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La tiradora Fernanda Russo planea tener una larga carrera

La deportista cordobesa, de 20 años, se estaba preparando para participar del los Juegos Olímpicos de Tokio.

El mundo se sigue adaptando a las consecuencias que provoca la pandemia de coronavirus, y el deporte continúa también en la búsqueda de opciones para encontrar una salida. Entre esos protagonistas se ubica Fernanda Russo, quien a los 20 años se preparaba para competir en sus segundos Juegos Olímpicos. La cita en Tokio fue postergada finalmente para el año próximo, y la espera será más larga todavía.

Russo, nacida en la provincia de Córdoba pero riojana por adopción, es representante nacional en rifle de aire (diez metros) individual, y al mismo tiempo se prepara para modificar algunas cuestiones que la rozan de cerca. “Lo que estudio (Gestión Deportiva) lo hago porque creo que se pueden cambiar situaciones en ese aspecto, sobre todo de alguien que viene del ámbito deportivo”, aclara en diálogo con Página/12.

–¿Cuál fue tu primera reacción cuando finalmente se postergaron los Juegos Olímpicos?

–En el momento que todo esto se empezó a agrandar y se hizo una pandemia, uno se empezó a imaginar cómo se podían desarrollar las cosas. No fue una sorpresa, pero fue como un balde de agua fría, porque cuando se confirman ese tipo de cosas se replantean otras. Un año más implica tiempo, dinero, y trabajo. No es fácil. Creo que hay que tomarlo como una oportunidad para mejorar, para crecer y mirar para adelante.

–En la parte emocional, ¿hay sensaciones de frustración?

–En mi caso no tanto. Entiendo a alguien que haya estado pensando en el retiro, que lo obliga a tomar una decisión, o al que todavía no tenía la clasificación asegurada, eso debe ser mucho más difícil manejarlo. La clasificación yo ya la tengo, y en ese caso estoy más tranquila. Lo que me genera es ansiedad, pero por suerte estoy trabajando con un psicólogo deportivo y lo controlo bien. El hecho de no poder entrenar en condiciones normales es otro factor que altera bastante las cosas. Pero hubiese sido injusto hacer los Juegos sabiendo que hay gente que se está muriendo. Inclusive, hay atletas que no están en condiciones de competir. Sería un acto muy egoísta.

–¿Tus planes cambiaron mucho con todo esto?

–Un poco, porque yo también había manejado mi vida extradeportiva en función de los Juegos. Las materias de la facultad las había elegido en ese sentido, o lo que tenía planeado para después de los Juegos también se modificó. La verdad, te cambia mucho el panorama.

–¿Pensabas que ibas a llegar en un punto óptimo de tu rendimiento?

–Sí, yo creo que sí. Siento que estaba muy preparada, sobre todo en el trabajo previo a la clasificación, y una vez que teníamos el lugar asegurado, confirmamos que las cosas que estábamos haciendo estaban bien hechas. Obviamente, ahora vamos a llegar mejor, pero cuesta reorganizar todo. Estos serán mis segundos Juegos, y una sabe que mentalmente llega mejor. En Río (2016) era muy chica, y una se siente más preparada ahora.

–Si no hubiera una pandemia, ¿cómo es tu rutina habitual?

–Mi ritmo cambió mucho el año pasado. En ese momento estaba estudiando ingeniería, en el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), y la demanda era muy grande. Me di cuenta que no podía afrontar todo, principalmente con la idea de una clasificación olímpica encima. Entonces decidí cambiar de carrera y empezar Licenciatura en Gestión Deportiva. Fuera de esta situación actual, yo entreno doble turno: físico a la mañana, técnico a la tarde, y por la noche curso de 18 a 22 horas en la UADE. Como estoy cumpliendo la cuarentena, me entreno con un simulador en casa.

-¿Desde cuándo estás instalada en Buenos Aires?

–Me instalé aquí en 2018. Cuando terminé el secundario en La Rioja enseguida me vine para la Capital. Yo represento a Tiro Federal de la Rioja, donde me inicié, por más que viva en Capital, y me entreno en el Tiro Federal de Núñez.

–¿De qué manera te insertaste en el tiro?

–Mis padres siempre me impulsaron a hacer alguna actividad física. Primero empecé a nadar y no me gustó. Después jugué al handball, en el colegio, pero no tenía el nivel para ir a un club; hice karate también, y llegué a cinturón verde. Como mi papá es un fanático del tiro, aunque lo hizo siempre amateur, un día me llevó al club y empecé a conocer como era todo. En ese momento me encuentro a una persona que luego sería mi entrenador, Ricardo Brígido, y me invitó a una clase teórica. Asistí, me gustó y ahí arranqué. Nunca me imaginé que iba a llegar a este punto.

–Te toca vivir sola siendo muy joven, ¿de qué manera te sostenés económicamente?

–Mis padres se encargan de pagarme el departamento donde estoy viviendo, y a mi grupo de trabajo lo pago con las becas que tengo del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) y de la Secretaría de Deporte. Mi familia entiende que si yo no cobrara ese dinero no podría estar donde estoy porque es mucho gasto.

–¿Apostás a vivir de la actividad?

–Sería lo ideal. Si bien el tiro es amateur, sería increíble que las empresas privadas elijan acercarse a la actividad. Yo crecí con la idea de estudiar una carrera universitaria porque de algo iba a tener que vivir.

–¿Y en otros países está profesionalizado?

–Es diferente. La mayoría de los deportistas que pertenecen a los equipos nacionales son de las fuerzas de seguridad, como la Armada, el Ejército, la policía o la Marina. Pero no es lo que se dice “nivel profesional”. Yo pertenezco al Ejército Argentino como saldado voluntario deportista.

–¿Aceptarías una oferta de un club del exterior para competir?

–Sí claro. Inclusive, algunos países ofrecen estudiar en la Universidad y competir representando a esa Universidad. El sacrificio de irte de tu país es grande, pero lo haría si se presenta la oportunidad. Lo que no aceptaría nunca es representar a otro país que no sea Argentina.

–¿Te pusiste alguna meta deportiva?

–El sueño de ganar una medalla olímpica siempre está. Pero la verdad, mi meta sería poder mantenerme en un nivel de elite a través del tiempo. Este deporte es muy longevo, y si uno se cuida puede competir hasta cerca de los 50 años.

Adrián De Benedictis/Página 12

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