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La Fernández Fierro celebra sus 20 años con presentación en el Broadway

La orquesta liderada por Yuri Venturín festeja su trayectoria en la calle Corrientes.

Del Club Atlético Fernández Fierro llaman la atención varios elementos. El retrato de Pugliese sonriendo su “¡putos!” se lleva la mayoría de las fotos, cuando el CAFF está en funciones. El aparador con pequeños originales de León Ferrari. Las canillas de cervza tirada. Las sillas desiguales. Y también la pintura que, quizás, mejor sintetiza el sonido de la orquesta anfitriona, la Fernández Fierro: un puñetazo a la mandíbula que un boxeador le propina a su contrincante. Porque el sonido contundente, urgente y compacto de la Fierro es arltiano en ese sentido: es música que llega como un cross, con sus filas de fueyes y violines arremetiendo en bloque, con sus distorsiones como elemento diferenciador para la textura de su sonido y la preeminencia del marcatto puglieseano. Una aplanadora tanguera en regla que este año cumple dos décadas de existencia (la fecha exacta, confiesan, “se perdió en las brumas del alcohol de juventud”) y que celebrarán este miércoles con un recital fuera de su casa. La orquesta de tango más influyente de este siglo trasladará el festejo al Teatro Broadway (Av. Corrientes 1155). La cita es este miércoles a las 21 y abrirá la velada nada menos que el Tape Rubín, otro de los pilares del tango del siglo XXI.

En épocas normales, a Yuri Venturín se lo encuentra gestionando el CAFF, componiendo, sobre el escenario aferrado a su contrabajo o tras la barra, sirviendo cerveza. El aniversario, en cambio, lo tiene pegado al teléfono respondiendo preguntas de todos lados y, desde luego, en diálogo con Página/12. “Hacer un balance siempre es difícil desde adentro –confiesa-. Uno está tan metido en el día a día que los 20 años pasan suavemente, es medio increíble”. Finalmente arriesga una conclusión: “Haber llegado ya es positivo, significa que algo hemos hecho bien, porque siempre nos planteamos un trabajo a largo plazo”. En cierto modo, la Fierro es una entidad en sí misma, casi gestáltica y por encima de los nombres propios.

¿Cómo recordás esos años iniciales?

-Los recuerdo como de mucha ansiedad, con mucha fuerza, muchas inquietudes. Era una época donde estaba todo por hacer, por aprender, y realmente era otra etapa de la vida, de juventud floresciente.

¿Cómo cambió la escena desde entonces?

–La escena de fines de los ’90, 2000, 2001, era bastante desértica, al menos para lo que nos interesaba hacer, escuchar y ver en ese momento. Siempre una de las ideas que teníamos era hacer el grupo y la música, dar el show que nos gustaría ir a ver y que en ese momento no existía. Así que la escena cambió rotundamente porque hoy hay muchísima gente trabajando en el tango, cada uno con su visión y su camino diferente, pero hay mucho. En ese momento no.

El espíritu autogestivo y la impronta puglieseana son pilares de la Fierro desde el primer día. ¿Qué otros elementos incorporaron como bandera en el camino?

-La bandera que la orquesta levantó históricamente, y más acá también, fue hacer la música que queríamos hacer. Nunca tocar nada por compromiso o meter una nota de la que no estuviéramos convencidos. Eso fue algo básico que está desde los comienzos y nunca se fue para atrás. De a poco se fue incorporando el asunto de trabajar con el mayor de los cuidados el sonido, modificar el sonido acústico de los instrumentos en pos de enriquecer el timbre de la orquesta, por ejemplo. Eso fue algo que no estaba al principio y que se incorporó, no sé si como bandera, pero sí como algo importante a desarrollar y trabajar, tanto al tocar en vivo como al grabar discos.

¿Cómo cambió el sonido de la orquesta desde los primeros años a hoy? ¿Se «destilaron»?

-Siempre dijimos que nuestro punto de partida fue el sonido de la orquesta de Osvaldo Pugliese, pero con una gran inquietud por encontrar nuestra propio sonido, una estética. Creo que esa estética quedó bastante plasmada en el disco Fernández Fierro (o “Putos”), de 2009, que justamente llevó el nombre de la orquesta porque pensamos que allí habíamos encontrado la identidad de la orquesta, la idea de base. A partir de ese disco la idea se viene puliendo y desarrollando. Puede ser que el término “destilar” pueda aplicarse.

Los primeros años tocaban en la calle. Pero en 2004 abrieron su propia sala de conciertos, el CAFF, ¿cómo concibieron ese espacio?

-El Club fue concebido como el lugar donde trabajar tranquilos. Es muy difícil en cualquier espacio tener el tiempo para hacer una prueba de sonido y que todo ande como uno quiere. A veces el mismo equipamiento no es el que uno quisiera. Así que el CAFF es el lugar para trabajar tranquilo, porque si uno no es Gardel es difícil hacer las cosas bien de entrada, desde ese punto de vista fue muy importante tener un lugar propio.

¿Cambió el rol del CAFF desde sus comienzos a hoy?

-Sí, porque fueron cambiando las necesidades, las posibilidades y también las situaciones sociales y económicas. En un primer momento era nada más para que tocara la orquesta, después surgió abrirlo a más bandas y más tarde aparecieron festivales, tuvimos momentos de estar cerrados, como en el post-Cromagnon o ahora mismo.

Mencionás los festivales, uno también puede pensar en la radio digital que tienen. ¿Cómo se incorporan al universo de la banda?

-Tanto la radio como los festivales que surgieron fueron iniciativa de alguno de los integrantes de la orquesta. En el caso del FA CAFF fueron más las bandas que participaron.

Si tuvieras que elegir un puñado de momentos de la orquesta de estos 20 años, ¿cuáles serían?

Uno de los momentos más significativos fue cuando encontramos ese lugar al que apuntar estéticamente, que creo yo que fue a partir de la versión de “Las luces del Estadio” en un mix con “Buenos Aires Hora Cero”. Ahí aparece por primera vez el pedal en el bajo, que después fue tan utilizado. Y otro momento para mí muy importante es trabajar en TICS (“Tan idiotas como siempre”, de 2012) con la producción artística de Tito Fargo. Con él salieron un montón de cosas que veníamos queriendo hacer y no encontrábamos cómo, y ahí la experiencia y sabiduría de Tito fueron fundamentales.

Otra figura muy importante en su desarrollo fue la colaboración con el Tape Rubín, que abre este recital. ¿Cómo es la relación con él?

-Yo al Tape lo admiro profundamente más allá de la relación que construimos estos años, hablamos habitualmente, nos consultamos situaciones musicales. En los primeros años fue muy importante porque él era la demostración de que se podían hacer muchas cosas y muy buenas.

A lo largo de estas dos décadas la orquesta tuvo mucho recambio de integrantes. Quizás el punto bisagra fue la salida del Chino Laborde como cantor. ¿Cómo recordás esos cambios? ¿Qué dejaron en la orquesta?

-Bueno, cuando se va el Chino de la orquesta entra a cantar Julieta Laso y pasar de una voz masculina a una de mujer, fue un cambio muy importante para nosotros. Los cambios de integrantes siempre son una especie de divorcio, pero en un grupo grande es bastante lógico que eso ocurra, y ha ocurrido históricamente en todas las orquestas. Por eso yo hablo de la Fernández Fierro como una idea estética.

La diáspora

La influencia de la Fernández Fierro en otros grupos del circuito es innegable. Hay un buen porcentaje de grupos que comulgan con su estética oscura, contundente y “rockera”. A veces la influencia es más clara, otras menos, pero es imposible no señalar coincidencias con otros grupos como las orquestas típicas La Vidú, Ciudad Baigón, bandas como el Quinteto Negro La Boca o Alto Bondi. Aún sin esas coincidencias estéticas o musicales, muchísimos músicos de tango actual reconocen que ver a la Fierro en vivo a comienzos de siglo fue un shock, una señal que marcó un camino posible de tango autogestivo, composiciones propias y de trabajo en los propios términos.

Eso sin contar, claro, a muchos artistas que en un momento u otro integraron las filas de la Fierro y que luego se lanzaron a proyectos propios. En esta lista destacan los nombres de Walter “el Chino” Laborde y Julián Peralta. El primero, cantor insigne, hoy lleva con una estética menos ligada a la Fierro y trabaja más cerca de las reversiones de clásicos, en particular con el guitarrista Dipi Kvitko. Peralta, en tanto, formó su propia típica para dos discos (Un disparo en la noche vol.1 y vol.2) y el sexteto Astillero. Si en la típica se advierten muchos elementos característicos de la Fierro, a los que el propio Peralta ayudó a dar forma, en Astillero se advierten las ansias del compositor por explorar más allá de los límites del sonido fierrero.

Otros ex integrantes notables incluyen a la cantante Julieta Laso (que reemplazó a Laborde en 2014 y se lanzó en 2018 a su proyecto solista), el violinista Federico Terranova (ideólogo de Radio CAFF y actual director de la Orquesta Los Crayones), el violinista Bruno Giuntini (líder de Derrotas Cadenas y gestor de la Milonga Amapola), Julio Coviello (de Cañón, organizador de la Milonga del Pez Cañón y fueye del Cuarteto Cedrón), el bandoneonista Pablo Gignoli (Taxxi Tango XXI, en Francia), Patricio “Tripa” Bonfiglio (Rascasuelos) y Martín Sued, quizás el único cuya búsqueda estética posterior a la Fierro intentó explícitamente abrirse de ese lugar.

Andrés Valenzuela/Página 12

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