fue recuperar el legado familiar. “Empecé sola, hasta que mi hijo Guillermo Javier Corbacho pasó a encargarse del diseño de los libros y de Instagram y mi marido, Guillermo Antonio Corbacho, de la distribución”, cuenta la editora. En la división de tareas familiar, Liliana Ruiz está a cargo de la edición de los libros y de la difusión en Facebook y delega en colaboradores externos la primera evaluación de los originales. “Mi marido es más firme para seguir el tema de las ventas; ese trabajo me excede. A mí me encanta la literatura”, agrega.

El catálogo de Baltasara comprende hasta el momento 77 títulos en colecciones de narrativa, teatro, poesía, patrimonio, ensayo y reediciones. “Lo que busco son buenas obras literarias”, dice Ruiz. El método consiste en organizar convocatorias para la recepción de novelas, cuentos, libros de poesía y ensayos. Una forma de responder, además, a la constante demanda de autores que escriben a la editorial.

La primera convocatoria fue en 2015 y recibió cincuenta manuscritos, en su mayoría de narrativa y poesía. “En ensayo seleccionamos en ese momento Rubias teñidas, de Claudio Iglesias, un libro que sigue vendiéndose, y después Colgados del lenguaje, poesía en las ciencias, de Osvaldo Picardo, que también tiene mucha salida entre lectores jóvenes; ya sacamos una reimpresión y preparamos la segunda”.

La cantidad de manuscritos que recibió a partir de entonces obligó a Ruiz a desglosar las convocatorias por género. Más de 150 autores se presentaron al concurso de narrativa de 2018 en el que resultó elegido el libro de Juan Ignacio Pisano. “Por los informes que llegaban era difícil tomar una decisión, pero tampoco podía publicar a todos los seleccionados”,

comenta Ruiz, pero El último Falcon sobre la tierra se impuso sin dudas. La novela de Pisano apareció en abril de 2019 y, como suele ocurrir con autores debutantes, circuló entre familiares y amigos. El libro recibió apenas una reseña, hasta que el premio Fundación Medifé Filba provocó una sucesión de entrevistas y notas de prensa. El fallo del jurado que integraron Eugenia Almeida, Luis Chitarroni y Beatriz Sarlo fue también un llamado de atención para la crítica especializada y un reconocimiento al gesto editorial de publicar a un autor inédito.

El aprecio de los autores por el trato de Baltasara es visible en los comentarios de las redes sociales, “aunque también hay cortocircuitos, porque no todos son divinos”, aclara Ruiz. En una coyuntura donde la edición independiente puede ser también un eufemismo para designar obras que en realidad son pagadas por los autores, los criterios y la política de esta pequeña empresa rosarina se revalorizan.

Pero Liliana Ruiz dice que no quiere aparecer como alguien especial: “Si no fuera por la ingeniería civil, por todo lo que trabajé en esa profesión, no podría darme el gusto de editar. Tengo una espalda para soportar algunas cosas, tengo la posibilidad de hacer, esa es la verdad. Nuestros títulos no están en las grandes cadenas, pero confío en los libreros que recomiendan buenos libros a los lectores”.

El 1° de noviembre Baltasara abrió la recepción de novelas, que cierra el 15 de enero. “El caso de Louise Glück con la editorial Pre-textos me preocupó mucho. No se puede creer tamaña injusticia”, dice Liliana Ruiz a propósito de la controversia por los derechos de publicación en lengua española de la última ganadora del Premio Nobel de Literatura.

La intervención del agente literario Andrew Wylie, que retiró la obra de ese sello español, que la editaba, le recuerdan a la editora de Baltasara experiencias que le tocaron a su padre. “Sufrió lo mismo como editor, con varios autores”, dice.

Y piensa que podría ser su propio caso con El último Falcon sobre la tierra: “A partir de que el libro de Pisano apareció en la lista larga del premio Fundación Medifé Filba varios agentes literarios se contactaron para preguntar por los derechos de publicación”.

Nuestros libros no están en las grandes cadenas, pero confío en los libreros que recomiendan buenos libros a los lectores”.

“Si no fuera por la ingeniería civil, por lo que trabajé en esa profesión, no podría darme el gusto. Tengo espalda para soportar algunas cosas”.

Osvaldo Aguirre/Clarín

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